Urge innovar la política y encabezar causas sociales
En nuestro país la política y los políticos se han desacreditado. A golpe de constancia, la corrupción se ha convertido en sinónimo de «político». La gente ha perdido la fe en la política. Se siente agraviada y engañada. Ha probado todos los colores y, al final, «más de lo mismo».
Esta situación es muy delicada. Está poniendo a prueba el sistema democrático nacional. La exigencia de resultados concretos en beneficio de la gente es un clamor colectivo. La democracia se sustenta en la confianza y en la participación ciudadana. Hoy más que nunca se requiere de conciencia y responsabilidad para hacer viable este sistema político, que garantiza libertad y constituye los cimientos de la República. Un alto porcentaje de la población no participa, no se interesa en los asuntos públicos. Está al margen del acontecer nacional. Tenemos un déficit de ciudadanos. Más de un tercio de la población no sale a votar, son seres invisibles.
El mayor problema es el distanciamiento ciudadano de los partidos políticos. Éstos ya no son interlocutores válidos, se han desgastado. Su voto duro ha sido sustituido por el voto volátil, sin compromiso ideológico. Sus dirigencias se engolosinaron con el pastel, se olvidaron de la militancia, se aristocratizaron y se rodearon de amigos y familiares para cubrir sus puestos de estructura y las candidaturas plurinominales. Hay que rescatar a los partidos políticos de sus secuestradores.
Estos institutos se han convertido en empresas prósperas y rentables. Las generosas prerrogativas que perciben los han transformado en nichos de mercado al servicio de intereses de grupo. Están al margen de los sufrimientos y sueños de la gente. Gómez Morín y Calles lamentarían esta regresión política.
A futuro, se requiere de una reforma política que modernice nuestra democracia y transforme a los partidos. Entre otros cambios, se debe romper el monopolio de los registros para las candidaturas a puestos de elección popular y, en paralelo, eliminar la gran cantidad de requisitos que actualmente hay que cubrir para poder contender como independientes en los procesos electorales. En el caso de los plurinominales, dotarlos de legitimidad democrática designando a los que obtuvieron el segundo lugar en la votación. También es importante que estos institutos políticos se sometan a un proceso de descentralización operativa hacia los estados y municipios. Ahí está la fuerza ciudadana, la realidad nacional.
Llegó la hora de que se imponga la rebeldía democrática de estados y municipios, estableciendo nuevas maneras de participación. Es momento de cambiar las formas tradicionales de hacer política, innovarlas, crear organizaciones locales que encabecen las causas de la gente. Demostrar, en los hechos, que al lado de las y los ciudadanos podemos lograr mayor bienestar social.
Ante la realidad nacional de gran polarización y la proximidad del proceso electoral de 2024 era la gran oportunidad de los partidos para abrirse, reivindicarse y mostrar una nueva cara ante la sociedad civil, tomándola en cuenta, para buscar candidaturas con prestigio y arraigo popular.
Ante esta impronta política, el grotesco espectáculo que están dando los partidos es para Ripley. El PRI vs MC, MC vs el PRI, «máscara contra cabellera». El PAN pidiendo un millón de firmas para elegir a su candidato. Ridículo y de gran irresponsabilidad.
Ya lo hemos señalado: estamos atrapados en las redes de los viejos modos de hacer política. Hay que romperlas y convocar al cambio buscando nuevas trincheras de lucha ciudadana. Están dadas las condiciones para el florecimiento de nuevos liderazgos capaces de asumir el reto, el desafío del porvenir.