Ljubicic desvela el cambio que dio Federer a partir de 2017 para poder volver a ganar a Nadal
La rivalidad entre Rafa Nadal y Roger Federer es una de las más importantes no ya del mundo del tenis, del deporte en general. El suizo era el gran dominador del circuito, pero salió un joven tenista zurdo de Manacor que le empezó a plantar cara desde el primer momento. Es más, su primer enfrentamiento, en Miami en 2004, ya lo ganó Nadal, cuando todavía no había conquistado ninguno de sus catorce Roland Garros.
Era la rivalidad perfecta entre dos tenistas con estilos contrarios. Vivieron batallas inolvidables, en las que mayormente salió vencedor el español, que incluso llegó a destronar al helvético en la final de Wimbledon de 2008, en el que para muchos es el mejor partido de la historia, y después también le ganó la final de Open de Australia de 2009, el día que el helvético rompió a llorar y lo tuvo que consolar Nadal.
Precisamente en Melbourne, unos años después, empezó el cambio de tendencia. Federer había estado parado por una lesión en la rodilla. Nadal también venía de un periodo largo sin jugar, pero los dos se plantaron en la final disputada en la Rod Laver Arena. Federer venció por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3 en un duelo en el que se vivió uno de los intercambios más recordados entre ambos, de 25 golpes.
“Escuché y leí muchas historias de cómo Ivan cambió esto y aquello. Es muy difícil recordarlo, cuando eres entrenador trabajas en todo al mismo tiempo y dices tantas cosas que no sabes qué va a quedar. Una cosa es cierta, todos sabíamos que contra Rafa no se podía cortar, así que para mí era muy obvio que tenía que pegar esos reveses si quería tener alguna posibilidad de ganarle. Mi punto era que quería que pegara un revés plano, no un flick ni un top spin ni uno alto”, explica Ivan Ljubicic, quien fuera el entrenador de Federer, en el podcast Off Court, palabras recogidas por la web especializada en español puntodebreak.com
Federer siempre fue un tenista de ataque, pero en esa reinvención se fue todavía más adelante en la pista, especialmente para golpear el revés, que podía considerarse su punto más débil, como pasa con casi todos los tenistas que tienen ese golpe a una mano, a los que van acorralando por esa zona hasta que dejan una bola corta y el punto ya está a merced de sus oponentes. En lugar de esperar la bola, el suizo golpeaba según subía, muchas veces casi a bote pronto, lo que supone todo un desafío y una muestra de calidad, especialmente mantenerlo durante dos, tres o cuatro horas. “Trabajamos en el resto desde septiembre de 2016, durante cinco meses, pero ya sabes cómo es esto: trabajas en algo y se te pega en lo demás. Trabajamos en el revés, pero funcionó en otras cosas. Ahora está de moda decir que Ljubicic cambió su revés. En esa época llegó la tormenta perfecta y empezó a sentirse muy seguro con el revés”, analizó Ljubicic.
Después de Australia, Federer también ganó ese mismo curso a Nadal en Indian Wells, Miami y Shanghái, tres Masters 1.000, además sin ceder un set. Dos temporadas después, en 2019, Rafa no pudo jugar el partido de semifinales de Indian Wells. Sí disputó el de Roland Garros, y el español volvió a derrotar a Federer, como siempre en la tierra de París, donde fue una pesadilla para su gran rival, y también amigo. Ese día estuvo marcado por el viento huracanado.
Su último duelo fueron las semifinales de Wimbledon 2019, en las que también ganó Roger, para después ceder en la final contra Djokovic, en el dramático duelo en el que tuvo y desaprovechó dos pelotas de partido con su saque.
Ese acelerón de Roger únicamente le permitió acercarse en el cara a cara con Rafa, pero terminó lejos. Nadal ganó 24 de sus enfrentamientos, por 16 Federer.