Una empresa italiana pide a sus empleados decidir qué compañeros deben ser despedidos en un “juego” al estilo Juego del calamar
La polémica ha estallado en el norte de Italia después de que la empresa Bluergo, dedicada a la fabricación de recambios para lavadoras en la región del Véneto, pidiera a más de 60 empleados que eligieran qué compañeros deberían ser despedidos.
El cuestionario, distribuido durante el periodo navideño, incluía preguntas consideradas “brutales” por el personal y por los sindicatos, que compararon el ejercicio con dinámicas propias de la serie distópica El juego del calamar.
Según medios locales, los trabajadores recibieron una lista de preguntas que les obligaba a valorar quién debía quedarse sin empleo en función de criterios como la antigüedad, la situación familiar o el tipo de contrato.
El sindicato CGIL denuncia “presión psicológica” y exige una reunión urgente con la dirección
Entre las cuestiones planteadas figuraban opciones como “¿Quién se quedaría en casa, el que no tiene hijos?” o “¿El que lleva menos tiempo en la empresa?”. También se pedía elegir entre empleados a tiempo parcial, voluntarios o trabajadores sin responsabilidades familiares.
Una de las categorías más controvertidas era la denominada “Otros”, en la que se solicitaba escribir el nombre completo de los compañeros que, a juicio del encuestado, “menos merecían conservar su puesto”. Solo diez formularios fueron devueltos, pero el impacto emocional entre la plantilla fue inmediato. Trabajadores y representantes sindicales describieron la iniciativa como “un juego cruel” y “una práctica humillante”.
El director de Bluergo, Bruno Scapin, defendió el cuestionario asegurando que se trataba de “una encuesta interna para evaluar el clima laboral” y que el objetivo era “evitar despidos” en un contexto de crisis del mercado. Sin embargo, sus explicaciones no han convencido a los sindicatos, que consideran que la empresa ha cruzado una línea ética inaceptable.
El sindicato metalúrgico CGIL calificó la medida de “imprudente” y de “ataque a la dignidad de los trabajadores”, denunciando que la dinámica fomentaba la desconfianza y la ruptura de la solidaridad entre compañeros.
En un comunicado, la organización advirtió de que pedir a los empleados que señalaran a otros por su nombre “amplificó la presión psicológica” y convirtió un ambiente ya tenso “en un auténtico campo de batalla”.
El secretario general de CGIL en Treviso, Manuel Moretto, fue aún más contundente al afirmar que la práctica “desintegra el tejido social de la empresa” y que no puede considerarse una consulta democrática. El sindicato ha solicitado una reunión urgente con la dirección y ha instado a los trabajadores a mantenerse unidos y rechazar cualquier intento de dividir a la plantilla.