China ya no solo vende coches: ahora quiere fabricarlos con sello español
España puede estar ante uno de los movimientos más relevantes de los últimos años en la automoción. Omoda y Jaecoo, dos de las marcas del gigante chino Chery que más rápido han crecido en el mercado español, han confirmado que mantienen su intención de fabricar vehículos en la antigua planta de Nissan de la Zona Franca de Barcelona, hoy integrada en el ecosistema industrial de Ebro.
No hay todavía una fecha definitiva sobre la mesa, pero el mensaje lanzado por la compañía es claro: el plan sigue vivo y la voluntad es arrancar cuanto antes. Y no se trata de una cuestión menor. Porque más allá del éxito comercial de estas enseñas asiáticas, la verdadera noticia es otra: las marcas chinas han empezado a ver a España no solo como un mercado donde vender, sino como un país estratégico donde producir.
Ese cambio de enfoque puede alterar profundamente el tablero del automóvil en Europa.
De vender coches a levantar industria
El vicepresidente de Omoda & Jaecoo España, Francesco Colonnese, ha ratificado en una entrevista con Europa Press que la compañía mantiene su hoja de ruta para ensamblar en Barcelona modelos de ambas marcas.
La declaración tiene una lectura mucho más profunda que la mera ampliación de negocio. Durante años, la industria europea ha observado con recelo el avance de los fabricantes chinos, sobre todo por su capacidad para irrumpir con precios competitivos, una elevada carga tecnológica y una ofensiva comercial cada vez más agresiva. Pero ahora se abre una fase distinta.
Cuando una marca china decide fabricar en España, deja de ser solo un competidor externo y pasa a convertirse en actor industrial dentro del país. Y eso cambia muchas cosas: empleo, cadena de proveedores, logística, fiscalidad, red comercial e incluso percepción del consumidor.
No es casualidad que desde la compañía insistan en una idea muy concreta: “No somos solo chinos”. El mensaje encierra una estrategia perfectamente reconocible. Omoda y Jaecoo saben que una parte del cliente español todavía mantiene ciertas reservas con respecto al origen de algunos fabricantes asiáticos. Y por eso la producción nacional se convierte en una herramienta de legitimación de primer nivel.
Fabricar en Barcelona no solo sirve para poner coches en la calle. Sirve para ganar confianza.
Barcelona, símbolo de una nueva etapa
La antigua planta de Nissan se ha convertido en uno de los símbolos de la transformación del automóvil en España. Lo que durante años fue una factoría emblemática de la industria japonesa puede convertirse ahora en una de las puertas de entrada de la nueva ofensiva china en Europa.
En este contexto, la actividad ya en marcha de Ebro en la Zona Franca es clave para entender el momento. La histórica marca española, reactivada en colaboración con el grupo Chery, ya ha iniciado la producción de sus primeros modelos SUV en estas instalaciones, ensamblando vehículos con tecnología compartida del gigante asiático. Este arranque industrial, todavía en fase inicial, ha permitido reactivar parte del empleo y demostrar que la planta tiene viabilidad real, funcionando como antesala del posible desembarco a mayor escala de Omoda y Jaecoo.
Y ahí hay una derivada política e industrial de enorme relevancia. España necesita mantener músculo productivo en un momento en el que la electrificación, la competencia asiática y la incertidumbre geopolítica están obligando a reordenar todo el sector. En ese contexto, atraer fabricación es mucho más importante que atraer solo matriculaciones.
Porque vender coches genera negocio, sí. Pero fabricarlos genera país.
La instalación de producción de Omoda y Jaecoo en Barcelona supondría, además, una señal de enorme peso para el resto del ecosistema chino del automóvil. Si el proyecto se consolida y funciona, puede abrir la puerta a que otras marcas sigan el mismo camino y vean España como una base industrial y no únicamente comercial.
Ese es el verdadero partido que se está jugando.
El cliente español ya ha abierto la puerta
La apuesta industrial de Chery llega, además, respaldada por unos números que explican por qué España se ha convertido en un mercado prioritario para el grupo. Desde la llegada de Omoda en febrero de 2024 y de Jaecoo en septiembre del mismo año, la firma ha conseguido construir una red de 105 puntos de venta y cerrar 2025 con cerca de 24.000 unidades entregadas.
La compañía roza ya, además, la barrera de las 40.000 matriculaciones acumuladas desde su desembarco, una cifra muy considerable para dos marcas prácticamente desconocidas hace apenas dos años.
Ese ritmo de crecimiento ha sorprendido incluso dentro del propio sector. Y explica por qué Chery quiere dar un paso más. Porque el éxito comercial es la condición necesaria para justificar una implantación industrial. Sin ventas, no hay fábrica. Pero con ventas sostenidas, red consolidada y notoriedad creciente, la ecuación cambia.
En otras palabras: Omoda y Jaecoo ya han demostrado que pueden vender en España. Ahora quieren demostrar que también pueden echar raíces aquí.
