Moncloa denuncia un auto judicial “impropio de una democracia” en el caso Begoña Gómez
Hace tiempo que en Moncloa no disimulan. El Gobierno ha decidido ir al choque abierto tras el último movimiento del juez Juan Carlos Peinado en la causa que afecta a Begoña Gómez, esposa del jefe del Ejecutivo, que ha sido procesada por el togado por la supuesta comisión de cuatro delitos.
Lo que en un primer momento era malestar contenido ha derivado este lunes en una denuncia explícita contra el tono del auto, que en el entorno del presidente consideran “impropio de una democracia”, pero también de sus instituciones y de la propia separación de poderes.
El magistrado ha decidido cerrar la instrucción y dar un paso más: ha propuesto sentar en el banquillo a Gómez por delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida. Un movimiento de alto voltaje político que en el Gobierno se interpreta menos en clave jurídica que en clave de timing.
En Moncloa no creen en las casualidades. Subrayan que el auto llega justo cuando Gómez acompaña a Pedro Sánchez en un viaje oficial a China. No es, sostienen, la primera vez. Las fuentes consultadas recuerdan precedentes similares en desplazamientos a Nueva York, Brasil o India, donde —según su relato— decisiones clave del instructor coincidieron con la agenda internacional del presidente.
Pero más allá de las sospechas sobre el calendario, lo que realmente ha encendido al Ejecutivo es el lenguaje. En concreto, un párrafo del auto que compara las conductas investigadas con prácticas “más propias de regímenes absolutistas” y que incluso evoca el reinado de Fernando VII para justificar una interpretación jurídica.
Ese pasaje ha cruzado, a juicio del Gobierno, una línea roja. En privado y en público lo califican de “lamentable”. Y van más allá: entienden que no solo desborda el terreno técnico, sino que erosiona los principios básicos del sistema institucional.
En Moncloa, el diagnóstico es claro: no cuestionan solo el fondo, sino también las formas. Y ahí, sostienen, el auto entra en un terreno que consideran ajeno a una democracia consolidada.
El PSOE eleva el tono contra Juan Carlos Peinado
El PSOE ha optado por elevar el tono. En Ferraz dicen ver una “casualidad demasiado oportuna”. Y todo porque el auto coincide con el momento en que el caso Kitchen golpea al Partido Popular y a su expresidente Mariano Rajoy, al que un investigador ha vinculado con el alias de “el Asturiano”
Los socialistas, además, ponen en cuestión la propia instrucción. Hablan de una causa “errática y prospectiva”, recuerdan los varapalos de la Audiencia Provincial de Madrid —con diligencias anuladas por falta de indicios— y denuncian una asimetría en la actuación judicial: ven “inquina” en el seguimiento a Gómez frente a la “pasividad” en otras investigaciones, como la que afecta a Alberto González Amador.
Con ese telón de fondo, el PSOE endurece el discurso y sitúa el caso en una estrategia más amplia. Atribuye el origen de la causa a la denuncia de Manos Limpias y habla abiertamente de “acoso y derribo” contra el presidente, incluso utilizando a su entorno familiar. Pese al ruido, en Ferraz cierran filas: defienden la “intachabilidad” de la actividad profesional de Gómez y sostienen que, con el tiempo, la causa acabará desinflándose.