Cuba bajo las amenazas de la Casa Blanca
A la luz de los gravísimos hechos en Venezuela y las amenazas paralelas a toda América Latina de que el objetivo es gobernar desde Estados Unidos no solo a la patria de Simón Bolívar, sino a todo el continente, Cuba es vista por Donald Trump y sus secuaces como el próximo paso en la ocupación del continente.
Con ello, la hermosa y cálida isla antillana regresa a sus momentos épicos en los que siempre ha retomado la hidalguía de sus próceres en las guerras de independencia y de la Revolución.
En cada instante de máximo peligro de su integridad territorial e incluso física del pueblo, el espíritu rebelde y patriótico se ha puesto muy por encima de las amenazas y del peligro real siempre presente de una acción de violencia desesperada y de odio inhumano del enemigo, pero el patriotismo innato del cubano lo ha enfrentado valientemente convirtiéndose en paradigma de la resistencia.
No por gusto, el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que la humanidad debe considerarla la Numancia de nuestro tiempo. Cuba le agradece tal definición, aunque hay una gran diferencia entre aquel pueblo celtíbero del Cerro de la Muela en Castilla y León, España, y el de la Mayor de las Antillas.
Los bravos numancios prefirieron suicidarse antes que rendirse a las hordas sanguinarias de Publio Cornelio Escipión Emiliano, mientras que los cubanos, por el contrario, resistirán hasta vencer como han estado haciendo desde el 1ro. de enero de 1959, pasando por invasiones, sabotajes, asesinatos y amenazas nucleares que pudieron desaparecerla y hundirla en el Caribe, ahora ocupado por la Armada estadounidense ilegal e ilegítimamente.
Estados Unidos lleva años preparando el terreno para un holocausto cubano que la Revolución ha tratado de impedir mediante un diálogo inteligente y una negociación difícil por el deseo desquiciante de Washington de destruirla y negarse a admitir que, por el bien de la humanidad y su permanencia como especie, los sagrados principios de soberanía, independencia y libre autodeterminación de los pueblos, deben preservarse por encima de cualquier interés del tipo que sea.
Como acaba de declarar la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en su conferencia de prensa matutina de este 5 de enero, la soberanía y autodeterminación no son opcionales ni negociables, son principios del derecho universal y deben respetarse, y Cuba se siente retratada con esa afirmación.
Las invasiones no deben ser la base de las relaciones internacionales del siglo XXI, no conducen ni a la paz y el desarrollo que deben realizarse con buena fe, justicia y armonía para enfrentar los nuevos desafíos en la competencia económica global. América no pertenece a una doctrina ni a una potencia en particular, sino a todos los pueblos que la componen por el pueblo, recalcó.
Es un mensaje claro que marca los nuevos tiempos los cuales, a su vez, contradicen a la Doctrina Monroe que desenfarda Trump como se hace con las momias, para intentar regresarla a la actualidad, aunque sea un absurdo y un imposible histórico. México no quiere poner sus bardas en remojo por lo de Venezuela con las renovadas amenazas de Trump de dominar el continente y su petróleo, y el abominable Marco Rubio de que «algo habrá que hacer» con ese aguerrido pueblo vecino.
México simplemente advierte, como ha hecho Venezuela, que su petróleo y sus valiosos minerales son de los mexicanos, no de Estados Unidos, y que el robo de 2,3 millones de territorio en la invasión de 1846-1848, no se repetirá ni en 2026 ni en ningún otro año, bajo Trump o cualquier otro enloquecido imperialista.
Y lo mismo hace Cuba, con igual criterio que expresó el héroe de Dien Bien Phu, Vo Nguyen Giap, a una pregunta de este humilde periodista durante la guerra de destrucción de Estados Unidos:
¿Cómo un pueblo de búfalos y arroz puede ganarle la guerra a un imperio con las armas mortales más sofisticadas del mundo? Y el general respondió: «con la cultura milenaria del pueblo y su gran historia».
Cuba, como México, tiene esas dos poderosas armas de los vietnamitas, y un panteón de héroes imperecederos que viven en el corazón de cada mexicano, y de cada cubano. Las amenazas yanquis nunca han atemorizado al pueblo que parió sin fórceps a un Fidel Castro y adoptó a un Che Guevara para demostrar su universalidad.
Para Cuba, como para venezolanos y mexicanos de ley, la unidad nacional es el eslabón fuerte que impedirá que la cadena sea rota por fuerzas del mal. Para los tres pueblos, como para los demás de esta América del Libertador, de Martí y de Fidel, es la hora de los hornos, y se ha de ver, nada más, la luz. Así será, ténganlo por seguro los enemigos del amor y cómplices del odio.