Arritmia
Se está confirmando que los gobiernos de México y el de Estados Unidos están bailando en la misma pista, pero bajo distintos bites. Esa arritmia está metiendo a la presidenta Claudia Sheinbaum en una inercia de imprecisiones y contradicciones casi a diario, que rápidamente resquebraja su narrativa.
Algo está fallando seriamente en la coordinación de lo que hace su gabinete con lo que finalmente dice en la mañanera, porque constantemente pifia al afirmar que sucede “A”, mientras lo que dice es “B”. La realidad le está ganando a su discurso, cuando debería ser al revés.
El caso más reciente que evidencia que, mientras ella explica una cosa, Estados Unidos impone otra, es sobre la confirmación de que Pemex dejó de regalar petróleo a Cuba. Una advertencia que Donald Trump había hecho a los países que abastecían de oro negro a la isla tras la captura de Nicolás Maduro.
Primero tuvo que defender a capa y espada el regalo de crudo, incluso al justificarse, sorpresivamente, que los gobiernos “neoliberales” también lo hacían (vaya paradoja), pero sobre todo empleando su palabra favorita, que es asunto de “la soberanía de México”. Ahora, usando el mismo argumento, defiende que Pemex haya suspendido el envío de buques petroleros.
Además, ¿dónde quedaron los dichos de que el abasto era por ayuda humanitaria? Los cubanos están peor que nunca porque la democracia sigue sin llegar; no obstante, México decidió frenar ese apoyo, que al final de cuentas servía para un solo motivo: que la dictadura se mantuviera.
Sheinbaum tuvo que aceptar en la mañanera de ayer que se suspendió el envío de petróleo a la isla, pero más preocupante es cederles la responsabilidad de los asuntos a las diversas áreas de su gobierno como si no le informaran. “Pemex toma sus propias decisiones”, dijo. No obstante, todos sabemos que ella es la máxima responsable y se entera de todo. Intentar cuidar su imagen de esta forma, al contrario, la está perjudicando.
Ese maquillaje de la realidad está dañando la investidura presidencial porque la debilita frente a la toma de decisiones trascendentales; un asunto como lo es la soberanía de un país lo debe tomar la presidenta y no un director general. Está desgastando una palabra de mucho peso para justificar decisiones aquí y allá.
Cada vez se le ve más contrariada ante múltiples posturas que la llevan a driblar entre decisiones de las cuales no se le escapan de la mano. Suspender el envío de petróleo al régimen dictatorial significa un golpe durísimo al régimen de la 4T y vulnera cada vez más sus alicaídos “principios”.
Otro caso que tiene a Sheinbaum en un atolladero es sobre el canadiense Ryan Wedding, de quien aún no queda claro si se entregó de manera voluntaria o lo capturaron. La presidenta mexicana afirma que el exatleta olímpico se entregó en la Embajada de Estados Unidos en México, mientras que Kash Patel, quien dirige el FBI, afirmó que su inteligencia fue quien lo detuvo.
Se tiene que dejar claro que Sheinbaum repitió lo que suscribió el embajador Ronald Johnson en un comunicado hace 4 días, respecto a que Wedding se entregó voluntariamente y fue por la cooperación entre Estados Unidos y México. Pero al mismo tiempo, Anthony Colombo, abogado del exatleta, ratificó esta “entrega voluntaria”.
Por si fuera poco, ahora una foto que difundió Sheinbaum en la mañanera trae revuelto a Palacio Nacional, donde se ve a Wedding supuestamente afuera de la antigua sede diplomática de Estados Unidos en México previo a entregarse. Sheinbaum la presumió para ratificar sus dichos; no obstante, la televisión canadiense CBC difundió que la imagen fue creada con inteligencia artificial. Otro descontrol de la narrativa sobre un caso de primer nivel.
Y así se están acumulando casos que, por un lado, Washington dice que son de una forma, mientras Sheinbaum dice que fueron de otra. Misma pista, distinto vals. La presidenta tiene que definir mejor su línea de comunicación, o de lo contrario vivirá bajo la improvisación y, por ende, la pérdida de control de la narrativa. Ahí está lo que sucedió con las camionetas de lujo que adquirió la Suprema Corte: primero la defendió justificando ahorros, y días después, tuvo que reconocer que es mejor que no las usen.
¿A qué le tiene tanto miedo el régimen de la 4T de luchar por sus “ideales” al contrariarlos o aceptar lo que se les dicta desde Washington? Suspensión de entrega de petróleo a Cuba disfrazado de una falsa soberanía; actividades militares estadounidenses dentro de territorio mexicano disfrazadas de una falsa coordinación; entrega de narcotraficantes disfrazada de una falsa cooperación; destrucción de alianzas diplomáticas disfrazadas de asilo.
Todo apunta a que ese miedo brota respecto a que la presidenta está cercada entre defender todos los casos de corrupción y complicidad de morenistas con el crimen organizado, lo cual destruiría el futuro del “movimiento”, o aceptar lo que les exige Washington hacer, justo para no ventilar dichos personajes, lo cual también debilita el “movimiento”. ¡Vaya paradoja!