"Una confrontación militar directa con Irán sería muy impopular entre los votantes de Trump"
Estados Unidos baraja sus opciones ante las autoridades de Irán mientras el régimen de los ayatolas trata de sofocar las multitudinarias protestas de la población en un desafío interno sin precedentes. En esta entrevista, Pierre Pahlavi, profesor del Canadian Forces College y subdirector del Departamento de Estudios de Defensa, analiza para LA RAZÓN la probabilidad de una intervención militar estadounidense, el papel de Israel y por qué la actual ola de protestas marca un punto de inflexión histórico en la historia reciente del país persa. El experto explica cómo la confluencia de crisis económicas, políticas y sociales está erosionando los cimientos del sistema instaurado en 1979 y qué condiciones podrían precipitar la caída del régimen de los ayatolás.
¿Es probable que Estados Unidos ataque a Irán?
En esta etapa, una intervención militar estadounidense a gran escala contra Irán sigue siendo poco probable, y una operación terrestre lo es aún más. Si bien tal resultado se alinearía con los objetivos estratégicos del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu -quien ha fijado abiertamente su mirada en la caída de la República Islámica y no puede lograrla de manera realista sin un respaldo militar estadounidense sustancial-, esto no encaja en el cálculo actual de Washington. El presidente Donald Trump es plenamente consciente de que una confrontación militar directa con Irán sería profundamente impopular entre su base MAGA, prohibitivamente costosa y estaría cargada del riesgo de una escalada regional. Por estas razones, Trump prefiere con creces ver al régimen iraní colapsar desde dentro, impulsado por una revuelta interna en lugar de una intervención extranjera. Esto ayuda a explicar su reticencia a comprometerse abiertamente con Reza Pahlavi: cualquier respaldo explícito podría socavar la credibilidad de Pahlavi al presentarlo como una figura respaldada por EE UU o Israel, en lugar de una alternativa auténticamente iraní.
¿Por qué esta ola de protestas es diferente a las anteriores?
Cada gran movimiento de protesta en Irán durante las últimas tres décadas ha tenido un motivo de queja central distinto. En 1999, las manifestaciones fueron lideradas principalmente por estudiantes. En 2009, las protestas fueron primordialmente políticas, desencadenadas por acusaciones de fraude electoral tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad. En 2019-2020, el malestar fue abrumadoramente de naturaleza económica. En 2022, el asesinato de Mahsa Amini y la cuestión del velo obligatorio sirvieron como catalizador. Lo que distingue al levantamiento actual es la convergencia simultánea de estos agravios. La desesperación económica, la represión política, el agotamiento ideológico y la indignación social se refuerzan ahora mutuamente. Clérigos prominentes e intelectuales públicos están pidiendo abiertamente el derrocamiento total del régimen, no simplemente una reforma.
¿Sigue teniendo el régimen un control férreo del aparato represivo?
Los estudiosos de las revoluciones describen este momento como una «convergencia de luchas» o, en términos contemporáneos, una rebelión interseccional. Esta convergencia golpea los cimientos mismos del sistema establecido en 1979. Dicho esto, el régimen conserva herramientas de represión formidables: la milicia Basij, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica -con gran experiencia en contrainsurgencia- y tecnologías de vigilancia avanzada, incluidos sistemas de reconocimiento facial supuestamente adquiridos con asistencia china.
¿Qué condiciones tendrían que darse para la caída del régimen de los Ayatolas?
Tras más de dos semanas de disturbios a nivel nacional, extendidos a prácticamente todas las ciudades importante, y una estimación conservadora de aproximadamente 500 muertes desde que comenzaron las protestas el 28 de diciembre de 2025, Irán parece estar acercándose a una confrontación decisiva. Reza Pahlavi ha convocado a una manifestación nacional masiva, y la escala de la movilización sugiere que el régimen se enfrenta a uno de los desafíos más serios de su historia. Sin embargo, para que el sistema colapse, la protesta popular por sí sola no será suficiente.
Explíquese
Lo que se requiere es una alineación crítica de fuerzas internas. La disidencia política debe unirse a los centros de poder económico -especialmente los «bazaaris», considerados durante mucho tiempo árbitros de los resultados políticos iraníes- así como a fracturas dentro del aparato militar y paramilitar. En 1979, la monarquía cayó cuando el ejército desertó, despejando el camino para los revolucionarios de Jomeini. En los próximos días, es probable que el régimen intensifique su dependencia de la fuerza bruta en un intento de restaurar el orden. Esta inminente prueba de fuerza será decisiva: o el Estado logra reafirmar el control, o su supervivencia a largo plazo quedará muy comprometida.