Tontos y flojos
Primer acto. Anthropic publica un estudio acerca de cómo usar IA para aprender habilidades te hace peor en ellas. Títulos como este huelen rancio, ya sabemos que la IA hace daño, ok, next! Pero ¿qué tal este otro?: “Mobile phone short video use negatively impacts attention functions: an EEG study”, auspiciado por el gobierno chino, que va más allá de los datos observacionales de comportamiento; por primera vez se abre camino al análisis de los efectos en la fisiología del cerebro. Los resultados explican cómo el doomscrolling provoca brain rot (la “palabra del año” 2024, según Oxford), es decir, una exposición continua a TikTok modifica la organización neuronal y reduce las redes de autocontrol y de toma de decisiones. Estas áreas se encargan de regular los impulsos y son críticas para las funciones cognitivas de alto nivel, como la memoria, la concentración y la planificación.
SEGUNDO ACTO
Después de ser enviada por el Ejecutivo y aprobada en el Senado, ayer se votaría —pero fue postergado— en la Cámara de Diputados de Argentina el proyecto de reforma a la Ley de los Glaciares. Se trata de una enmienda polémica que busca cambiar el estatus de esas áreas naturales protegidas para que puedan permitirse al usufructo minero. A raíz de ello, circula en Internet un discurso del Presidente donde plantea al público que “[si] una empresa contamina el río, ¿cuál es el daño? Puede contaminar todo lo que quiera”. En una sociedad donde sobra el agua y donde nadie es dueño de ella, continúa Milei (citando libros de texto de economía), el valor del recurso es cero. Nada. No existen incentivos para reclamar la propiedad de un recurso natural sino hasta que haya escasez, y entonces sí se actuará para acabar con la contaminación, puesto que será redituable.
TERCER ACTO
Desde la década de los setenta, dos fenómenos globales se han desarrollado sin correlacionarse lo suficiente: el descenso de las calificaciones en los exámenes estandarizados de inteligencia y la reducción de los índices de productividad. ¿Pero de qué están hablando? Somos la generación que vive en 2026; este es el futuro, tenemos más robots y genios tecnológicos que nunca en la historia, somos más listos y abundantes que cualquiera. Seguramente hay algo mal con esos datos pesimistas: el coeficiente intelectual y la productividad total de los factores no reflejan nuestra realidad. Cuando Robert Solow (premio Nobel) decía que podíamos ver la revolución digital en todos lados excepto en las estadísticas de productividad, Hal Varian (economista en jefe de Google y autor de cabecera en las universidades) respondió que estábamos midiendo mal el beneficio para la humanidad de tener smartphones. Por otro lado, la inteligencia es múltiple, ¿no? Si alguien batalla con los números aún puede ser bueno con sus emociones; los exámenes de IQ no toman en cuenta la creatividad o la empatía. Tener otros datos nos ha llevado a crear nuevas matemáticas.
¿CÓMO SE LLAMÓ LA OBRA?
La obra no se llevó a cabo porque no pudimos mantener la concentración más de 25 segundos (tope máximo de la atención de un adicto al celular), ni conseguimos presupuesto para el teatro (la civilización de la abundancia tiene que acabar primero con todos los bosques y ríos antes de poder desviar recursos a divertimentos elitistas). Nos volvemos tontos y flojos, pero esto no es necesariamente algo malo. ¿Por qué? Lo vemos la próxima semana ;)