«Será un todos contra él»: el PP ve la cara y la cruz de la campaña de Juanma Moreno
El Partido Popular no tiene ninguna duda: la inminente campaña para las elecciones del próximo 17 de mayo en Andalucía se va a convertir en un combate sin cuartel de «todos contra uno». O mejor dicho: de dos contra uno. «Él».
De un lado, Pedro Sánchez, que tiene por delante la difícil tarea de resucitar unas siglas que antaño, en la región más poblada de España, equivalían a dos palabras: poder y hegemonía. Hogaño van camino de significar derrota. Por segunda vez consecutiva.
En el equipo de Juanma Moreno piensan que, en su afán por salvar los muebles y evitar un cataclismo que incluso le pueda arrastrar a él, Sánchez va a desplegar toda su artillería. Involucrándose en primera persona en la campaña.
«Estamos convencidos de que va a venir. No se va a esconder, va a hacer todo lo posible para sacar un escaño más y que nosotros perdamos la mayoría absoluta», es la previsión que manejan. Según los populares, Sánchez trabajará sobre el terreno con un doble objetivo.
Primero, ensanchar su base social por la izquierda. Pescando en la izquierda a la izquierda de su izquierda, donde la fragmentación puede ser suponer un desincentivo de muchos electores que opten por la papeleta socialista aunque no sea su opción predilecta. Pero sí la más segura o fiable en el bloque de la oposición a Moreno.
Y segundo, dado que, a día de hoy, resulta inviable una suma alternativa que permita al PSOE recuperar la Junta, el único aliciente que tiene Sánchez para las elecciones es que Moreno pierda la mayoría absoluta y se vea obligado a entenderse con Vox.
A lo que opinan los populares: «Sánchez va a hacer todo lo posible por movilizar al electorado de Vox. Los dos nos van a intentar reventar la campaña».
Abascal contra Moreno
Del otro lado, los mandos populares descuentan que Abascal volverá a basar su estrategia en cargar contra el PP, como hizo en 2022. Aunque también es cierto que, entonces, el líder de Vox llegaba con una misión clarísima: entrar en la Junta.
Para muestra, los mensajes que dejó sobre el atril en su primer mitin de aquella campaña: «Nos tratan como una anécdota, un poco de respeto, vamos a hacernos valer, hemos venido con todo, esta vez no nos va a valer un papelito, el PP quiere en Andalucía probar el experimento de laboratorio de la gran coalición, nosotros sí hablamos de pactos, siguen elucubrando con que van a sumar más que toda la izquierda y nos vamos a abstener, así de un plumazo se han cargado la democracia parlamentaria».
Hoy, Abascal no habla de pactos, se presenta como una opción en los márgenes del sistema y ataca con la misma dureza a las dos fuerzas del «bipartidismo», como llama despectivamente a PP y PSOE, a los que siempre junta en un mismo saco. Su intención no es ser la muleta de nadie, sino sustituir a Feijóo.
Hasta la fecha, ha logrado arañar un buen puñado de votos por la derecha, pero la mejoría que su partido ha experimentado en las tres últimas citas autonómicas no le acerca siquiera a un segundo puesto en el podio.
Aun así, Abascal mantiene su ofensiva contra el PP. Está por ver cómo resuelve ahora el dilema de pactar sendos gobiernos de coalición en Extremadura y Aragón (Castilla y León puede esperar) y seguir llamando a su socio «PSOE azul, estafa». O al líder de un partido aliado «cobarde», como lo definió su lugarteniente en el Congreso, José María Figaredo.
El «todos contra uno» que atisban los populares genera tanta problemática como oportunidad. «Si somos capaces de demostrar que hay una pinza entre los dos contra Juanma, saldremos ganando», prevén en el equipo del presidente andaluz.
De lo contrario, el riesgo es que Sánchez puede lograr una ligera remontada que le sitúe en los 30 escaños actuales o incluso alguno más, que no dejaría de ser una hecatombe maquillada, porque el anterior resultado ya fue muy malo; y Vox, beneficiado por el cabreo contra Sánchez, podría subir costa del PP.
Una combinación que, si se da, mandaría al patíbulo la mayoría absoluta. La receta de Moreno para escapar de «la pinza» de ambos, como publicó este diario, será simple. Sobre todo, con Abascal: «No me chilles que no te veo».