Carlincatura del martes 3 de marzo de 2026
El Perú enfrenta una coyuntura que demanda conducción estratégica. Las interrupciones en la cadena de suministro vinculada a Camisea y la tensión internacional por la guerra en Medio Oriente, con repercusión en el estrecho de Ormuz, configuran un escenario con efectos directos sobre la economía nacional.
Lo que ocurre es que el suministro energético organiza el transporte, la producción de alimentos, industria y su comercio. En ese sentido, su estabilidad sostiene el funcionamiento del sistema productivo en general.
El país importa una proporción significativa de los combustibles que consume. Cada variación del precio internacional del crudo impacta en la logística, el valor del diésel y la estructura de costos de bienes básicos. Asimismo, la agricultura requiere combustible para maquinaria y distribución; la manufactura utiliza derivados del petróleo en insumos y empaques; el comercio ajusta márgenes frente a expectativas de incremento.
El liderazgo de esta agenda corresponde al Ministerio de Energía y Minas. Su titular tiene las facultades para convocar una mesa de trabajo con los responsables de las entidades del sector: la presidencia de Perupetro, la dirección de Petroperú, el Consejo Directivo de Osinergmin y la jefatura del COES. Esta articulación puede integrar también al Ministerio de Economía y Finanzas, al Ministerio de Transportes y Comunicaciones y a representantes del sector privado vinculados a generación, distribución y refinación.
La propuesta debe incluir reservas estratégicas de combustibles para amortiguar choques externos. También puede contemplar mecanismos de estabilización focalizados en transporte público y cadena alimentaria, junto con disciplina fiscal y coordinación macroeconómica. Para todo ello, se requiere convocar también a los principales gremios privados de suministro de combustible y energía.
La ciudadanía espera información sobre medidas adoptadas antes que la crisis nos agarre desprevenidos.