¿A qué juega Donald Trump a un año de gobierno?
Su autoritarismo ha constipado el orden global: potencias, países, medios y no se diga las pequeñas naciones, cuyo destino es codependiente de las decisiones de los más fuertes, han sido arrastrados hacia un vertiginoso y caótico torbellino.
¿Qué ha ocasionado ese caos en este primer año de gobierno de Donald Trump que se cumplió exactamente ayer? Despliegue de tropas en medio mundo, imposición de aranceles económicos que favorecen a empresas sobre consumidores, impulso hacia el fin del multilateralismo e irrelevancia de organizaciones como la ONU, violaciones constantes al derecho internacional y un creciente aprecio por sistemas autoritarios donde el poder de uno se impone a las instituciones democráticas y a sus objetivos.
Europa occidental sigue siendo la principal región del mundo donde sus líderes se aferran a una democracia plena, aunque las sombras del nacionalismo aparecen con fuerza; no obstante, el voto popular y las instituciones democráticas mantienen vivo el régimen que ha llevado prosperidad y paz.
Pero junto a la eurozona, bajo amenazas por la invasión en Ucrania y ahora hacia Groenlandia, China, Rusia y Estados Unidos son los cuatro polos de poder que se juegan la esencia del mundo, incluida una posible guerra planetaria con consecuencias inimaginables.
Bajo la mentalidad incierta de Trump se ha construido una mezcla de gobernanza que va entre el autoritarismo y la democracia. Bajo el ala del autoritarismo se suman el ruso Vladímir Putin y el chino Xi Jinping; es decir, tres cuartas partes de las principales fuerzas planetarias se inclinan hacia ese corrosivo sistema.
Si por Trump fuera, la “democracia” la tiraría al bote de la basura para perpetuarse indefinidamente en el poder. Ha mencionado en reiteradas ocasiones que desea reelegirse bajo un tercer mandato, cuando la vigesimosegunda enmienda lo prohíbe tajantemente.
Durante este primer año ha mantenido deliberadamente una constante confrontación con su Constitución, el Estado de derecho nacional e internacional, con su ciudadanía y los extranjeros, además de aliados históricos que, después de luchar durante décadas contra dictaduras, regímenes autoritarios y belicistas, ahora los confronta y, sin ningún pudor, asume que sus ocurrencias son casi divinas. Sueña con arrebatar territorios sin entender que no solo no le pertenecen, sino que dentro de ellos hay individuos que lo rechazan. Aún no sé si le está quedando claro que se dirige a ser uno de los peores mandatarios de la historia.
En efecto, si mañana toma por la mala Groenlandia, Venezuela (que ya lo hizo), Cuba o la Franja de Gaza (que lo está haciendo), ¿qué le impide asumir, pasado mañana, que puede arrebatar la península de Baja California, las Islas Canarias, Dajla, Malta, Madagascar, Sri Lanka u otro territorio que le sea lógico para su pretensión expansionista?
Los colmos se colman cuando se ven invitaciones como la que le hizo al presidente ruso, Vladímir Putin, a integrarse al Consejo de la Paz. También invitó al presidente de Bielorrusia y a otros mandatarios donde la democracia no necesariamente es su fuerte. Un nuevo sistema de países donde el centro es él. Muchos líderes, por supuesto, lo están bateando.
Ha demostrado que su mente distorsiona la realidad para autocomplacerse, como por ejemplo en asumir que porque no le dieron el Premio Nobel de la Paz, ahora entonces puede invadir Groenlandia, una sinrazón que retrata peligrosamente el estado de su mente.
El problema es que aún no se topa con pared. Nadie le ha leído la cartilla a plenitud: unos porque no pueden, como es el caso de México; otros, como es el caso de Europa, que no encuentra la fórmula a pesar de la amenaza de dos potencias; y otros porque aún miden sus acciones, como Rusia y China.
Por eso también es importante que Europa resista y piense a largo plazo, ya que a Trump le quedan solo tres años, mientras que a la democracia y sus beneficios, muchos más. Emmanuel Macron declinará su invitación, también, a formar ese comité de paz para la Franja de Gaza, uno de los artífices del futuro de Europa.
Pero Trump, así es con todo, su enfermiza necesidad de ser el foco de atención raya en una patología que muchas veces cuesta trabajo identificar si entiende o no los riesgos que corren sus decisiones, o su ego es tan fuerte que solo lo hace por ser el protagonista de un guion que no necesariamente se va a ejecutar.
Steven Sloan de AP lo dice correctamente: “Si lo más valioso que tiene un presidente es su tiempo, Trump opera como si tuviera un suministro casi ilimitado, siempre dispuesto a compartir sin importar el día, la hora o la circunstancia”, y es cierto, porque para Trump lo importante es ser el titular de todos los diarios del mundo, y lo está logrando.
Faltan tres largos años de un gobierno cuyo objetivo es desestabilizar y llevar a los demás países a sus límites, los cuales aún no se conocen y esperemos no conocerlos jamás.