Inicia disputa mundialista por control de imagen
Inmersos de lleno en la fiebre mundialista, son múltiples los campos de batalla que se despliegan más allá de los encuentros futboleros y sus secuelas noticiosas. Uno de ellos, el comparativo de desempeño que los tres países tendrán ante la presencia de piratería que tradicionalmente emerge en toda clase de tamaños y presentaciones parasitando logos, mascotas y nombres del evento mundialista.
Otra de las batallas, ésta de impacto coyuntural e histórico, se gesta en el control y la emisión de audiovisuales de cada ángulo del Mundial; desde la potencia que cada aficionado posee en sus dispositivos móviles, todos tendremos la oportunidad de grabar y compartir contenidos en cualquier momento, a prácticamente la totalidad de la geografía mundial. Las redes sociales serán inundadas de imágenes, la mayor parte en tiempo real, de escenas inéditas que formarán un interminable mosaico construido con las pequeñas porciones de realidad que cada uno aporte. En ese contexto, los escenarios se multiplican hasta niveles incontrolables, desde los momentos previos, posteriores y durante el desarrollo del partido, hasta el protagonismo desarrollado por aficionados, visitantes, entrenamientos, traslados de equipos, etc., etc. Con un teléfono inteligente en la mano, cada aficionado se convierte en un camarógrafo, narrador, comentarista, productor y emisor de imágenes que nadie más capta desde su particular visión. ¿Eso lo convierte en titular de derechos?
En términos jurídicos, la batalla que la FIFA, el Comité Olímpico Internacional y las ligas oficiales de diferentes deportes han librado por años en redes sociales los han llevado a bloquear, por todos los medios a su alcance, cuantos videos son subidos por usuarios en todas partes del mundo. El argumento que habilitan se basa en sus derechos de autor sobre la señal, sus derechos a difundir la imagen de los deportistas y hasta las reglas que limitan el derecho a explotar imágenes que impone el contrato adherido al boleto de entrada al estadio. Para los países que, como México, contemplan la figura del “aviso y retirada”, los “propietarios” de los derechos tienen la potestad de solicitar, sin juicio previo ni orden de autoridad, que los audiovisuales difundidos en redes sin autorización sean bajados.
Lo que en este momento ya se impone como un cambio radical de tendencia es que, “los dueños del mundial”, muten en su enfoque para no solo no impedir que los videos de aficionados sean compartidos en redes sociales, sino que formen parte del evento mismo. El cambio de tratamiento a este volumen monstruoso de contenido parece pretender la difícil migración de los eventos deportivos, de la sala de TV a la pantalla de los teléfonos inteligentes, en todo tipo de plataformas, desde la comicidad de TikTok hasta la difusión completa de un evento en Youtube; es claro que las redes han triunfado con su ubicuidad invasiva total.
Lo que sí estará en disputa es cómo, quién y de qué forma controlará los contenidos producidos por millones de usuarios en el mundo. Si la FIFA piensa que su derecho a “autorizar o prohibir” le permitirá ejercer labor de censura se equivoca. La pregunta que desde ahora ronda el ambiente legal es, como un material producido por un usuario se volverá propiedad intelectual de esa entidad, habiendo sido despojada de su naturaleza como grabación residente en el dispositivo personal de cada aficionado. Y aún más, si no existe intención de lucro.