El PSOE extremeño se parte y agita el rechazo a Sánchez
La federación socialista de Extremadura vive un incipiente conflicto interno producto del batacazo que se llevó en las elecciones autonómicas del pasado 21 de diciembre. La caída de Miguel Ángel Gallardo, que se sentará ante el juez acusado de tráfico de influencias y prevaricación en la contratación del hermano del presidente del Gobierno, ha dejado al PSOE en Extremadura en manos de una gestora que dirige José Luis Quintana, amigo personal de Pedro Sánchez.
Pero dentro del partido hay quien no se resigna a que los socialistas extremeños sigan siendo una sucursal del Palacio de la Moncloa. Los socialistas cacereños intentan ganar peso dentro de una organización cuyos equilibrios de poder han estado siempre balanceados hacia Badajoz. El peso económico y demográfico de esta provincia ha sido determinante. Los dos expresidentes, Guillermo Fernández Vara y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ejercieron su fuerte liderazgo desde el trono pacense. Ahora, con el partido en proceso de hibernación, crece el debate interno sobre el rumbo que debe tomar si algún día quiere volver al poder.
El principal miedo del PSOE en esta región, explican las fuentes consultadas, es que Extremadura firme el mismo cambio sociológico que Andalucía y el PP se termine haciendo con la hegemonía política tras décadas de mando socialista. Todos allí coinciden en que el suelo histórico que firmó Gallardo, que se dejó diez escaños, es culpa de su candidatura. Pero, sobre todo, del «efecto nacional». Pocos esconden que las decisiones que se están tomando en Madrid, así como los escándalos que han cercado al Gobierno han contribuido a que los extremeños le «partieran la cara» al PSOE, como lamentó el expresidente Ibarra en una reciente entrevista.
La denuncia de acoso laboral que una militante socialista remitió al buzón interno de Ferraz contra Quintana, el responsable de la gestora, de Badajoz, se alimenta esa incipiente batalla interna. Aunque fuentes socialistas de esta provincia restan importancia a la militante y niegan que se trate de un ajuste de cuentas. Pero lo cierto es que empiezan a asomar los pretendientes para hacerse con el partido una vez haya terminado el trabajo de la gestora. Y todos quieren abrir en el partido el melón del cambio. Buena parte de los socialistas extremeños saben que seguir vinculados al proyecto político de Sánchez les impedirá regresar al poder. El secretario provincial de Cáceres, Álvaro Sánchez Cotrina, de 40 años, pisa fuerte. Se hizo con las riendas de la provincia sin apenas oposición y sus partidarios destacan sus dotes y su cercanía.
Mientras que el partido en Badajoz, cuyo líder territorial, Manolo Borrego, era muy próximo a Gallardo, está abierto en canal. El alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna –cercano a Sánchez–, está en las quinielas, aunque ha perdido su acta de diputado en el Parlamento autonómico. Pero lo cierto es que no hay una figura fuerte en Badajoz que pueda hacerse con la toda la federación. De hecho, la otra gran favorita para liderar el PSOE extremeño es Lara Garlito –también de Cáceres–, y exrival de Gallardo en las últimas primarias.
Ambos son cercanos. Es más, Garlito hizo campaña en Cáceres y evitó citar en los mítines a Gallardo por su condición de imputado y sus escasas opciones de triunfar en las urnas. En el PSOE extremeño, en cualquier caso, hay quienes temen un «dedazo» que termine aupando a Borrego. Lo que está claro es que dentro del partido constatan el fracaso de la campaña electoral diseñada desde Moncloa y apuntan que las visitas del presidente al territorio durante las últimas semanas perjudicaron en la campaña más que otra cosa. En plata: que no fueron capaces de movilizar al electorado progresista. «El presidente no funciona ya como revulsivo electoral», cuenta un destacado socialista. Lo cierto es que el golpe, no por previsible, fue menos duro. Extremadura está siendo la primera comunidad en afrontar, internamente, la contestación al líder. El próximo 12 de enero, el exministro Jordi Sevilla abrirá el melón en toda España.