Trump, la agonía transatlántica y la crisis de las democracias occidentales
El deterioro del orden occidental no es responsabilidad exclusiva de los excesos verbales de Trump o de sus imprevisibles bandazos. Es, en gran medida, la consecuencia de una pérdida de prestigio y credibilidad de las clases políticas occidentales en general, y de la europea en particular. Nos enfrentamos a una crisis profunda del sistema democrático, agravada en la Unión Europea por una estructura burocrática elefantiásica e ineficaz que parece incapaz de responder a un interlocutor que solo respeta la fuerza y desprecia la debilidad.
El Método Trump: La Estrategia del Shock y el exabrupto en política exterior
El Trump de 2025 es un animal político que ha aprendido a dominar los resortes del poder federal. A diferencia de su primer mandato, donde el caos interno y las dimisiones constantes eran la norma, hoy cuenta con un equipo cohesionado: Susie Wiles en la sombra, Marco Rubio en la diplomacia y Scott Bessent en el Tesoro. Pero esta mayor eficiencia administrativa no ha suavizado su estilo; le ha dado libertad para dedicarse a la escena internacional y no apagar fuegos internos.
Trump practica lo que podríamos llamar una «diplomacia transaccional de alto impacto». Utiliza el exabrupto deliberado para descolocar a sus interlocutores, abrumarlos con exigencias imposibles y, finalmente, obtener concesiones que en un entorno diplomático normal tardarían décadas en materializarse. Sin embargo, este método tiene un coste muy alto: la destrucción de la confianza entre aliados. Como advirtió Henry Kissinger, un orden internacional que se fundamenta únicamente en la transacción y no en principios compartidos, es un orden inherentemente inestable. Los bandazos en las decisiones —hoy amenazando con aranceles a aliados, mañana proclamando la reconciliación— han convertido la política exterior estadounidense en una permanente caja de sorpresas.
El Flanco Vulnerable: La Decadencia de las Élites Europeas
Es aquí donde el análisis de Andrew Bustamante, exagente de la CIA ante el Parlamento Europeo, cobra una relevancia profética. Según Bustamante, la erosión de la confianza democrática en Europa no es un accidente, sino un flanco crítico que potencias como China, Rusia e incluso este nuevo EE. UU. imprevisible están explotando. El diagnóstico es demoledor: Europa sigue operando como un entorno «permisivo» para la inteligencia extranjera y la presión geopolítica porque sus líderes han descuidado el hard power.
La clase política europea ha vivido bajo el espejismo de que el soft power (la diplomacia, los valores y la cultura) era suficiente para garantizar la seguridad. Bustamante sostiene que Europa tiene un historial pobre de liderazgo estratégico desde 1945, limitándose a seguir a un Estados Unidos que ahora entra en su propia fase de declive interno. Todo esto agravado por una burocracia europea lenta, obsesionada con el multitasking institucional y los procesos infinitos, mientras el mundo real exige rapidez y contundencia. Esta ineficacia burocrática es el caldo de cultivo perfecto para que figuras como Trump traten a la UE no como a un socio, sino como a un estorbo o, en el mejor de los casos, un cliente.
El Espejismo de Davos: Merz, Macron y Carney ante la Tormenta
En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, las voces de los líderes europeos intentaron proyectar una imagen de unidad y resistencia que, a ojos de muchos analistas, carece de la base material necesaria. Friedrich Merz, el canciller alemán, ha intentado despertar a la «locomotora europea» con un discurso de realismo económico, admitiendo que Alemania y la UE deben asumir su propia defensa si quieren ser tomados en serio en Washington. Sin embargo, su retórica choca con una realidad industrial debilitada por los costes energéticos y la dependencia tecnológica.
Emmanuel Macron, por su parte, insistió en su ya clásica «autonomía estratégica». Macron ve la crisis transatlántica como la oportunidad definitiva para que la UE se convierta en una tercera potencia global. Pero sus declaraciones suenan vacías cuando la estructura de la Unión sigue siendo el ya mencionado «elefante burocrático». La soberanía tecnológica y de defensa no se construye con discursos, sino con una inversión masiva y una racionalización de la regulación que asfixia el crecimiento europeo.
Por último, Mark Carney, desde su perspectiva financiera, advirtió sobre el fin del «consenso de Washington» y la fragmentación de la economía global. Carney señaló que la credibilidad de las instituciones occidentales está en mínimos históricos porque no han sabido gestionar las transiciones (climática, tecnológica, migratoria) de forma que la ciudadanía se sienta protegida. La crisis de la democracia es, en esencia, una crisis de competencia: los ciudadanos ya no creen que sus políticos puedan resolver sus problemas.
