El rostro desnudo del poder, de Atenas a Washington
En el año 416 A. N. E., los enviados del imperio más poderoso del mundo egeo se sentaron frente a los magistrados de una pequeña isla. En la austera privacidad de una sala y sin discursos floridos, los atenienses se quitaron la máscara para exponer la ley que, según ellos, rige el orden del mundo: «Los fuertes dominan a los débiles»