La tercera edición de Circularity Day, el evento de Ecoembes que pone en el centro la economía circular a través de expertos de distintos ámbitos que buscan inspirar y movilizar, miró en esta ocasión al océano como símbolo de origen, regeneración y futuro. «El mar, una vez que lanza su hechizo, te atrapa en su red de maravillas para siempre». Con esta evocación de Jacques Cousteau arrancó un evento conducido por el actor y director Sergio Peris-Mencheta, que volvió a apostar por la divulgación como motor de cambio. La apertura institucional corrió a cargo de la consejera delegada de Ecoembes, Rosa Trigo, quien subrayó que «avanzar hacia la economía circular exige reconocer que nadie puede hacerlo solo». La frase marcó el tono de una jornada centrada en la colaboración multisectorial como palanca de competitividad. España alcanzó en 2024 el millón de toneladas de envases recogidos selectivamente en el contenedor amarillo, un dato que evidencia la implicación ciudadana y empresarial en el reciclaje. Sin embargo, la tasa de circularidad nacional se sitúa en el 7,4%, según Eurostat, todavía muy lejos del objetivo del 20% fijado para 2030 en el marco europeo. Para Trigo, el reto no es únicamente cuantitativo, sino sistémico. La circularidad —defendió— no depende de una única organización ni de un solo sector, sino de la conexión entre empresas, administraciones públicas, comunidad científica, sociedad civil y ciudadanía. En ese ecosistema colaborativo participan ya más de 24.000 empresas que confían en Ecoembes para cumplir sus obligaciones ambientales y avanzar hacia modelos más sostenibles. El primer bloque temático llevó la circularidad al terreno de la arquitectura. El arquitecto Néstor Montenegro, fundador de Extdudio, defendió una idea que cuestiona la concepción tradicional del edificio como estructura permanente y cerrada. «La circularidad no empieza en los materiales. Empieza en la forma de concebir la arquitectura», afirmó. Su planteamiento propone diseñar desde el origen edificios desmontables, reutilizables y reconfigurables, capaces de continuar su ciclo de vida una vez finalizada su función inicial. Montenegro reivindicó el pabellón como infraestructura temporal y sistema abierto, más cercano a una plataforma que a un objeto estático. En un sector responsable de una parte significativa de las emisiones globales y del consumo de recursos, esta visión aspira a transformar el impacto ambiental en oportunidad de regeneración. La clave, explicó, está en proyectar pensando en el desmontaje futuro, en la trazabilidad de los materiales y en su capacidad de reincorporarse a nuevos usos. El viaje simbólico hacia el océano continuó con la intervención de Anna Lloveras y Mireia de Mas, cofundadoras de Ocean Ecostructures. Su propuesta traslada la economía circular al ámbito de las grandes infraestructuras marinas. «El mar no necesita héroes. Necesita aliados», señalaron durante su intervención. Frente al modelo tradicional que contempla la retirada de infraestructuras al final de su vida útil, su enfoque propone convertir superficies industriales —como muelles o estructuras portuarias— en soporte ecológico. La idea es simple en su planteamiento, pero ambiciosa en su alcance, y se centra en aprovechar la tecnología para transformar estructuras ya existentes en hábitats que favorezcan la biodiversidad. «Puedes coger una superficie industrial y convertirla en un lecho de vida», explicaron. De este modo, la innovación tecnológica se convierte en herramienta de restauración ecológica y en ejemplo de cómo la circularidad puede aplicarse también a entornos complejos y de gran escala. El cierre de las ponencias puso el foco en la investigación científica. Stephen Wallace, profesor asociado de Biotecnología en la University of Edinburgh, invitó a reflexionar sobre el origen de la vida en el océano y sobre cómo la ciencia puede honrar ese legado a través de nuevas formas de circularidad. Wallace explicó los avances que permiten transformar residuos plásticos como el PET de las botellas en compuestos de alto valor añadido, como el paracetamol. Esta línea de investigación abre la puerta a un escenario en el que los residuos dejen de ser un problema para convertirse en materia prima estratégica para sectores como el farmacéutico. El mensaje fue claro: la economía circular no se limita al reciclaje mecánico, sino que avanza hacia procesos biotecnológicos capaces de redefinir las cadenas de valor. En este nuevo paradigma, los desechos pueden integrarse en ciclos productivos innovadores, reduciendo la dependencia de recursos vírgenes y fomentando modelos más resilientes. La circularidad no solo se abordó desde el discurso técnico. El perfumista Ernesto Collado, fundador de Brava Nariz, trasladó el concepto al terreno del olfato mediante la creación de un aroma inspirado en los ciclos de la naturaleza. La experiencia sensorial permitió explorar cómo la economía circular puede comunicarse también a través de emociones y sentidos. La propia escenografía reforzó el mensaje central del encuentro. El espacio se transformó en un fondo marino construido con materiales de segunda vida: latas, botellas, papel y cartón convertidos en algas, medusas y rocas marinas. Más allá del impacto visual, la puesta en escena recordó que la circularidad no solo implica eficiencia en la gestión de recursos, sino también creatividad y capacidad de resignificar los residuos. Circularity Day 2026 se inscribe en una línea que, en ediciones anteriores, evocó el legado de figuras como Félix Rodríguez de la Fuente o Miguel Delibes para reivindicar la defensa de la naturaleza. En esta ocasión, el océano funcionó como metáfora de origen y de futuro, como espacio donde la vida comenzó y donde hoy se juega parte del equilibrio ambiental del planeta. La conclusión compartida por los participantes fue que la transición hacia un modelo circular no puede aplazarse. Con un horizonte de cuatro años para alcanzar el 20% de tasa de circularidad, España enfrenta un desafío que exige acelerar decisiones, innovaciones y alianzas. Desde la arquitectura que nace para desmontarse, pasando por infraestructuras marinas que regeneran biodiversidad, hasta laboratorios que convierten plástico en medicina, el mensaje del encuentro fue inequívoco: la economía circular ya está en marcha. La cuestión, como subrayó Rosa Trigo, no es si es posible avanzar, sino si se hará con la rapidez y la cooperación necesarias para que el cambio sea estructural y duradero.