La auditoría interna del Banco de España ya no depende de Escrivá: una comisión toma el control
- La Comisión de Auditoría gana peso
- Nombramiento con doble filtro
- Rendición de cuentas y funcionamiento
- Reordenación organizativa
- La Oficina Independiente de Evaluaciones
- Una reforma de gobernanza
Así lo establece la modificación del Reglamento Interno aprobada el 26 de enero por el máximo órgano de la institución, que refuerza el papel de control de este comité y redefine el equilibrio interno de poder dentro del supervisor.
La reforma, recién publicada en el Boletín Oficial del Estado, introduce cambios puntuales en el Reglamento de 28 de marzo de 2000, vigente desde hace 25 años.
Según el propio texto, el objetivo es fortalecer los mecanismos de control interno y la independencia funcional de la auditoría interna, modernizar el funcionamiento de los órganos colegiados y actualizar la estructura organizativa a la realidad vigente.
La Comisión de Auditoría gana peso
El cambio más relevante afecta al artículo 32 del Reglamento, que redefine las funciones de la Comisión de Auditoría. A partir de ahora, la función de auditoría interna quedará bajo su dependencia directa, reforzando su autonomía respecto de la estructura ejecutiva del Banco.
La Comisión estará formada por tres miembros del Consejo de Gobierno designados por el propio Consejo. No se trata de un órgano técnico ni externo, sino de un comité integrado por consejeros que asumen formalmente la supervisión del control interno de la institución.
Entre sus funciones figura la de examinar el proyecto de cuentas anuales del Banco de España, supervisar las relaciones con los auditores externos y revisar sus trabajos e informes.
Además, deberá elaborar los informes pertinentes para el Consejo de Gobierno en relación con las cuentas, el desempeño de la auditoría externa y el funcionamiento de los servicios de auditoría y control interno.
El nuevo reglamento también atribuye a esta Comisión la supervisión de los servicios de control interno y el conocimiento de los acuerdos adoptados en materia de gestión del riesgo.
Asimismo, conocerá las cuentas de las entidades instrumentales del Banco antes de su aprobación.
Nombramiento con doble filtro
La modificación no solo altera la dependencia orgánica de la auditoría interna, sino también el procedimiento para designar a su responsable. El nombramiento de la dirección de la función de auditoría será acordado por la Comisión Ejecutiva, pero deberá ser ratificado por el Consejo de Gobierno.
Este mecanismo introduce un doble nivel de validación institucional y sitúa la jefatura ejecutiva de auditoría bajo una supervisión más amplia.
El texto señala que estas medidas alinean el Reglamento con las Normas Globales de Auditoría Interna, que destacan la gobernanza de la función y su independencia como elementos esenciales para una auditoría eficaz.
La Comisión de Auditoría podrá, además, aprobar propuestas sobre el funcionamiento de los servicios de auditoría interna, como su estatuto o sus planes de trabajo, que deberán elevarse al Consejo de Gobierno para su aprobación definitiva.
Rendición de cuentas y funcionamiento
El reglamento establece que la Comisión deberá reunirse tantas veces como considere necesario para el cumplimiento de sus competencias y, al menos, dos veces al año para supervisar las cuentas anuales y el informe de auditoría externa, tanto en su inicio como en su culminación.
También se prevé que pueda convocar a sus reuniones a los auditores externos y a los responsables de los servicios y áreas relacionadas con sus competencias. Los servicios del Banco de España estarán obligados a prestarle el apoyo y la colaboración que precise.
Al menos una vez al año, la Comisión dará cuenta al Consejo de Gobierno de la actividad realizada y de las decisiones adoptadas, reforzando así la trazabilidad interna de sus actuaciones.
Reordenación organizativa
La reforma no se limita a la auditoría. El Consejo de Gobierno ha aprovechado la modificación para actualizar distintos artículos del Reglamento y adaptar la arquitectura interna del Banco de España a su estructura actual.
Se revisan las denominaciones de las direcciones generales, que quedan configuradas oficialmente como Dirección General de Operaciones, Mercados y Sistemas de Pago; Dirección General de Conducta Financiera y Billetes; Dirección General de Estabilidad Financiera, Regulación y Resolución; Dirección General de Economía; Dirección General de Estrategia, Personas y Datos; Dirección General de Supervisión; y Dirección General de Relaciones Institucionales, Europeas y Transparencia.
El texto también contempla la posibilidad de que existan unidades organizativas con dependencia directa del Gobernador, del Subgobernador o del propio Consejo de Gobierno, ajustando el organigrama a la práctica vigente.
La Oficina Independiente de Evaluaciones
Otro de los cambios relevantes es la institucionalización de la Oficina Independiente de Evaluaciones, que quedará adscrita directamente al Consejo de Gobierno. El órgano aprobará los términos de referencia que regirán su funcionamiento, los cuales deberán publicarse en la página web del Banco de España.
La Oficina contará con una partida presupuestaria específica, cuyo proceso de preparación será independiente del proceso presupuestario general. El nombramiento de su dirección seguirá un esquema similar al de la auditoría interna: será acordado por la Comisión Ejecutiva y ratificado por el Consejo.
Una reforma de gobernanza
El propio texto subraya que estas modificaciones no alteran la naturaleza ni las funciones esenciales del Banco de España, pero sí mejoran la claridad normativa y refuerzan el control interno.
El objetivo declarado es cumplir con los principios de necesidad, eficacia, proporcionalidad, seguridad jurídica y eficiencia previstos en la legislación administrativa.
En términos prácticos, la reforma consolida un modelo en el que el control interno queda formalmente separado de la estructura ejecutiva y pasa a estar bajo la supervisión directa de un órgano específico del Consejo de Gobierno.
Con ello, el supervisor bancario refuerza su arquitectura interna de gobernanza en un momento en el que la exigencia de transparencia y rendición de cuentas es cada vez mayor dentro del sistema financiero.