"Hoppers": los castores llegan a Pixar tras seis años de elaboración
En el mundo de la animación, y más concretamente en Pixar, siempre hay refugio para un animal nuevo. Por sus pasillos ha acechado toda clase de fauna: saltamontes invasores, peces payaso con lazos sanguíneos, una rata cocinera… Para seguir apuntando nombres, sus «storyboards» se han empezado a llenar de esbozos de castores para una historia sin la coletilla «secuela» a sus espaldas.
«Hoppers» es la más reciente apuesta de la productora de la lámpara. Su director es Daniel Chong, conocido por ser el creador de la serie de dibujos «Somos osos», que durante sus cuatro años de emisión, entre 2015 y 2019, dejó un sendero de cuatro temporadas y 140 episodios. Un año después de su término él mismo dirigió el traspaso a la gran pantalla, y tras más de un lustro de trabajo, su última producción llega a los cines. En ella, Mabel, una niña con gran conciencia climática, consigue transferir su cerebro al de un castor robot y así parecer una más del bosque y avisar a sus pobladores de las intenciones destructivas que un agente inmobiliario posee sobre los campos que habitan.
«Mucha gente pensará que hago esta película porque amo la naturaleza, pero en mi infancia no tenía mucho contacto con ella porque era muy alérgico», confiesa cómicamente el realizador. «Pero sí aprecio mucho a los animales, y me encanta dibujarlos e imaginar mundos con ellos», prosigue. Y, entre trazo y trazo, se ha colado en el proyecto Meryl Streep. Ella pone voz, como no podía ser de otra manera, a la reina insecto, decisión calificada por Chong, como tampoco podía ser de otra manera, de «impresionante».
Seis años de proceso
Como buen producto infantil que se precie, más allá de su tono para todos los públicos, la cinta presenta una reflexión muy actual sobre el equilibrio entre la habitabilidad humana-animal. «Es una lástima que las cuestiones ecológicas nunca desaparezcan. Lo que le pase a la naturaleza no es un tema político, nos afecta a todos por igual y de ello depende nuestra supervivencia», destaca Chong.
Y, aunque las comparaciones son odiosas, esa pasión por el medioambiente es similar a la de la labor del dibujante, ya que la creación de «Hoppers» ha durado seis años. No obstante, a Chong no le causa sorpresa, pues es el plazo que de promedio se empeña en las películas de su tipo. «Se podría haber hecho en menos, pero la calidad sería mucho peor. La animación necesita su tiempo», expone. En ese caso, nos toca como espectadores disfrutar de la paradoja fílmica de ver en hora y media un trabajo que ha costado sudores anuales. Más si se disfruta en compañía, como desea su creador, haremos un poco más feliz a sus responsables.