La guerra se vuelve insostenible: El costo político, humano y económico de la ofensiva de Trump en Irán
Cuarenta y un días después de que los primeros bombardeos estremecieran Teherán sin previo aviso, el mundo aguardó esta noche con la respiración contenida el vencimiento del ultimátum que Donald Trump había impuesto a Irán: abrir el estrecho de Ormuz o sufrir la destrucción total de su red eléctrica y sus puentes. Minutos antes de las 8 de la tarde, hora de Washington, el presidente republicano anunció en Truth Social una tregua de dos semanas, mediada a último momento por Pakistán.
El costo humano
La Operación Furia Épica, como bautizó la Casa Blanca a la ofensiva conjunta con Israel, comenzó el 28 de febrero con ataques aéreos sorpresivos sobre Irán mientras las negociaciones diplomáticas aún estaban en curso en Ginebra. La primera víctima de alto perfil fue el propio líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Desde entonces, el Ministerio de Salud persa ha documentado más de 2.000 muertos en el país, según la Media Luna Roja. Entre los fallecidos hay al menos 220 menores de edad y al menos 254 mujeres fueron asesinadas.
Un representante de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) informó que 17 instalaciones de la organización han sido impactadas y que alrededor de 100 ambulancias han quedado dañadas o destruidas. “No son solo vehículos. A menudo son la única esperanza que tienen las personas cuando caen las bombas”, afirmó Maria Martinez, jefa de la delegación en ese país.
La guerra no se quedó dentro de las fronteras iraníes. En Líbano, donde Israel intensificó sus operaciones contra Hezbollah desde el 2 de marzo, ya suman más de 1.800 muertos, entre ellos al menos 130 niños. Trece soldados estadounidenses murieron en distintos incidentes operativos, incluyendo seis tripulantes de un avión cisterna KC-135 que se estrelló en Irak. Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Arabia Saudita e incluso Turquía registraron impactos de misiles y drones iraníes de represalia.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que el conflicto en Oriente Medio podría empujar a al menos 45 millones de personas a la inseguridad alimentaria, elevando el total global de personas con hambre a más de 360 millones. Señaló que el impacto se debe al alza de los precios de la energía y a las interrupciones en el suministro de petróleo, gas y fertilizantes. El FMI estima que la demanda de ayuda adicional podría situarse entre 20.000 y 50.000 millones de dólares, dependiendo de la estabilidad del alto el fuego.
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El costo político
Trump emprendió la acción militar sin consultar al Congreso y sin avisar a sus aliados. La ausencia de un casus belli claro —los propios funcionarios de su administración ofrecieron razones cambiantes, desde destruir el programa nuclear islámico hasta apoderarse del petróleo— generó una crisis de legitimidad.
Cinco semanas después del inicio del conflicto, esta se libra sin el respaldo formal de la rama legislativa estadounidense. Y su aprobación en las encuestas cayó a su nivel más bajo desde que asumió su nuevo mandato.
Francia, Italia y España rechazaron participar en las operaciones o facilitar infraestructuras militares. Italia —cuya primera ministra, Giorgia Meloni, es considerada una de sus aliadas más cercanas en Europa— bloqueó el uso de una base militar en Sicilia para aeronaves estadounidenses. “Esta vez, no estamos de acuerdo”, declaró Meloni con una franqueza inusual.
Trump respondió con una artillería verbal contra sus propios aliados. “Japón no nos ayudó. Australia no nos ayudó. Corea del Sur no nos ayudó. La OTAN no hizo absolutamente nada”, enumeró en conferencia de prensa el lunes 6 de abril, mientras amenazaba con retirar a EE. UU. de la Alianza Atlántica, a la que llamó “un tigre de papel”. El único alivio diplomático llegó desde Islamabad.
El costo económico
El cierre de facto del estrecho de Ormuz —el angosto corredor por donde transita el 20% del petróleo mundial y una quinta parte del gas natural licuado— ha desencadenado el mayor shock energético desde el embargo árabe de la década de 1970, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Cuando comenzó la guerra, el barril de Brent cotizaba en torno a los US$71 y en el transcurso de los días superó los US$110.
El tráfico por la vía marítima se desplomó inicialmente un 70%, con más de 150 buques fondeados fuera de la vía esperando que amaine el peligro. Los ataques iraníes del 18 de marzo contra infraestructura energética del Golfo Pérsico destruyeron entre el 30% y el 40% de la capacidad de refinado regional, eliminando unos 11 millones de barriles diarios del mercado mundial. Para abril, más de 9 millones de barriles diarios permanecen fuera de circulación, según la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA).
En Europa, los precios del gas subieron un 70% y los del petróleo un 50%, con una factura adicional de 13.000 millones de euros en importaciones de combustibles. En Asia, Corea del Sur activó un programa de estabilización de mercado de US$68.000 millones. Japón, que depende de la región para el 90% de sus importaciones de crudo, enfrenta una crisis de abastecimiento sin precedentes. En América Latina, el precio de la gasolina subió más de un 30% en varios países.
El presidente de JPMorgan, Jamie Dimon, advirtió en su carta anual a accionistas que la confrontación podría desencadenar “otra ronda de inflación persistente y tasas de interés más altas”, con el riesgo de sumir a la economía estadounidense en una recesión.
La noticia de la tregua desató un alivio inmediato en los mercados: el Dow Jones registró su mejor jornada en un año. Sin embargo, ese respiro fue breve. Irán volvió a cerrar el paso del estrecho de Ormuz, alegando que la ofensiva de Israel en Líbano vulnera el espíritu del acuerdo, mientras Washington advirtió que mantiene “todas las opciones sobre la mesa”.
La reciente ola de ataques israelíes, que dejó más de 200 muertos, ha puesto en riesgo el frágil alto el fuego. El vicepresidente JD Vance, quien encabezará la delegación estadounidense en Islamabad, sostuvo que Líbano no forma parte de la tregua. Pakistán, mediador del acuerdo, afirma lo contrario, mientras Irán advierte que esta discrepancia podría hacer colapsar el pacto.