La trampa del pago mínimo
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
La tarjeta de crédito es un producto financiero que surge a mediados del siglo XX en New York con el nombre de Diners Club. Su origen nace de una casualidad que involucró al empresario estadounidense Frank McNamara. El mismo se encontraba en un restaurante con unos amigos y, al momento de pagar, observó que había dejado la cartera de uso personal.
Los comercios comenzaron a recibir tarjetas de crédito a partir de 1951. Inicialmente, el crédito fue facilitado a empresarios para que pudieran usarlo en los restaurantes de la zona, pero luego, en 1958, Bank of America lanzó su tarjeta BankAmericard, la cual permitía el acceso a más bienes y servicios.
Luego, con el tiempo y el alcance de las nuevas tecnologías, las tarjetas de crédito fueron construyendo su base y expandiéndose en todo el mundo, siendo hoy uno de los productos financieros más utilizados dentro de la banca moderna, permitiendo que muchas personas puedan acceder a bienes y servicios a crédito.
Aunque la tarjeta de crédito inició cobrándole una comisión al establecimiento y un cargo de mantenimiento anual de tres dólares al usuario, hoy podemos observar que estas actualmente tienen otros matices que se deben entender para no caer en algunas trampas.
Las tarjetas de crédito actuales tienen un pago mínimo que le permite al usuario evitar caer en atraso, pero no evitar los intereses por financiamiento. Este es un recurso que utilizan las personas de forma recurrente debido a que, en muchos casos, su salario no les permite poder pagar el balance al corte.
El pago mínimo solo es un esquema que le permite a la banca obtener mayores beneficios y que el cliente sienta que se encuentra al día en el pago de la tarjeta de crédito, creando un círculo vicioso que solo garantiza estancamiento económico a muchas familias.
Es necesario construir una educación financiera integral para que los usuarios de las tarjetas de crédito comprendan la utilización de este producto financiero y así eviten moras e intereses por financiamiento, pero también ser un poco más críticos del sistema que crea las condiciones para que esta trampa financiera funcione.
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