Juanma diez, Marisú cero
«Mire señor Juanma, soy de izquierdas de toda la vida, pero ahora le voy a votar». Era una noche de junio de 2022, en plena campaña electoral para la Junta de Andalucía, y Juan Manuel Moreno Bonilla guarda este mensaje de un jornalero en San Fernando, Cádiz, como oro en paño. Fue, y es, la prueba de un líder transversal que venía a ganar votos de uno y otro lado, sin sectarismo, con honradez, después de cuatro décadas de dominio socialista. Han pasado casi cuatro años y, de nuevo, el histórico ganador del PP en aquellos comicios vuelve a retar a las urnas. Según todas las encuestas, Moreno repite victoria electoral y estaría en condiciones de revalidar una mayoría suficiente para gobernar en solitario.
En el cuartel general de San Telmo, sede la Junta andaluza, no quieren hablar de la palabra «absoluta» ni aumentar expectativas. Saben de sobra que la campaña del PSOE, liderada por «María Jesús del Gran Poder», la que habla en tercera persona como Julio César, será sucia y bronca. La que como mujer más poderosa de la democracia se aviene ahora a rescatar a sus pobres paisanos. La que arrastra una mochila vacía de Presupuestos como la peor ministra de Hacienda que se recuerda. Sectaria, lenguaraz y fiel escudera del más puro y rastrero «sanchismo».
Circula por sectores empresariales y políticos de Sevilla un símil futbolero: «Juanma diez, Marisú cero». Es el jaque-mate de un juego, ahora que a Pedro Sánchez tanto le gusta el ajedrez, en el que Moreno puede alcanzar unos resultados espectaculares mientras la candidata socialista se despeña y lleva a su partido al abismo.
El pasado Domingo de Ramos, una de las citas tradicionales más importantes de la Semana Santa sevillana, el presidente de la Junta asistía con su esposa Manuela Villena a la procesión de la Borriquita. Una jornada emblemática, que inunda de emoción las calles de la ciudad hispalense y en la que el candidato popular pudo comprobar el apoyo ciudadano. Con rostro sonriente y sosegado, junto a la elegante Manuela, vestida impecable con un traje sastre a rayas del diseñador sevillano José Hidalgo y complementos de la jerezana Inés Domecq, Juanma representa un aire fresco, un atisbo de esperanza para el cambio. Arropado por sus paisanos, algunos incluso procedentes de otro espacio político, el líder andaluz exhibe músculo político y socioeconómico para una comunidad castigada durante tantos años por la corrupción de los ERES y subvenciones oscuras. La victoria de Moreno Bonilla trasciende y va más allá del Guadalquivir.
La hemeroteca de Montero
En su discurso presume de unos presupuestos acordes con la inflación disparada y un avance fiscal con rebajas de impuestos. Juan Manuel Moreno, un hombre que hizo historia al conseguir una mayoría absoluta para el PP en Andalucía, se ha convertido en capitán de la revolución económica. Por no hablar de su buena gestión en la sanidad, talón de Aquiles que Marisú intenta esgrimir como ataque de su campaña. Pincha en hueso. El mismo día de su diatriba, Moreno Bonilla firmaba un histórico acuerdo con los sindicatos médicos andaluces que aún recuerdan la nefasta gestión y el agujero dejado por la «hooligan» Montero en su etapa al frente de esa consejería.
Por cierto, a las órdenes de los señores Manuel Chaves y José Antonio Griñán, imputados hasta las cejas por los ERES, el mayor escándalo de corrupción que ha salpicado a este país.
El segundo mandato de Moreno es el trampolín que el PP espera para conducir a su líder nacional Alberto Núñez Feijóo hacia La Moncloa, en un cambio de ciclo. Cuando Juanma era diputado en el Congreso solía decir que en política «mejor las cosas con miel que con hiel». Era el reflejo de su talante dialogante y moderado que desplegó como secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad en el ministerio de Sanidad con Ana Mato. Negoció entonces leyes de gran importancia y, en marzo de 2014, unas semanas después de la muerte de su padre Juan Moreno Conejo, fue elegido presidente del PP de Andalucía y candidato a la presidencia de la Junta. Nieto de jornaleros del Valle del Guadalhorce emigrados a Barcelona, su padre trabajó de delineante industrial en la Seat y como taxista, y su madre María en unos grandes almacenes. Tres meses después de su nacimiento la familia volvió a su querida Málaga y se estableció en la antigua carretera de Cártama. Con catorce años se mudaron al Puente de las Américas, donde sus padres montaron una droguería. Juanma estudió en la Universidad Laboral de Málaga, se inició en política en las Nuevas Generaciones y fue concejal de Juventud y Deporte con Celia Villalobos de alcaldesa.
Entonces nadie podía imaginar su futuro. Pero en enero de 2019 hizo historia al desbancar al PSOE después de casi cuarenta años en el poder. Desde ese día su gestión fue brillante, rigurosa, hasta dar un giro total al cortijo socialista andaluz. Una tierra que pasó de la corrupción de los ERES a prosperidad económica, la llamada California del sur. Unos presupuestos equilibrados y una política fiscal liberadora de impuestos han hecho de su mandato un ejemplo de gobierno de centro para todos los andaluces.
Casado con Manuela Villena, a quien conoció en un congreso del PP, el día de su boda le cantó «Sabor de amor», del grupo andaluz Danza Invisible, dónde él mismo había sido vocalista. Padres de tres hijos, Juanma, Fernando y Alonso, con quienes es habitual verle de paseo cerca de su domicilio en Alcalá de Guadaíra, es hombre muy arraigado a la tierra, amante de su folclore, las tradiciones, rociero puro, deportista y cercano. Todos los días hace gimnasia para despejar la cabeza, pues cree en el lema de mente sana en cuerpo sano. Estrena segundo mandato con un nuevo estilo de hacer y estar en política.