Elon Musk, el profeta loco del transhumanismo tecnológico
Asistimos al crepúsculo de nuestra civilización como quien ve un accidente de muerte y quiere hacerse un selfie: un espectáculo dantesco donde el escenario más escatológico da a la vez miedo, repelús y morbo. Mientras los archivos de Epstein siguen escupiendo nombres de pedófilos ilustres y falsos iluminados, el lodazal digital se enmierda aún más con informes sobre sacrificios rituales y antropofagia satánica: la realidad ya no parece real.