Liz: esperanza en forma de reel
«Me llamo Liz», dijo fija a la cámara. Hace un mes me diagnosticaron un linfoma no Hodgkin difuso de células grandes. Entonces vino lo importante: «Para muchas personas, decir cáncer es sinónimo de muerte. Yo quiero que otros como yo vivan en esperanza».
Luego, su compromiso: documentaría cada paso, se cortaría el pelo, pero seguiría siendo ella misma. Y nos invitaba a acompañarla.
Una palabra, no una sentencia
El linfoma no Hodgkin difuso de células grandes es el tipo más común dentro de su clasificación, un cáncer agresivo que suele aparecer después de los 60, aunque también en jóvenes adultos. Su tratamiento principal en Cuba es la quimioterapia. Muchos deciden enfrentarlo con todas sus fuerzas. Liz López Bazán es uno de esos casos, pero llevando sus redes sociales como aliadas y voceras de su experiencia.
Y esto es apenas el comienzo de su historia. Liz describe con el carisma habitual la motivación de sus videos.
—Me gustaría viajar a ese momento del diagnóstico y también al instante previo. ¿Cómo era la Liz de «antes», esa que se preocupaba por cosas pequeñas del día a día?
—La Liz de antes del diagnóstico sí era una persona que se preocupaba constantemente por todo a su alrededor y por todas las personas. Pasaba mucho tiempo cargada, prácticamente sin tiempo para nada, con la mente ocupada todo el tiempo.
—Introspectivamente, si pudieras volver a esa sala de espera y hablar con esa Liz. ¿qué sería lo primero que le dirías?
—Todo estará bien, incluso mejor de lo que esperabas.
Un estudio de 2021 señaló que el cáncer es un tema recurrente en redes sociales, especialmente en X, debido a su alta incidencia. En este contexto, Liz eligió Instagram, muy popular entre jóvenes cubanos, para documentar su tratamiento, transmitir esperanza y normalizar la conversación sobre el cáncer.
—Antes de esto, ¿cómo era tu relación con Instagram? ¿Eras de mostrar tu día a día o más bien espectadora?
—Antes mostraba solo imágenes de mi día siendo yo, feliz en cierto punto, porque los lugares donde me hacía fotos son precisamente donde me siento muy bien: el gimnasio y el trabajo.
—¿Qué pasó por tu mente?
—Algo me llevó a ese primer video. El 20 de enero mi vida automáticamente cambió. Tuve muchos días largos y desesperados, todo a mi alrededor estuvo en constante cambio y era preciso tener en mis manos la certeza de que todo había cambiado.
«El 12 de febrero fue mi día de mayor dolor, pero a la vez de mayor tranquilidad: tener la seguridad de mi diagnóstico real y actuar a mi favor eran mi mejor opción. Ya solo quería que me dijeran que iba a comenzar mi tratamiento y con ello mi camino a la sanación absoluta. Y te digo sanación absoluta porque, a pesar de todo, nunca me he decretado enferma, siempre me he decretado sana y lo seguiré haciendo. Nadie imagina lo capaces que somos de curar nuestro cuerpo a través de nuestra mente.
«Siempre fui con mis mejores vibras, incluso a mi primera quimioterapia. Necesitaba experimentar exactamente qué se sentía, y eso dio paso a que decidiera exponerle al mundo que la manera de afrontar los problemas siempre será un arma a tu favor o en tu contra. Lo que seamos capaces de transmitirnos a nosotros mismos es lo que permitirá que otras personas reciban el mensaje».
—Tu historia irrumpe con una crudeza real. Tu comunidad ha crecido muy rápido y, entre tantos mensajes, más de uno te ha removido por dentro. ¿Crees que tu historia está llenando algún vacío en las redes?
—Esto para mí ha sido sorprendente porque no se trata solo de subir en seguidores o en likes, se trata de una historia, o de muchas, que miles de personas han llegado a contarme de sus vidas. Nadie se imagina la repercusión en mí que ha tenido esta respuesta del público.
«Creo que no he tenido ni un solo mensaje que no me haya conmovido. Siento que lo hice muy bien, que cuando hacemos cosas de corazón somos capaces de llegar a influenciar a otros, y de manera buena. Mi corazón se ha regocijado de tal manera que cada día me siento mejor. No he tenido nada, pero nada, que me haga sentir mal. Ver a tantas personas apoyándome es un paso más para estar convencida de que el camino será maravilloso.
«Y sí, he encontrado una familia, porque no tengo cómo describirlo que no sea así. Creo que no me puedo sentir más afortunada».
—En tus videos te muestras fuerte, pero también hay silencios y cansancio. ¿Cómo decides qué mostrar y qué guardar? ¿Hay algún miedo o fragilidad que prefieras reservarte?
—En estos momentos no tengo miedo a nada. Hacer ese primer video sacó todos los temores que en algún momento pude sentir. Ahora mismo me siento una persona liberada de todo sentimiento negativo. Solo tengo luz y mucha, pero mucha alegría que dar. Ningún sentimiento puede reprimir lo que llevo dentro.
Las redes, como reflejo de nuestra época, nos confrontan con el desafío de aprender a acompañar desde una distancia respetuosa. La experiencia de Liz en Instagram muestra que es posible construir comunidad en la enfermedad, dando sentido comunicativo a la lucha que otros prefieren librar en silencio. Frente a esto, quizá lo esencial sea mirar, escuchar y sostener, sin pretender comprenderlo todo.
—¿Cómo vivieron tu familia y amigos tu decisión de convertirte en la «narradora» de tu propia enfermedad?
—Mi familia y mis amigos mejor no me han podido tratar. Desde el día uno han sido mi mayor fuente de apoyo. Todos vivieron esto como algo realmente bueno, siempre he recibido su total apoyo, jamás me han juzgado por mi manera de decidir hacer algo. Todo lo contrario.
—Más allá del tratamiento, cuando todo esto pase, ¿hay algún sueño o plan pequeño que la enfermedad te haya «obligado» a posponer y que ansíes cumplir?
—Este camino durante el tratamiento es un descanso que mi cuerpo y mi alma necesitaban en cierto punto. Mis planes están, y ahora más fuertes que nunca. Están y los cumpliré mejor de lo que imagino. Y lo sé porque tengo la certeza absoluta de que luego de esto no hay nada que me detenga a conseguirlos. Me ha reafirmado mi seguridad como persona.
—¿Crees que volverás a publicar contenido como antes o sientes que tu forma de usar Instagram ha cambiado para siempre?
—Mi relación con Instagram va a ir a mejor y voy a publicar aún más contenido. Voy a documentar incluso cosas que puedan servir a otros y que vean mi perfil como referencia. Esto me ha abierto mi chispa creativa hacia grandes cosas.
«Y para concluir solo puedo decir algo: el cáncer me ha cambiado la vida, pero no para peor. Mi cuerpo estará tan sano que no habrá puertas para él dentro de mí. Él solo vino a enseñarme algo grande de este mundo, sobre todo a amar más mi cuerpo y mis energías».
Los comentarios reflejan la conexión genuina con su historia. Entre ellos, uno resume la esperanza compartida: «Espero con ansias uno en que digas: Lo superé». Mientras ese momento llega, Liz transforma Instagram en un espacio de humanidad real, donde una muchacha común, frente al abismo y sostenida por sus seres queridos y una comunidad virtual, elige compartir luz en lugar de silencio.
Su sonrisa intacta y su mirada nos recuerdan que, incluso cuando todo parece derrumbarse, es posible enfrentar el desafío de otra manera. Y sí, todo va a estar bien. Incluso mejor.