La gran batalla: dejar de ser “coches chinos” para convertirse en coches hechos en España
Hay un factor reputacional que no se puede ignorar. Aunque las marcas chinas han ganado terreno a una velocidad enorme, todavía existe en una parte del mercado europeo una asociación automática entre “producto chino” y desconfianza.
Es una barrera que poco a poco se va deshaciendo, pero que todavía pesa. Por eso, desde el punto de vista estratégico, fabricar en España tiene un valor mucho mayor que el puramente logístico.
No es lo mismo vender un SUV llegado desde Asia que comercializar un vehículo configurado o ensamblado en Barcelona, con impacto en el empleo local y con sello industrial español. El relato cambia. Y en el automóvil, el relato importa.
En realidad, eso es lo que están entendiendo con rapidez las nuevas marcas asiáticas: para competir de verdad en Europa no basta con ofrecer pantallas grandes, equipamiento abundante y precios ajustados. También hace falta arraigo industrial.
Y ahí España puede jugar una baza fundamental.
Un movimiento clave también para las ayudas públicas
La producción en territorio nacional tiene además otra derivada muy concreta: el acceso a incentivos y la relación con los planes públicos de apoyo al automóvil electrificado.
Omoda & Jaecoo han valorado de forma positiva el nuevo Plan Auto+ impulsado por el Gobierno, aunque reconocen que su actual estructura productiva les penaliza. El programa está diseñado en torno a varios criterios vinculados a la electrificación y a la fabricación europea, y ahí las marcas de origen chino parten con una desventaja evidente.
Dicho de otro modo: fabricar en España no solo mejora imagen y empleo, también puede mejorar competitividad comercial.
Y eso explica por qué la industrialización no es un elemento accesorio, sino una pieza central del plan. En un mercado en el que el precio final y las ayudas pueden inclinar la balanza, producir dentro del perímetro europeo deja de ser una opción deseable para convertirse en una necesidad estratégica.
2026: el año en que China quiere dejar de ser una anécdota en España
El ejercicio 2026 apunta a ser el año de la consolidación definitiva de las marcas chinas en el mercado español. Ya no se trata de una irrupción puntual o de una moda pasajera. Todo apunta a una transformación estructural.
Casi una decena de enseñas de origen chino preparan su asentamiento o expansión en España, mientras Chery sigue ampliando su ofensiva con nuevas marcas como Lepas. El propio Colonnese admite que este fenómeno está “reconfigurando el tablero competitivo”.
Y probablemente tenga razón. Porque la gran amenaza para los fabricantes tradicionales ya no está solo en el precio. Está en la velocidad de ejecución. Las firmas chinas están demostrando una capacidad de reacción, lanzamiento de producto y adaptación al mercado muy superior a la de muchos grupos históricos.
Pero si además de vender empiezan a fabricar dentro de España, el escenario cambia de dimensión. Ya no serán solo rivales comerciales. Serán también competidores industriales directos.
Y eso obliga a toda la industria a moverse.
Electrificación, tecnología y una receta muy clara
En paralelo a su estrategia industrial, Omoda y Jaecoo quieren seguir creciendo apoyándose en una receta que hasta ahora les está funcionando: mucho equipamiento, diseño llamativo, tecnología abundante y versiones electrificadas a precios competitivos.
La firma está poniendo especial énfasis en su tecnología SHS para híbridos e híbridos enchufables, un terreno especialmente sensible en España, donde la electrificación avanza, pero a un ritmo todavía más lento que en otros grandes mercados europeos.
Ese posicionamiento no es casual. Mientras el coche 100% eléctrico sigue encontrando resistencias en buena parte del comprador medio, los híbridos enchufables y las fórmulas intermedias se están consolidando como una solución de transición con gran aceptación.
Y ahí las marcas chinas están sabiendo leer mejor que nadie el momento del mercado.
La hoja de ruta de Omoda & Jaecoo para los próximos meses incluye la llegada del Omoda 4, previsto para finales de año dentro del competido segmento C-SUV, además del impulso comercial del Omoda 7 y el Jaecoo 8, ambos con tecnología híbrida enchufable.
La noticia no es solo Omoda: la noticia es España
Más allá de modelos, ventas y lanzamientos, la clave está en otro punto. La gran noticia no es únicamente que Omoda y Jaecoo quieran fabricar en Barcelona. La gran noticia es que España vuelve a aparecer en el radar industrial de los gigantes del automóvil.
Y eso, en plena reconversión del sector, vale oro.
Porque si las marcas chinas empiezan a producir aquí, España puede convertirse en una de las plataformas más importantes del sur de Europa para la nueva movilidad. No será un proceso automático ni exento de riesgos, pero sí una oportunidad de primer orden.
En un momento en el que Europa teme perder peso frente a Asia, lograr que parte de ese músculo industrial se instale en suelo español puede convertirse en una de las mejores noticias para el empleo, la industria auxiliar y el futuro del automóvil.
Por eso Barcelona no solo se juega una fábrica. España se juega una posición.