La dificultad de un «match» entre los 43 formularios ante y post mortem
El Instituto de Medicina Legal de Córdoba es estos días la segunda «zona cero» del fatídico accidente ferroviario de Adamud (Córdoba). A 40 kilómetros del lugar donde descarriló el tren de Iryio la tarde del domingo, y mientras los coches fúnebres con las víctimas iban llegando al edificio, decenas de especialistas trabajan sin descanso para dar algo de alivio a esas familias que todavía se encuentran a la espera de que sus víctimas sean identificadas y poder darles sepultura tras la pertinente autorización judicial.
La propia naturaleza del siniestro dificulta mucho este proceso porque, según explican los expertos, hay muchas víctimas, no todas han sido localizadas todavía y, de las localizadas, muchos cadáveres no se encuentren en unas condiciones que permitan una sencilla identificación, como pueden ser las más habituales: la visual por parte de un familiar o la necrorreseña (huella dactilar).
Tatuajes, empastes o prótesis
Desde el primer día, la Guardia Civil habilitó varias dependencias policiales en cinco ciudades (Madrid, Sevilla, Córdoba, Huelva y Málaga) para que los familiares directos de los desaparecidos pudieran trasladarse al lugar y entregar muestras de ADN del desaparecido (a través de un cepillo de dientes o un peine, entre otros), fotografías recientes de su rostro y de tatuajes o cicatrices que pudieran facilitar la identificación de los cuerpos. Cuando un cadáver se encuentra deteriorado son muy valiosos informes odontológicos para reconocer por la dentadura (fundas, empastes, puentes...) o informes médicos sobre implantes, prótesis o diferentes cicatrices que pueda presentar un cuerpo y sean de utilidad en la complicada tarea que tienen por delante el equipo de forenses que trabaja de forma conjunta con los agentes de Criminalística de la Guardia Civil. Estos últimos trasladaban –a primera hora de la tarde de hoy y en helicóptero– las muestras de ADN recogidas en los diferentes puntos hasta el laboratorio central de Madrid.
Y es que el procedimiento a seguir en estos casos es complejo. Según explica el experto forense Aitor Curiel, la dificultad reside en «casar» los 43 informes ante mortem con otros tantos post mortem, que concluirán cuando sean localizadas todas las víctimas. Es decir, las 43 familias que denunciaron la desaparición de un familiar en los trenes siniestrados tuvieron que rellenar una especie de formulario (es un agente de la Guardia Civil quien pregunta) donde se recogen datos básicos sobre edad, sexo, peso, altura e información como ropa, tatuajes, cicatrices, prótesis o cualquier otra señal identificativa que facilite la tarea en el caso de que sea complicado su reconocimiento.
Dos informes que encajen sin ningún género de dudas
Por otra parte y de forma paralela, todos los cadáveres que van llegando al Instituto de Medicina Legal de Córdoba, son sometidos a una autopsia por parte de los forenses. Son ellos quienes tienen que rellenar el formulario post mortem. Tras el estudio forense, deberán ir completando en un cadáver (todavía sin nombre) elementos identificativos como edad, sexo, cicatrices etc. Y ahora, lo complicado es casar un informe ante mortem con otro post mortem. Es decir, que ambos hagan un «match» y encajen sin ningún género de dudas, ya que es muy probable que varios informes compartan muchos elementos en común. Para ello es vital el informe de ADN, que no admite dudas.
La data de la muerte
Y es que son los forenses los encargados de realizar el informe para entregar al juez encargado de la causa. Su misión es despejar a su señoría tres dudas: la causa, la data y la etiología de la muerte. Este último factor es sencillo en el caso que nos ocupa, ya que se trata de una muerte accidental. La causa (un politraumatismo, falta de oxígeno...) podría ser más complicado de determinar y, aunque parezca una cuestión baladí, tampoco es sencilla la data. La hora a la que ha muerto una persona permitiría conocer si, tras el impacto, permaneció con vida un tiempo. Sería importante, según el experto, a efectos civiles para el tema de posibles herencias en caso de que, por ejemplo, varios miembros de una misma familia hayan muerto en diferente orden.
Más víctimas, más riesgo de confusión
Pero lo más complejo del caso, aseguran los expertos, es la cantidad de víctimas que hay (aumenta mucho el riesgo de confusión) y que muchos cuerpos podrían estar desmembrados, lo que dificulta enormemente el proceso, ya que habría que realizar un análisis forense del fragmento para devolverlo con el resto del cuerpo.
En cualquier caso, actualmente tendrían 43 formularios ante mortem y 41 post mortem en proceso. Concretamente, al cierre de esta edición, el Instituto de Medicina Legal de Córdoba había realizado ya 38 autopsias y 10 identificaciones «certeras».
Pero el resto de identificaciones podría demorarse más días ya que las que están pendientes de ADN podrían tardar entre 48 horas y una semana, en función del grado de prioridad, la calidad de la muestra y otros elementos. Es decir, aún quedan bastantes días para que todos los familiares reciban los restos mortales de sus allegados. Así, una vez que la jueza tenga los informes, suele preguntar al forense si hay inconveniente en entregar a la familia los restos mortales y, si el experto no plantea problema, su señoría autoriza para que las familias puedan dar sepultura a su familiar y comenzar a elaborar un duelo complejo.
Este protocolo nacional de actuación médico-forense y de policía científica en sucesos con víctimas múltiples quedó activado ya la noche del domingo. También se activó el Centro de Integración de Datos (CID), que debe supervisar los informes de identificación de distintas instituciones, previo a su remisión a la autoridad judicial competente. El objetivo facilitar información cuanto antes a las familias, tal y como recoge el real decreto 32/2009, de 16 de enero.