La guerra de Irán golpea en España a sectores vitales que amenazan el futuro de empresas y el bolsillo de los hogares
El estrecho de Ormuz acumulaba hasta el estallido del conflicto en Oriente Medio el tráfico del 20% del crudo mundial, del 30% del gas, casi el 40% del comercio con Asia, el 35% de las materias primas esenciales, un tercio de la urea mundial o el 45% del azufre global. En estos momentos, ese tránsito o se ha paralizado o busca alternativas más caras, que dispararán el valor de los insumos, el precio del transporte y los costes energéticos. La consecuencia directa es que el impacto negativo en sectores vitales para la producción industrial española puede derivar en cierre de empresas, pérdida de empleos o en un incremento de precios y costes inasumible para empresas y consumidores.
Un caos que sacudirá especialmente a sectores de alta empleabilidad y fuerte impacto en el PIB, aunque el Gobierno minimice el golpe a nuestra economía aduciendo que nuestra dependencia con el comercio y la producción energética de la zona de conflicto es limitada. Son muchos los sectores que pueden sufrir consecuencias severas. La industria agroalimentaria, el sector del plástico, la construcción, el sector juguetero, el auxiliar de automoción o el transporte de mercancías ya empiezan a notar los efectos del parón en Ormuz por el aumento del precio de las materias primas y el aumento de la volatilidad. Si se alarga el conflicto, se podría producir un «efecto cascada» que dispare la inflación, los costes y los precios.
Varios estudios –basados en datos de CRU y Kpler– alertan ya de que la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz han abierto una crisis potencialmente más grave que la vivida tras la pandemia o con el inicio de la invasión de Ucrania en el sector agroalimentario europeo. La interrupción del suministro habitual de fertilizantes amenaza con generar una subida significativa de costes en toda la cadena alimentaria, desde la producción agrícola hasta el precio final en el lineal del supermercado.
Las exportaciones diarias de fertilizantes se han desplomado desde niveles de 100-200 unidades diarias a prácticamente cero en cuestión de semanas, ya que por ese corredor marítimo transitaba aproximadamente un tercio de las exportaciones globales de urea –el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo– y el 45% de las exportaciones mundiales de azufre –materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados–. El mercado español de agroinsumos está valorado en aproximadamente 5.600 millones de euros, por lo que en un escenario de corta duración –de uno a tres meses–, los fertilizantes podrían encarecerse entre un 30% y un 50%, mientras que en un escenario prolongado –más de seis meses– el incremento podría situarse entre el 150% y el 200%, superando los niveles alcanzados en la crisis anterior.
Sectores como el del plástico recalcan la gravedad del problema, pues el precio de las materias primas plásticas ha aumentado al menos un 30% y el 60% de las empresas declara retrasos en el suministro de estos productos. Como consecuencia de ello, el 38% de las compañías del sector aguantaría menos de un mes esta situación a la que no le ven solución, puesto que el PVC o el polietileno han llegado a duplicar su valor, al limitarse el «stock» importado desde EE UU y Asia y no llegar el del Golfo Pérsico. «La situación es bastante negativa. Se ha abierto una ventana de esperanza, pero si continúa como hasta ahora, habrá problemas de producción en productos como los envases del día a día», reconoce a Efe Isabel Goyena, directora general de la patronal del sector, Anaip.
Otros segmentos industriales afectados por el precio de las materias primas son la construcción o la automoción. Las patronales CNC y Seopan reclaman medidas para evitar un freno en la actividad constructora ante la previsible escalada de precios del acero, el aluminio, la madera o el asfalto, que pueden poner en riesgo la viabilidad de los contratos y frenar la ejecución de viviendas e infraestructuras. Por su parte, la industria de proveedores de automoción reconoce que el cierre del Estrecho genera una presión simultánea sobre los costes energéticos, el transporte y el aprovisionamiento de materias primas. Desde Sernauto advierten de que «no solo se elevan costes, sino que introduce incertidumbre en la planificación y en las cadenas de suministro». Desde esta patronal recuerdan que más del 60% de la facturación del sector se destina a mercados exteriores, lo que «nos hace particularmente sensibles a cualquier alteración en el comercio internacional o a los costes energéticos».
Otro de los sectores que siempre sufre con cualquier alteración de las cadenas de suministro es el campo. Las organizaciones agrarias avisan ya de que el encarecimiento se trasladará progresivamente al consumidor de forma desigual según el tipo de cultivo. Los de invernadero –como tomate, pimiento o pepino, especialmente intensivos en el uso de insumos–, podrían registrar incrementos de entre el 15% y el 25%. Otros productos como las hortalizas de hoja experimentarían subidas de entre el 12% y el 20%, mientras que categorías como el aceite de oliva, frutas frescas o cereales también se verán afectadas, aunque en menor medida. También se resentirán las exportaciones, con pérdidas millonarias en sus ingresos procedentes de la región del Golfo Pérsico, el 10% del total.
El impacto en otros sectores será también «inmediato y muy severo», como en el transporte por los precios del combustible, que se ha disparado pese al mínimo alivio de las rebajas aprobadas por el Gobierno, pero que no cubren la diferencia de precio. También avisan de afectación en los costes y aumento de futuros precios la patronal de conservas pesqueras, Anfaco-Cytma, cuyo impacto dependerá de la duración del conflicto.
Por otra parte, el impacto será especialmente intenso en los agricultores individuales, que representan la mayor parte del sector y operan con márgenes muy ajustados. Durante la crisis anterior, muchos productores redujeron el uso de insumos para contener costes, una estrategia que previsiblemente se repetirá, con el riesgo añadido de abandono de explotaciones pequeñas. También se resentirán las exportaciones, especialmente el aceite y la aceituna, que ya auguran pérdidas millonarias en sus ingresos procedentes de la región del Golfo Pérsico, el 10% del total.
El sector juguetero, que tiene en estas fechas el mayor movimiento del año para almacenar provisiones de cara al verano, se ha visto afectado al restringirse el producto importado del Sudeste Asiático, una situación que ha empujado al alza los costes por la subida de los fletes. "Quien se aprovisionara antes del conflicto, se ha ahorrado entre un 15% y un 20 % de los costes", recalcan a Efe desde la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ).