La pyme española resiste con menos margen, más presión y mayor riesgo estructural
La pequeña y mediana empresa española sigue funcionando. Produce,
vende, mantiene empleo y sostiene buena parte de la actividad económica del
país. El flujo de más de 100.000 millones de euros que entran del turismo y un
superávit exterior superior a los 60.000 millones de euros anuales permiten
engrasar las cuentas de resultados de las empresas, especialmente las grandes y
medianas. Pero lo hace en un contexto que, lejos de acompañar ese esfuerzo,
está introduciendo cada vez más presión, más complejidad y más riesgo
estructural.
El Barómetro de primavera de 2026 del Consejo General de los Colegios
de Gestores Administrativos, elaborado a partir de una muestra representativa
de gestores administrativos, que ofrece un 95,5% de nivel de confianza y un
6,05% de error muestral máximo, dibuja una realidad que no es de crisis
inmediata (exactamente igual que sucede con el dibujo general del ciclo
económico), pero sí de desgaste progresivo: una economía que resiste
coyunturalmente, pero cada vez con menor margen.
“El problema no es la empresa. La pyme española está respondiendo. El
problema es el entorno en el que tiene que hacerlo”, afirma Fernando Jesús
Santiago Ollero, presidente del Consejo General. “Nos debatimos siempre
entre dónde estamos (ostensiblemente mejor, por ejemplo, que nuestros socios
europeos en cifras macro) y dónde podríamos estar si las reglas, el marco
regulatorio y las decisiones de política económica fueran las correctas y
adecuadas”.
Una fotografía que exige mirar más allá del titular
A primera vista, los datos podrían invitar a cierto optimismo. El 57,6% de las pequeñas y medianas empresas cerró 2025 con beneficios, lo que indicaría que el tejido empresarial sigue en pie y generando actividad.
Pero esa lectura, por sí sola, resulta incompleta. Porque junto a ese
dato convive otro que cambia completamente la interpretación: el 20,1% de
las empresas cerró el ejercicio en pérdidas, y un 22,3% adicional lo
hizo en una situación de equilibrio, sin generar beneficio. Es decir, más
de cuatro de cada diez empresas no están generando rentabilidad, siempre y
cuando entendamos que la rentabilidad está en la cifra de beneficios en
comparación con el volumen de los activos o con el patrimonio neto.
Y aún hay un elemento más relevante: de ese 20,1% de empresas en
pérdidas, el 26,6% ha entrado en pérdidas durante el propio año 2025. Esto
no habla de un problema heredado, sino de un deterioro reciente.
“Lo preocupante no es solo cuántas empresas están en pérdidas, sino
cuántas han pasado a estarlo ahora. Eso es lo que indica hacia dónde nos
dirigimos”, señala Santiago.
Se vende más… pero se gana menos
El análisis de la actividad económica introduce una paradoja que atraviesa todo el informe. El 41,3% de las empresas ha incrementado sus ventas en 2025, lo que refleja que la economía no está parada.
Sin embargo, ese aumento de ingresos no se traduce en una mejora
equivalente de los resultados. La consecuencia es clara: una compresión
generalizada de márgenes, donde el esfuerzo adicional no se convierte en
beneficio, sino en mera supervivencia.
“Las empresas están haciendo más para conseguir menos. Están vendiendo
más, trabajando más, asumiendo más riesgo… pero con menor retorno. Y eso no es
sostenible en el tiempo”, advierte el presidente del Consejo General. “Esta
conducta de las pymes es consistente con el escenario macroeconómico en el que
estamos entrando donde la palabra “estanflación” define muy bien un crecimiento
muy bajo (valor añadido estancado) combinado con un incremento de los costes
(inflación)”.
Un entorno que aprieta por todos los lados
El informe identifica un conjunto de factores que, acumulados, están configurando un entorno cada vez más exigente. El 69,1% de los gestores administrativos percibe un aumento de la presión fiscal. El 81,85% señala los costes laborales como uno de los principales problemas. Y el 84,56% apunta a la incertidumbre económica como un elemento determinante.
No se trata de un único factor, sino de la suma de todos ellos. Y sus
efectos empiezan a ser visibles: el 56,15% de los profesionales considera
que el riesgo empresarial está aumentando, mientras que cerca de un 19,2%
de las empresas presenta ya problemas graves de liquidez. Precisamente, un
porcentaje similar de las empresas que declaran pérdidas es el de aquéllas que
aumenta sus necesidades de financiación, con lo cual, donde hay un beneficio
neto negativo también hay un flujo libre de caja negativo.
“Cuando la presión viene de todos los frentes —costes, impuestos,
incertidumbre—, lo que se reduce no es solo el margen sino también la capacidad
de resistir en el tiempo”, explica Santiago.
La sensación creciente de que el sistema no acompaña
Más allá de los datos económicos, el barómetro introduce un elemento especialmente relevante: la percepción sobre el funcionamiento del entorno en el que operan las empresas.
El 86,1% de los gestores administrativos considera que la relación
con la Administración no ha mejorado en el último año, y un 39,9% afirma
que gestionar hoy es más difícil que hace doce meses.
Los problemas son conocidos, pero no por ello menos relevantes: exceso
de normativa (83,5%), lentitud (69,8%), falta de atención (62,8%)
y dificultades derivadas de la digitalización (53,3%).
“Hemos avanzado en tecnología, pero no siempre en eficacia. Y eso está
generando una sensación cada vez más extendida de que el sistema no está
acompañando a quien tiene que acompañar”, afirma el presidente del Consejo
General.
El informe apunta, además, a un cambio de fondo: la digitalización
administrativa no está reduciendo la carga, sino que en muchos casos la está
trasladando al empresario, añadiendo nuevas capas de complejidad. Nadie hasta
la fecha ha valorado cuál es el coste de la burocracia implícitamente asumida
por los empresarios que debería recaer exclusivamente en la Administración. Una
tarea pendiente de calcular.
Una pregunta de fondo: quién está acompañando realmente a la pyme
En este contexto, el barómetro plantea una cuestión que va más allá de los datos: en un entorno cada vez más complejo, exigente e incierto, ¿quién está acompañando realmente a la pequeña y mediana empresa en su día a día?
Porque, pese a todo, las empresas siguen respondiendo. El 64,7% ha
mantenido su plantilla en 2025, evitando ajustes incluso en un entorno
adverso. Pero lo hacen con menos margen, más presión y mayor riesgo.
“Hoy el valor no está solo en analizar o en representar, sino en
acompañar de verdad a las empresas cuando tienen que tomar decisiones, cumplir
obligaciones y seguir operando en un sistema cada vez más complejo”, señala
Santiago.
Una advertencia que no conviene ignorar
El Barómetro de primavera de 2026 no dibuja un escenario de crisis inmediata, pero sí lanza una advertencia clara: el desgaste es acumulativo. El problema no es la falta de actividad. El problema son las condiciones en las que esa actividad se desarrolla.
Fiscalidad, costes, burocracia y funcionamiento administrativo
configuran un entorno que limita el crecimiento, reduce la rentabilidad y
aumenta la vulnerabilidad del tejido empresarial.