Por qué el cerebro necesita silencio: la red neuronal por defecto en peligro
La idea de que nuestro cerebro “se apaga” cuando realizamos actividades que no demanden recursos cognitivos como dormir fue descartada con el descubrimiento de la red neuronal por defecto (default mode network, o DMN, en inglés).
Existen áreas cerebrales conectadas entre sí que, al entrar nuestra mente en reposo, se activan y desempeñan un papel en la comunicación y organización de la actividad neuronal. La autorreflexión, la imaginación, la memoria y la planificación futura activan esta red, que es clave para la creatividad y el sentido del yo.
Algunos la llaman el “piloto automático” del cerebro. Desempeña un papel importante en la regulación de emociones, la toma de decisiones y la recuperación de recuerdos. Es sensible a los estados emocionales y al ritmo circadiano, a nuestra calidad de vida y de sueño.
Tiene importancia clínica, pues alteraciones en esta red inciden en el envejecimiento y en la cognición. Asimismo, se han asociado con diversos trastornos mentales como depresión, ansiedad y autismo, y con enfermedades neurodegenerativas como alzhéimer o párkinson.
Proteger el cerebro es una tarea medular. Una tarea personal y familiar. La adicción a las pantallas no permite que la mente repose al mantenerse conectada a las redes sociales o al celular.
El ruido, la dispersión y el aturdimiento reflejan la incapacidad que tiene el hombre contemporáneo de estar a solas consigo mismo. ¿Dónde queda el diálogo interno, el personal, familiar y social? ¿Dónde quedan las miradas, las sonrisas, las caricias? ¿Dónde queda la ternura y la pasión, el brillo en los ojos ante la emoción o el asombro? Somos testigos de una desconexión afectiva que pasa fuerte factura a las relaciones humanas, por no decir a las redes cerebrales.
Debemos reflexionar y encajar lo vivido y lo que está por venir para no quedar atrapados en la superficialidad que da la prisa. Es un proceso necesario para tener las cosas bien colocadas. Necesitamos un poco de silencio para escucharnos, escuchar, sintonizar y poner en buena marcha nuestra vida. Poner en marcha nuestra red neuronal por defecto.
Experimentamos mucho ruido externo e interno. El silencio nos invita a encontrar un nuevo orden interior. Una cavidad que da sentido a las cosas, que despierta la conciencia de lo trascendente. Qué importante es ver el eco de los acontecimientos desde esa cavidad interior. Tenemos todo un mundo interior que desarrollar.
Ese espacio necesita aire. Necesita derribar los muros del individualismo, la arrogancia, la vanidad y la autoridad mal entendida. Muros que impiden el reposo y la escucha y nos arrebatan la paz.
Abrimos nuestras propias ventanas cuando podemos dejar el celular para contemplar las estrellas, dar un paseo, mirar un paisaje. A veces tenemos mucho ajetreo, mucha actividad, pero poco cuajo interior, recogimiento, para entender y asimilar las cosas verdaderamente importantes de la vida.
Este inicio de año es un buen momento que nos puede ayudar a corregir el curso. No se trata de despreciar la técnica, sino que la razón recupere su propio espacio. Un espacio que no es instrumental, sino moral, ético.
Somos testigos de mucha diversión y poca contemplación. Mucho ruido y pocas nueces. Poca capacidad de valorar lo bueno, lo bello y lo verdadero. Eso es la conciencia, esa cavidad interior que, en el curso de la evolución, no tuvieron los dinosaurios que desaparecieron quizá por “mucho músculo y poca inteligencia”. Estemos atentos a la autorreflexión constructiva y alejemos de nosotros tantos pensamientos negativos que son destructivos.
Poblemos la memoria de bellos recuerdos, pensemos más en los demás y soñemos despiertos. Tutelemos nuestra atención y motivación. Cuidemos nuestra propia red neuronal y la de los nuestros. “Sin ella, probablemente no tendríamos ideas”.
hf@eecr.net
Helena Fonseca Ospina es administradora de negocios.