El Concierto de Año Nuevo inaugura 2026 en el Teatro Real
El Teatro Real de Madrid volvió a convertirse el pasado 1 de enero en el epicentro musical de la capital con la celebración del XIII Concierto de Año Nuevo de LA RAZÓN y la Fundación Excelentia, una cita ya consolidada como uno de los grandes acontecimientos culturales del inicio del año. El evento, patrocinado por Telefónica y Santander, reunió a más de 1.700 personas y colgó el cartel de «no hay entradas», confirmando una vez más el éxito de convocatoria de un concierto que se ha ganado un lugar privilegiado en la agenda musical española.
La velada supuso además el cierre de los eventos del día de año nuevo en el Teatro Real, en una jornada festiva marcada por el reencuentro del público con la música en directo y el deseo compartido de comenzar el nuevo año bajo el signo de la cultura. El ambiente en los aledaños del coliseo madrileño y en su interior fue el de las grandes ocasiones: elegancia, expectación y un público fiel que acudió a una cita que ya forma parte de la tradición madrileña.
Antes del inicio del concierto, los asistentes pudieron disfrutar de un exclusivo cóctel en el Salón Falla del Teatro Real, ofrecido por Bodegas Hispano Suizas, donde brindaron por el recién estrenado 2026 con una copa de cava. Este encuentro previo reforzó el carácter social y celebratorio del evento, convirtiéndolo en algo más que un concierto: una experiencia cultural completa que combina música, encuentro y celebración en uno de los espacios más emblemáticos del teatro.
La dirección corrió, una vez más, a cargo del maestro Kynan Johns, al frente de la Orquesta Clásica Santa Cecilia. La compenetración entre el director y la orquesta volvió a quedar patente, ofreciendo una lectura sólida, elegante y llena de matices, especialmente adecuada para el repertorio festivo de la velada. La orquesta cuenta, además, con una destacada trayectoria internacional y ha sido dirigida por figuras de reconocido prestigio como Michail Jurowski, Jean-Jacques Kantorow, Thomas Sanderling, János Kovács, Alexander Polyanichko o Henrik Schaefer, entre otros, lo que avala su calidad y su versatilidad.
Entre la tradición y la sorpresa
El repertorio de esta decimotercera edición destacó por su equilibrio entre la tradición más reconocible del Concierto de Año Nuevo y la inclusión de obras que aportaron variedad estilística y riqueza musical. La apertura con la Danza Eslava 1 de Antonín Dvorak supuso una elección poco habitual en este tipo de programas, introduciendo un aire centroeuropeo distinto, de marcado carácter rítmico y sabor popular, que amplió el horizonte más allá del habitual universo vienés, lo que arrancó una sonora ovación del público, agradeciendo este inicio tan peculiar como sorprendente.
Las páginas de Émile Waldteufel, con piezas como Estudiantina y el siempre evocador vals Los patinadores, aportaron momentos de refinamiento melódico y elegancia, contrastando con el humor chispeante y la vitalidad desbordante de las polkas de la familia Strauss. Obras como La caza, El bosque de Krapfen, Tik-Tak o Bajo truenos y relámpagos pusieron a prueba la precisión, la agilidad y la capacidad expresiva de la orquesta, arrancando sonrisas y aplausos espontáneos de un público entregado.
Especial protagonismo tuvieron las oberturas operísticas, que aportaron un marcado carácter teatral y narrativo al programa. La obertura de Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai, la de Die Fledermaus de Johann Strauss II y la de Barba Azul de Offenbach enriquecieron la velada con contrastes dinámicos, lirismo y brillantez orquestal, mostrando otra faceta del repertorio decimonónico.
Los galopes de Hans Christian Lumbye, como Copenhagen Steamrailway Galopp y Champagne Galopp, añadieron un componente de espectáculo, gracia, diversión y modernidad, evocando el entusiasmo por el progreso, el movimiento y la celebración propios del siglo XIX.
A ellos se sumaron otras piezas de marcado colorido como la Marcha Egipcia de Johann Strauss II o la Carmen Quadrille de Eduard Strauss, que ampliaron el ya rico abanico estilístico y mantuvieron el interés del público a lo largo de toda la velada.
El ritual final del Año Nuevo
Como manda la tradición, el tramo final del concierto estuvo reservado a los grandes himnos del Año Nuevo. El Danubio Azul, interpretado con elegancia y sensibilidad, fue recibido con una prolongada ovación, mientras que la inevitable Marcha Radetzky puso el broche de oro a la noche, con el público participando activamente al ritmo de las palmas, en una comunión festiva que simboliza mejor que ninguna otra pieza el espíritu del inicio de año. De hecho, pareciera que este acompañamiento no fue suficiente, pues el público llenó el liceo con un aplauso final de varios minutos de duración.
El Concierto de Año Nuevo de LA RAZÓN y la Fundación Excelentia volvió así a ejercer de pistoletazo de salida musical del año en el Teatro Real, reafirmando su condición de uno de los mejores conciertos de Año Nuevo de nuestro país. Una cita que, edición tras edición, reúne a familias y amigos en torno a la música clásica, demostrando que tradición, excelencia y celebración siguen siendo una fórmula infalible para recibir al nuevo año.