Una amenaza para el mundo
A un año de gestión de su segundo periodo como presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha cambiado los equilibrios geopolíticos del mundo. Al mismo tiempo, lo puso en la antesala de una conflagración comercial sin parangón desde la Segunda Guerra Mundial.
Es en este contexto donde se debe ponderar la actuación de la presidenta Sheinbaum con su contraparte norteamericana, quien —por cierto— agregó otro elemento disruptivo a la relación bilateral con la declaración de narcoterroristas a los capos de la droga mexicanos.
Desde luego, la tarea que enfrenta la doctora es monumental. Tiene que lidiar con todo tipo de exigencias, peticiones y reclamos de Trump. Además, debe proteger a su grupo político que encabeza Andrés Manuel López Obrador contra las acusaciones de connivencia con criminales que le indilgan las agencias de inteligencia y de combate a las drogas de la Unión Americana.
Son retos inéditos para cualquier gobierno y más para el principal socio comercial de Estados Unidos.
En los últimos siete años, el gobierno mexicano fue omiso en múltiples temas que dañaron la relación con Estados Unidos. Esto fue especialmente evidente en la implementación de la estrategia de seguridad “abrazos, no balazos”.
Esta estrategia alentó el crecimiento exponencial de los criminales en el territorio nacional y les permitió controlar vastas regiones del país. Como resultado, se incrementó el trasiego de drogas sintéticas a Estados Unidos, en particular del fentanilo.
Los flujos migratorios de ilegales hacia Estados Unidos provenientes principalmente de Centroamérica y del Caribe fueron permitidos por el gobierno mexicano y por las políticas migratorias laxas del propio gobierno de Joe Biden, con las consecuencias a la vista.
El proteccionismo a ultranza y el expansionismo del imperialismo yanqui han encontrado un nuevo exponente en la figura de Donald Trump, que envalentonado pretende apropiarse de Groenlandia, someter a Canadá, Venezuela y luego a México.
Los aliados estratégicos de los estadounidenses, como la Unión Europea, se sienten traicionados y agraviados por el accionar de Trump, por lo que se aprestan a cerrar filas contra sus políticas expansionistas.
Ahora es Groenlandia la manzana de la discordia. Mañana será otro país. Pero el quid del asunto es que el presidente Donald Trump quiere deslindarse de los últimos presidentes de Estados Unidos con su política del garrote y de la guerra.
Por ello, la paz mundial se ve amenazada como nunca desde el siglo pasado. Toda vez que el arsenal nuclear existente pone en riesgo la misma supervivencia humana en el planeta.
De ese tamaño es el peso belicoso que tiene el mandatario estadounidense y, por supuesto, la eventual reacción de los que considera como sus enemigos, como Rusia, China, Corea del Norte y otras tantas naciones que están en estado de alerta máxima ante los manotazos del magnate inmobiliario.
En este primer año de Trump, dicen algunos que el gobierno mexicano ha salido bien librado si se considera que a otros aliados de Estados Unidos les ha ido peor, y tienen razón. Yo agregaría que, considerando las circunstancias, la presidenta Sheinbaum se ha movido acertadamente conforme a las condiciones y los tiempos que le han tocado. Por ello, ha sabido sortear al caporal.
Cierto, a casi todas las exigencias de Trump se ha plegado México, por lo menos hasta ahora, menos a permitir la intervención militar en territorio nacional para aprehender a criminales y cómplices incrustados en el poder público, aunque tan solo será cuestión de tiempo para que ello ocurra.
La presidenta no ha entendido la gravedad del asunto porque, en lugar de restablecer la unidad nacional desde las mañaneras, sigue polarizando a la población, incluso con gobernar tan solo para sus simpatizantes y adeptos, en lugar de reparar que es la presidenta de todos los mexicanos.
Efectivamente, llegado el momento, será necesario cerrar filas con la presidenta de México, pero ante tanta afrenta a los que no piensan como ella, eso es prácticamente imposible; incluso hay muchos mexicanos que están de acuerdo en la intervención gringa para capturar a los principales capos mexicanos.
El tiempo corre en contra y se tiene encima la negociación del T-MEC, en donde Trump buscará someter a México con medidas proteccionistas de la industria norteamericana que pondrán en condiciones desventajosas a los productos nacionales.
El año de Trump ha sido uno de los peores en la historia reciente. Los mismos norteamericanos no han escapado a esta situación, ya que padecen alta inflación, desempleo, polarización social y guerras a la vista, en las cuales se llamará a filas a su juventud.