Zaragoza, en el foco: Nautalia recurre un pliego “contrario a Derecho”
En la plaza de toros de Zaragoza se ha abierto un frente que trasciende el simple trámite administrativo. Nautalia ha decidido presentar un recurso de reposición contra las condiciones fijadas para la explotación del coso, con una petición de máximos: la nulidad de pleno Derecho del documento que regula el concurso, según adelantó Zabala de la Serna en El Mundo. Quien firma y conduce la iniciativa es Rafael García Garrido, empresario con mando en plazas de primer rango como Las Ventas y Valencia. Lo hace en nombre de Nautalia y, a la vez, en un contexto en el que el sector viene advirtiendo de un problema de fondo: cómo se diseñan las reglas cuando se licita una gran feria y qué margen real queda para competir. La clave está en el contenido del pliego. [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/cultura/toros/anoet-advierte-pliego-zaragoza-vulnera-competencia-asfixia-empresa_202602046982fa352f00a04688f6af00.html|||Desde ANOET —la patronal de organizadores taurinos— se señaló como “inaceptable”]] que se obligue a las empresas que quieran presentarse a acudir ya en febrero con compromisos cerrados con toreros y ganaderías, incluyendo incluso la fecha exacta de actuación. Dicho de otro modo: se exige llevar parte del cartel “cosido” antes de que el concurso se resuelva, con el riesgo —según la crítica— de distorsionar la libre competencia. A esa objeción se suma otra, quizá más delicada por lo que implica para el modelo: el canon económico “al alza y sin límite” como eje de valoración. La patronal lo describió con una imagen muy concreta: estos procesos acaban pareciéndose a subastas, donde gana quien más paga, sin que necesariamente sea quien presenta un proyecto más solvente o más coherente con la realidad del espectáculo. El recurso de Nautalia se apoya precisamente en esa idea de partida: que las condiciones establecidas serían contrarias a Derecho. No es un matiz menor. Si prospera, no solo alteraría el concurso de Zaragoza; introduciría un precedente para otras plazas gestionadas bajo procedimientos similares, en un momento en que la tauromaquia necesita seguridad jurídica y criterios de adjudicación que no penalicen la viabilidad empresarial. Zaragoza, por tanto, se convierte ahora en un termómetro: se debate si el diseño de los concursos está protegiendo la calidad y la estabilidad de una expresión cultural o si, por el contrario, empuja a un juego de cifras y ataduras previas que condiciona el mercado desde el primer día. Y cuando el marco se discute, lo que está en juego no es solo un pliego: es el modelo.