El gasto en defensa impulsará la economía española, pero no todos se beneficiarán por igual
El aumento del gasto en defensa en España ya no es solo una cuestión militar. También empieza a perfilarse como un factor económico con capacidad para empujar actividad en la industria, la tecnología y los servicios avanzados, aunque con un reparto muy desigual entre comunidades. Un informe de BBVA Research sostiene que el plan del Gobierno para alcanzar en 2025 un gasto en defensa equivalente al 2% del PIB puede aportar 0,1 puntos al crecimiento este año y 0,3 puntos en 2026.
La señal más visible de ese giro llegó al cierre del año pasado. Según el servicio de estudios de BBVA, los datos de ejecución presupuestaria apuntan a una aceleración del gasto especialmente desde mayo de 2025. Y aunque las licitaciones todavía no dibujan una senda sostenida de aumento, diciembre dejó un salto de escala: ese mes se licitaron y adjudicaron casi 21.000 millones de euros, una cifra sin precedentes.
Pero el informe pone el foco en una idea menos evidente: el dinero no se quedará solo en las empresas que fabrican armas, municiones, buques, aeronaves o vehículos militares. El efecto, sostiene BBVA Research, se extenderá a una red mucho más amplia de compañías que suministran piezas, tecnología, mantenimiento, infraestructuras o servicios especializados. Entre los sectores con beneficios indirectos aparecen los componentes electrónicos y ópticos, la maquinaria, la metalurgia y otros materiales, algunos productos textiles y ropa de trabajo, además de telecomunicaciones, infraestructuras, reparación y mantenimiento, e I+D e ingeniería.
Ese es precisamente uno de los hallazgos centrales del documento. Cuando se tienen en cuenta los efectos indirectos sobre la cadena de suministro, el peso potencial del gasto en defensa se multiplica: pasa del 1% al 11% en la producción de bienes manufacturados y del 0,4% al 16% en el valor añadido empresarial. Dicho de otro modo, el impacto económico no se limitaría a la industria militar clásica, sino que alcanzaría también a actividades de mayor contenido tecnológico y de servicios.
La propia contratación pública reciente refuerza esa idea. Entre 2022 y 2024, la industria aeronáutica y la fabricación de armas y municiones concentraron el 50% del importe adjudicado en los contratos de defensa analizados por BBVA Research. Pero junto a ellas ganaron peso otras ramas, como las telecomunicaciones, la informática, la fabricación de vehículos de motor, los componentes y otra maquinaria.
No todo son buenas noticias para la economía española. El informe advierte de que buena parte de estas actividades arrastra una dependencia importadora superior a la media, especialmente en productos químicos y en otros medios de transporte.
También las exportaciones de estos sectores muestran un mayor contenido de insumos extranjeros. Eso reduce el valor añadido que finalmente se queda en España y limita el efecto tractor del gasto.
Las comunidades mejor situadas
El mapa regional también deja ganadores claros. Si se toma como referencia el número de empresas vinculadas directa e indirectamente a la defensa, País Vasco, Navarra, Madrid y Cataluña aparecen como las comunidades mejor situadas para captar el impulso de este mayor gasto. En el extremo contrario, el sur peninsular y Canarias quedarían rezagados.
Aun así, el reparto cambia según el tipo de actividad. En bienes, el informe destaca el peso de País Vasco, Murcia y Galicia en las industrias directamente relacionadas con la defensa, mientras que al incorporar los efectos indirectos gana presencia también el Mediterráneo. Navarra, País Vasco y la Comunidad Valenciana sobresalen en otros componentes, como metalurgia y materiales, y Castilla-La Mancha, Cataluña y Murcia lo hacen en otros bienes, sobre todo textiles.
En servicios, lideran País Vasco, Navarra y Madrid, especialmente por su fortaleza en I+D, mientras que las telecomunicaciones tienen un peso diferencial en Madrid y, en menor medida, en Cataluña.
El informe añade, además, que España parte con desventaja frente a otras economías europeas. Alemania, Francia, Italia o Finlandia están mejor posicionadas para aprovechar el aumento del gasto militar porque cuentan con una base industrial más integrada en defensa y una menor dependencia exterior. España, en cambio, figura entre los países con menor capacidad para capturar esos efectos secundarios.
La conclusión es doble. El gasto en defensa puede convertirse en un apoyo relevante para la economía española en los próximos años. Pero también puede agrandar desequilibrios ya existentes: entre industria y servicios, entre territorios con músculo tecnológico y regiones con menos tejido productivo, y entre un modelo capaz de retener valor añadido y otro demasiado dependiente del exterior. La defensa, en ese sentido, ya no solo habla de seguridad. También habla de estructura económica.