Crítica de "Enemigo del pueblo": Un dilema moral bien explicado
El 5 de noviembre se estrenaba mundialmente esta ópera de Francisco Coll (Valencia, 1985) en el Palau de les Arts de Valencia. Ha recalado ahora, según lo previsto, en el Real. Y hemos vuelto a apreciar la solvencia del compositor, que no ha podido en esta ocasión estar presente y dirigir según lo previsto la representación por encontrarse enfermo. Lo ha hecho con autoridad el sueco Christian Karlsen, que ha sabido llevar la pauta y marcar con claridad el curso de una partitura minuciosamente escrita y aquilatada a partir de un lenguaje de elegante eclecticismo trabajado sobre un libreto confeccionado por Alex Rigola, inspirado en la obra de Henrik Ibsen, escrita en 1882.
Se trata, en el original y en la ópera, de poner de relieve un asunto desgraciadamente universal desde la Revolución industrial: la prevalencia del dinero sobre la integridad humana, moral y sanitaria. El escritor estadounidense Peter Benchley escribiría sobre el tema la novela "Jaws". La partitura es sólida, variada, de una energía contagiosa y es rica en expresiones surrealistas, con curiosos ecos de la música popular. Músico avezado, instruido entre otros maestros por Thomas Adès, lo cual implica una altura intelectual indiscutible y que, al parecer, el pupilo ha sabido recibir, digerir y reconvertir hasta el punto de crear un lenguaje personal de indudable valor.
Acordes disonantes, abundante y rico tejido cuajado de armonías bien trabajadas y expresivas que, con sus resplandores, sirven de sostén a un discurso vocal organizado sobre un recitativo cantabile y un parlato variado en el que la masa orquestal incide estratétigamente. Hay sombras y resplandores, sigilosos pianísimos, estallidos dramáticos. En toda la música de Coll está presente desde hace años la sombra del compositor británico Thomas Adès, un gran artista que conocemos desde hace años, también como director, en España. El exquisito cuidado en la construcción de las frases, el manejo de los timbres, los contrastes dramáticos más inesperados, en un discurso que nunca pierde la ilación, está aquí también presente, aunque con curiosas aportaciones personales y originales, como el pasajero empleo de ecos folklóricos de diverso signo y que se perciben nada más empezar la ópera, que animan, y mucho la panoplia sonora. Y Coll no niega la pasajera influencia de otros compositores modernos como Nancarrow, Ligeti, Stravinsky o Janacek. Incluso podríamos citar a Britten.
El discurso dramático se va desarrollando lentamente, por estratos, pero no deja de crecer y de agitarse a medida que se van conociendo detalles en torno a las aguas fecales que amenazan al lujoso balneario, lo que ocasiona un conflicto que “pone en juego intereses económicos, equilibrios de poder y convicciones morales”. El conflicto, nudo gordiano de la trama, se va desarrollando con discreción hasta culminar en una asamblea pueblerina, ambientada en tonos rojos y con un cierto aire fantasmagórico y alegórico por Alex Rigola.
Muy particular la línea vocal, en la que reconocemos lejanas herencias del sprechgesang y que exige mucho de las tres voces principales, obligadas a practicar saltos interválicos muy notables, particularmente la del Alcalde, hermano del médico protagonista y honrado. Esas exigencias, que suponen el súbito ascenso varias veces a la zona sobreaguda, en los niveles de un Fa, por ejemplo, las sirvió con denuedo y general fortuna el tenor Moisés Marín en frases recordatorias del Barbero de Wozzeck de Berg.
También muy exigente en este ámbito la escritura de Petra, hija del médico, que sirvió con fortuna, regular dicción y excesivo vibrato, la soprano ligera Brenda Rae. José Antonio López, en el papel protagonista, aportó seriedad, convicción, variedad acentual y seguridad en una noche en la que advertimos una cierta falta de brillo en su emisión y algunos apuros en la zona alta, aunque, como siempre en él, hubo nobleza y convicción, sobriedad y honradez en su desempeño. Estupendo como Mario el barítono Isaac Galán, de voz bien timbrada y emitida. Irregular y a falta de mayor brillo, la mezzo Fontanals-Simonns. En su breve cometido bien Juan Goberna.
Mucho y justificado éxito final.