Una vacuna contra el egoísmo
Puede que la ciencia acabe de descubrir el modo de hacer que los seres humanos seamos menos egoístas. Lo que todavía nadie sabe es si esta noticia es buena o mala. Los hechos son los siguientes: un equipo de neurólogos de la Universidad Normal de China Oriental y de la Universidad de Zúrich han presentado los resultados de un curioso experimento. Mediante la estimulación simultanea de dos áreas cerebrales diferentes han logrado que algunos voluntarios se comportaran de manera más altruista.
Los investigadores escogieron a 44 voluntarios para que realizaran un test en el que debían tomar hasta 540 decisiones diferentes. Se trata del llamado «juego del dictador», una herramienta psicológica clásica para determinar el grado de generosidad o egoísmo de una persona ante diferentes situaciones. En él un participante tiene la opción de repartir una cantidad de dinero entre él mismo y otro individuo. La decisión sobre cómo se reparte ese montante ofrece una información muy valiosa sobre dinámicas de altruismo y equidad.
Durante el experimento se ofrecieron distintas cantidades de dinero en varias rondas consecutivas. En cada uno de los turnos, los neurólogos estimulaban los lóbulos parietal y temporal del participante encargado de repartir el dinero mediante corrientes eléctricas transcraneales. La estimulación se practicó en pulsos regulares que modificaron rítmicamente las ondas gamma y alfa del cerebro.
Se descubrió que un tipo concreto de estimulación volvía a los voluntarios más generosos. Cuando oscilaban sincrónicamente las ondas gamma en los dos lóbulos, los participantes tendían a ceder más cantidad de dinero a su pareja de juego. Incluso estaban dispuestos a quedarse ellos con una cantidad menor que la del compañero. De alguna manera, este tipo de estimulación supone un refuerzo para la voluntad generosa.
De momento, el experimento cuenta con una limitación importante. Durante la estimulación cerebral no se registró la actividad neuronal en tiempo real, de manera que no es posible saber qué modificaciones biológicas son las responsables de este cambio de actitud. A día de hoy, solo es posible certificar que cada vez que dicho patrón de ondas oscila artificialmente el individuo se vuelve más dadivoso. En futuros experimentos será necesario combinar este estudio con imágenes o encefalografía para poder determinar la razón física de este fenómeno.
El altruismo y el egoísmo son dos cualidades adquiridas evolutivamente. La ausencia total de alguna de ellas puede ser tan perjudicial como su exceso. Un ser humano sin consciencia de su propio yo y sin pulsión por satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia (sin un ápice de egoísmo) no podría relacionarse con el entorno. Del mismo modo que la ausencia total de altruismo o empatía es una patología. Pero se desconoce aún cuales son los mecanismos fisiológicos que están detrás de ambas facultades y por lo tanto cómo las adquirimos y cómo influyen en ellas el entorno, rasgos genéticos y la educación recibida.
Este estudio, publicado en la revista PLOS, identifica por primera patrones de comunicación neuronal entre diferentes regiones del cerebro que regulan la generosidad. De ese modo, se ha dado un paso para empezar a comprender el soporte biológico de las decisiones sociales.
Los datos de este trabajo, y sobre todo de los que vendrán más adelante con registro de actividad cerebral, pueden ser muy útiles para mejorar el modo en el que educamos a nuestros hijos, conocer mejor cómo reaccionamos nosotros mismos ante situaciones similares e incluso aplicar estrategias de modificación de conductas en algunos entornos: por ejemplo, en actividades profesionales en las que el trabajo colaborativo es crucial.
Además, el avance podría tener aplicaciones clínicas para tratar algunas psicopatologías. Hay enfermos que sufren una incapacidad grave para comportarse en sociedad con un mínimo de generosidad hacia el otro. Su carencia de empatía o su obsesión por sí mismos les impiden ponerse en la piel del vecino y se comportan siempre de manera egoísta. Quizás en estos casos la estimulación simultanea de las áreas cerebrales mencionadas pudiera servir de terapia eficaz. Sería lo más parecido a disponer de una vacuna contra el egoísmo.