Una gastroenteróloga de Harvard propone tres claves para mejorar la salud intestinal y acabar con el tabú de ir al baño
Aunque la digestión forma parte de la vida diaria, sigue siendo uno de los grandes tabúes contemporáneos. La mayoría evita hablar de estreñimiento, diarrea o dolor abdominal incluso cuando los síntomas se prolongan durante semanas. Un estudio reciente de la empresa de probióticos británica Symprove revela que uno de cada cuatro británicos espera hasta un mes antes de consultar a un médico por problemas digestivos, y que el 84% solo utiliza el baño en su propia casa, aun cuando eso implique aguantarse durante horas.
La gastroenteróloga Trisha Pasricha, investigadora del Centro Médico Beth Israel Deaconess y profesora en la Facultad de Medicina de Harvard, asegura que este silencio dificulta el diagnóstico y el tratamiento. Para romper ese tabú y ayudar a los pacientes a comprender qué ocurre en su cuerpo, ha desarrollado un marco sencillo: las tres claves de la defecación. Su método aparece detallado en su libro Has estado defecando mal, donde explica que la salud intestinal depende del equilibrio entre propulsión, flexibilidad y suelo pélvico.
La primera se refiere a la fuerza que impulsa las heces a través del colon. El cuerpo genera varias veces al día contracciones de alta amplitud, especialmente por la mañana o después de comer, hacer ejercicio o tomar café. Ignorar esas señales —por vergüenza, incomodidad o falta de acceso a un baño— interrumpe el proceso natural y favorece problemas como hemorroides o esfuerzos excesivos. Pasricha recomienda establecer una rutina, acudir al baño cuando surge la necesidad y evitar el uso del teléfono, que prolonga innecesariamente el tiempo sentado.
La segunda se centra en la consistencia de las heces, que depende de la cantidad de agua que el colon absorbe. Una dieta pobre en fibra o una hidratación insuficiente endurecen los desechos y dificultan su expulsión. Las guías del NHS británico recomiendan entre 6 y 8 vasos de líquido al día, además de unos 30 gramos de fibra procedente de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos o semillas. Si la dieta no es suficiente, la especialista sugiere recurrir a suplementos como el psyllium.
La tercera aborda un aspecto menos conocido: el papel del suelo pélvico. La fisioterapeuta Rosie Cardale explica que el músculo puborrectal rodea el recto y mantiene una curvatura que favorece la continencia. Para evacuar, ese músculo debe relajarse, algo que se facilita con una postura adecuada. La posición de cuclillas es la más eficaz, pero puede imitarse elevando las rodillas por encima de las caderas con un reposapiés. Pasricha añade una técnica de respiración que ayuda a iniciar el movimiento intestinal mediante un aumento controlado de la presión abdominal.
Un enfoque práctico para mejorar la salud intestinal
La especialista insiste en que pequeños cambios en estas tres áreas pueden mejorar notablemente la salud digestiva sin necesidad de medicación. Sin embargo, si los síntomas persisten durante más de dos meses o aparecen señales de alarma como dolor intenso o sangrado, es fundamental consultar a un profesional sanitario. En casos complejos, terapias como la biorretroalimentación pueden ayudar a reeducar el suelo pélvico y mejorar la coordinación muscular.