El Caso de Groenlandia: Donde el Exabrupto se Encuentra con la Geopolítica del Siglo XXI
Uno de los ejemplos más claros de todo esto es la colisión entre el estilo de Trump y la importancia estratégica real de Groenlandia. Lo que en su primer mandato fue recibido con burlas y desdén —la idea de comprar la isla a Dinamarca— debe ser analizado hoy con una mirada despojada de prejuicios.
Nadie que entienda de geopolítica puede negar que Groenlandia es el «portaaviones insumergible» del Ártico. Permitir que este territorio caiga bajo la órbita de influencia rusa o china sería un desastre estratégico para la paz y la estabilidad de Occidente. La alerta temprana y la defensa contra ataques de misiles balísticos, el control de las rutas del norte y el acceso a los inmensos recursos minerales de la isla, son una prioridad de seguridad para el siglo XXI.
La hostilidad hacia los aliados daneses y europeos, con amenazas de aranceles de por medio, es un dislate diplomático y geopolítico. No obstante lo anterior, la importancia geoestratégica de Groenlandia no admite discusión, pero la actitud del presidente Trump pone en riesgo la esencia misma de la OTAN. No se puede proteger el Ártico destruyendo la alianza que debe defenderlo. El «exabrupto» aquí ha sobrepasado los límites de la estrategia para entrar en el terreno de la piromanía diplomática. Hay que buscar una salida razonable que garantice la seguridad occidental sin humillar ni alienar a los socios europeos.
La Crisis de Credibilidad y el Auge de la Desconfianza
El problema de fondo es que la figura de Trump no es la causa, sino el síntoma de una enfermedad más profunda. La pérdida de prestigio de las clases políticas tradicionales ha dejado un vacío que el populismo transaccional llena con facilidad. Andrew Bustamante acierta al señalar que el liderazgo efectivo descansa en la competencia (cumplir lo que se promete) y la cercanía auténtica. En Europa, la percepción es la opuesta: una élite desconectada de la realidad, refugiada en reglamentos y normativas que parecen diseñadas para un mundo que ya no existe.
La UE se enfrenta a múltiples riesgos: su seguridad y estabilidad; pero, sobre todo, está en riesgo la esencia misma de nuestros sistemas de libertades y democracias. Si las instituciones occidentales no pueden demostrar que son más eficaces que el autoritarismo, el sistema democrático alcanzará el punto de no retorno y los regímenes autoritarios y los populismos avanzarán sin freno.
Hacia un Pragmatismo responsable y proactivo
Europa, y países como España en particular, deben asimilar una lección tan vital como urgente: frente a este nuevo orden mundial no funcionan ni la condescendencia ilustrada de las élites de Davos ni la indignación moral permanente de los europeos. Lo que se requiere es un pragmatismo inteligente.
Esto implica tres acciones inmediatas:
Recuperar el Hard Power: Siguiendo el consejo de Bustamante, Europa debe construir una soberanía tecnológica y de defensa real, asumiendo los costes políticos y presupuestarios que ello implica. La paz no se mendiga a Washington; se disuade desde Bruselas, Berlín, París y Madrid.
Reforma Burocrática Radical: La UE debe reformar su estructura elefantiásica. En un mundo de «estrategias de shock», la lentitud administrativa es una sentencia de muerte geopolítica.
Liderazgo de Servicio: Las élites políticas deben recuperar la credibilidad a través de la competencia. El prestigio se gana resolviendo problemas y ejerciendo liderazgo efectivo.
La paradoja transatlántica, mantener una alianza transatlántica dependiendo fundamentalmente de EE. UU., es hoy insostenible. Washington exige autonomía estratégica a Europa mientras intenta mantenerla subordinada a su complejo militar-industrial. Europa debe elegir: o se convierte en un polo de poder propio en un mundo multipolar, o acepta ser un parque temático de la democracia del siglo XX, gestionado por una burocracia europea ineficaz y sin transparencia que no puede permanecer bajo la protección volátil e imprevisible del presidente estadounidense de turno.
Al final, como advertía Burke: «Un Estado sin los medios para cambiar carece de los medios para conservarse». Occidente debe cambiar su forma de entender la geopolítica y el poder si quiere conservar la libertad. Trump nos ha puesto frente al espejo; lo que vemos en él no es solo su rostro desafiante, sino también nuestra propia debilidad e indecisión. Es hora de empezar a tomarnos en serio la supervivencia de nuestro propio sistema democrático y de libertades.