Aunque es mucho menos conocida que Pompeya, a Herculano se le considera una joya arqueológica que sobrevivió a la histórica erupción del Vesubio en el año 79 d.C. Más pequeña, pero más compacta, el complejo muestra una cara íntima de la vida cotidiana de la época romana que se palpa al descubrirla. Lejos de las multitudes que se acercan a su vecina Pompeya, tras veces mayor, Herculano conserva los pisos altos de sus casas, unos frescos llamativos, unas calles vacías con sus fuentes y sus bodegas y, sobre todo, se puede admirar caminando a solas. La antigua Herculanum permaneció sumida en el olvido bajo 20 metros de cenizas y roca fundida hasta que en el siglo XVIII se iniciaron las excavaciones del yacimiento por mandato del rey Carlos III una vez que se descubrió por casualidad al iniciar unas obras del sistema de canalización del agua de la zona. La ciudad había sido fundada por los griegos siete siglos antes de Cristo hasta que en el año 89 a.C pasó a formar parte del Imperio Romano con un carácter residencial donde los ricos patricios de Roma levantaron sus lujosas villas de recreo en este rincón del golfo de Nápoles. Su vecina Pompeya se llenaba de comerciantes y artesanos, en tanto que la clase privilegiada disfrutaba de las vistas más privilegiadas del mar y las islas más cercanas y de la playa que se encontraba entonces a solo unos metros de la ciudad. Hoy, esta zona del sur del yacimiento está ocupada en gran parte por el santuario de Venus y un espacio abierto dominado por la estatua y el altar funerario del ilustre patrón y mecenas de la ciudad, Marco Nonio Balbo. En esta playa de Herculano, hoy situada a 27 metros bajo el nivel del mar, esperaban los habitantes de la villa que intentaron alquilar sin éxito alguna barca para huir en el momento de la erupción del volcán. Algunos de esos 300 aterrorizados esqueletos permanecen hoy en los 'fornices' , antiguos almacenes portuarios junto a la costa, que reflejan de una manera sobrecogedora el horror de la tragedia tras el impacto de los flujos piroclásticos a casi 400 grados de temperatura que se trasladaban a más de 80 kilómetros por hora. El pueblo quedó sepultado bajo un manto de material volcánico de aproximadamente 20 metros de espesor, lo que permitió que el yacimiento se conservara mejor que el de Pompeya, pues la falta de oxígeno bajo esa capa compacta provocó que muchos objetos, como los armarios de madera con sus puertas y bisagras, complementos de decoración, herramientas, restos de alimentos o incluso los rollos de papiro, se carbonizaran y no ardieran por lo que pueden ser hoy visibles para los turistas en el pequeño museo anticuario de esta villa romana. De hecho Herculano presume de tener la única biblioteca del mundo antiguo : la famosa colección de papiros encontrada en esta ciudad. Herculano tenía entonces unas 5.000 almas y ocupaba unas 22 hectáreas, unas siete veces el tamaño de la plaza de San Pedro en Roma. Hoy solo están expuestas unas 6 hectáreas porque tras la II Guerra Mundial se edificó sobre este yacimiento la moderna Herculano que cuenta actualmente con una población de 30.000 habitantes. En la actualidad, cuando se pasea por sus calles, se comprueba cómo los gatos abundan a sus anchas por la ciudad donde todavía se pueden ver las tuberías de plomo, las fuentes o los sistemas de canalización del agua que acababa siendo depositada en una segunda Herculano subterránea repleta de cisternas y pozos. En la superficie, sin embargo, se puede admirar durante la visita el trazado urbano regular de la ciudad con parcelas residenciales repletas de casas con amplios espacios dotados de jardines y habitaciones lujosas, a menudo abiertos a terrazas con vistas al mar. Eran, sin duda, residencias de lujo con bellos aparatos decorativos y muebles domésticos al alcance solo de una pujante clase alta. En la actualidad, Herculano se enfrenta a algunos desafíos para su conservación. Las excavaciones de principios del siglo XX expusieron muchas edificaciones, estructuras y frescos a la intemperie y la contaminación atmosférica, la erosión y la constante luz solar han causado un evidente deterioro, pero parece que el mayor peligro del parque radica en el agua. «Hay que intentar conservar mejor este yacimiento -comenta Fabiano, el guía que nos acompaña en la visita- sobre todo porque se deben evitar las filtraciones del agua que suponen un gran riesgo para la ciudad, sus edificaciones y sus frescos y mosaicos. Estas filtraciones pueden causar el mismo perjuicio que una bomba en una guerra». Casa de los Ciervos. - Es la gran joya del yacimiento. Se trata de una villa de dos plantas construida en torno a un patio central con pinturas, murales y unas naturalezas muertas muy bien conservadas. Pertenecía a una familia adinerada de unos ocho miembros que organizaba fiestas en su jardín y terraza con vistas al mar, decorados con figuras de ciervos y unas mesas de mármol circulares. Casa del Relieve de Télefo. - Situada enfrente de la Casa de los Ciervos, ocupando un gran espacio en el que destaca su atrio con pórtico de columnas. Casa de Neptuno y Anfitrite. - Una gran casa aristocrática con un magnífico mosaico en el 'nymphaeum' (santuario dedicado a las ninfas) que representa al dios del mar y su ninfa consorte. Casa de la Mampara de Madera. - Casa con dos atrios y un vestigio muy famoso. Una magnífica mampara de madera muy bien conservada que separaba uno de los atrios del 'tablinum' (oficina). Casa del Albergue. - Un 'bed and breakfast' de la época de Augusto, con una terraza panorámica con vistas al mar. Palestra.- Un auténtico gimnasio dedicado a las actividades físicas por el que se accede a un vestíbulo con dos columnas. Consta de dos terrazas con un pórtico y criptopórtico flanqueados por un largo estanque. Destaca también una cripta con una piscina en forma de cruz donde se exhibe una copia de una fuente de la Hidra de Lerna. Termas femeninas. - Mantiene sus bancos, el vestuario y un hermoso mosaico con el Tritón. El agua se calentaba en unos hornos y el lugar contaba con un pozo que permitía recoger el agua a 8,25 metros de profundidad. Anticuarium. - Muestra una excelente selección de objetos descubiertos en Herculano gracias a las exploraciones arqueológicas realizadas a lo largo del siglo XX: esculturas y frescos de edificios públicos y privados de la antigua ciudad, como la estatua de Marco Nonio Balbo, la escultura de bronce de la Hidra de Lerna, las esculturas de mármol del jardín de la Casa de los Ciervos y los frescos de la Villa de los Papiros y diversos objetos relacionados con diferentes aspectos de la vida cotidiana en la antigua Herculano. Pabellón de barcos. - Alberga los restos carbonizados del navío descubierto en la década de 1980 durante las excavaciones de la antigua playa. La embarcación, de más de 9 metros de eslora con diez tripulantes, se impulsaba con tres pares de remos y era probablemente una lancha que intentó llegar a Herculano para brindar ayuda a sus habitantes durante la erupción del Vesubio.