Dos agentes de la CIA, Rapa Nui y la antesala al golpe de Estado: “Wild horse nine”, el filme de McDonagh que puso los ojos sobre Chile
Por estos días, Chile volvió a posicionarse en el centro de la conversación hollywoodense. Esto, luego de que se diera a conocer el primer trailer de “Wild horse nine“, la más reciente película del director británico Martin McDonagh —ganador del Oscar a Mejor cortometraje— y que centra su historia en la mítica isla de Rapa Nui.
Pero eso no es todo. Lejos de sostener una trama superficial, lo de McDonagh narra las desventuras de dos agentes de la CIA (interpretados por John Malkovich y Sam Rockwell) que llegan a nuestro país en los meses previos al golpe cívico-militar que quebró la democracia por 17 años para cumplir con una misión secreta.
Un proyecto de alta factura que fue rodado entre marzo y abril del 2025 con la participación de otros actores de la talla de Steve Buscemi y la chilena Mariana Di Girolamo, y que representa sitios tan emblemáticos como los moais de la isla y el Palacio de La Moneda previo al bombardeo que devastó parte de su estructura el 11 de septiembre del 73.
“Es muy importante que se realice una película de esta envergadura en Chile“, expresó el periodista y crítico de cine, Juan Marín. “Se trata de una megaproducción hollywoodense que podría contribuir significativamente en varios tópicos. Por ejemplo, fomenta el turismo en Rapa Nui y también puede fortalecer la imagen del país a nivel internacional”.
“Y, además, que Chile sea mencionado en el mundo para mí siempre es relevante, y más aún cuando se da a conocer al extranjero lo oscuro que fue este periodo histórico, en una película masiva y para que la gente pueda comprender lo terrible que fue lo que se vivió acá”, agregó Marín.
“Wild horse nine”, película de Martin McDonagh.
Por otro lado, el crítico también apuntó a las cifras de empleo local que genera un rodaje de estas dimensiones y la incorporación de grandes estrellas del mundo cinematográfico.
“Cuenta con la participación de grandes estrellas de Hollywood, figuras como Malkovich, Buscemi, incluso el músico y gran actor Tom Waits, o Sam Rockwell, que me parece un actor fantástico, y que comparten con presencia chilena, como Mariana Di Girolamo o Paola Giannini“, destacó.
Gestos que, en su conjunto, apuntan a un filme con altas posibilidades de triunfar en alguno de los festivales más importantes de la temporada de premios: “Hubo un medio súper influyente, The Hollywood Reporter, que dijo que Di Girolamo podría llegar incluso a ser nominada al Oscar como actriz de reparto, aunque obviamente es súper difícil y apresurado decirlo ahora con seguridad porque falta que se estrenen muchas películas”, contextualizó Marín.
Todo lo anterior, considerando la reputación que recae sobre el director del filme. “Para mí es un cineasta y un guionista excelente, de gran nivel, que ya ha demostrado su talento en espectaculares películas, como ‘En Brujas’, su ópera prima, ‘Tres anuncios por un crimen’, ‘Los espíritus de la isla’ y ‘Siete psicópatas’, que incluso estas dos últimas lograron ser nominadas entre las diez mejores películas en los Oscars, lo cual es relevante mencionar porque confirma que no es un director ajeno al reconocimiento de Hollywood“, expresó el crítico.
Algo que también remite a otros casos cinematográficos, como el de “Costa-Gravas“, “una película de Hollywood sobre la dictadura chilena. Y ojalá que Martin McDonagh, con su ‘Wild horse nine’, tenga una recepción similar y logre este reconocimiento de los Oscars. Y que lo logre con esta comedia negra que se centra en el Plan Cóndor, que es un tema complejo para hacer comedia. Pero McDonagh ya está acostumbrado a hacer comedias con temas súper crudos, como asesinatos de niños o violación, y siempre sale bien parado. Logra muy bien el híbrido entre la comedia negra y el drama”, compartió.
La huella de la CIA en Chile
El periodista Carlos Basso es uno de los que más han investigado la huella de la CIA en nuestro país. De hecho, el trailer del filme hace referencia a un dato contenido en uno de los libros del autor sobre la materia, y que apunta al dato de que la inteligencia norteamericana tenía su oficina frente al palacio de La Moneda.
“Precisamente conté que, efectivamente, la oficina que tenía la CIA, hasta 1973, efectivamente estaba ubicada en calle Agustinas. Ocupaban dos pisos ahí. Había instalaciones diplomáticas estadounidenses y, en dos pisos sucesivos, el ocho y el nueve, si no me equivoco, funcionaba la CIA y en el siguiente la militar de Estados Unidos, que básicamente estaba compuesta de espías. En ese caso, sí, de una agencia distinta, que es la de Inteligencia de la Defensa, la DIA. De hecho, la DIA está mucho más involucrada en el golpe de Estado de 1973 que la CIA”, clarificó el investigador.
Y aunque expesa que no existe evidencia de una misión realizada en Rapa Nui, lo cierto es que sí hubo varias historias de espías estadounidenses instalados en Chile. “La información que conocemos acerca de las actividades de la CIA en este país antes de 1973 muestran que tres años atrás, en 1970, gestaron un golpe de Estado que fracasa y que culmina con el asesinato del comandante en jefe del Ejército, nada menos“, recapituló sobre el caso que terminó con el asesinato de René Schneider.
“Después, no conozco ningún antecedente semejante a una misión en Isla de Pascua o algo así, que sin duda, desde el punto de vista ficticio, se ve muy llamativo. Pero en función de la documentación que conocemos hasta este momento no hay nada semejante”, puntualizó Basso.
René Schneider, ex Comandante en Jefe del Ejército asesinado por la CIA.
Sin embargo, y a través de las investigaciones realizadas para múltiples reportajes y libros como “Fantasmas de la CIA“, el periodista igualmente se ha encontrado con personajes y narraciones dignas de una ficción. Entre ellos, la historia de un agente que, pese a su trayectoria dentro de la inteligencia estadounidense, terminó enfrentándose a sus propios superiores y pagando el costo de esa decisión.
Se trata de Henry Heckscher, jefe de la estación de la CIA en Santiago a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta. Un agente veterano, con fama de duro y de posiciones políticas radicales. “Era un tipo que había estado en las estaciones más importantes de la CIA, ultraderechista, según el comentario de sus compañeros, que decían que era demasiado fanático”, explicó el investigador.
El episodio se remonta a 1970, cuando la agencia estadounidense comenzó a diseñar distintos escenarios para impedir la llegada de Salvador Allende a la presidencia. Para ello, se creó una fuerza de tareas especial liderada por uno de los agentes más influyentes de la época.
“Como jefe de esa fuerza de tareas ponen a uno de los agentes más importantes que ha tenido la CIA en su historia, que fue captado en Santiago, y que es un personaje impresionante: David Phillips“, detalló Basso. El plan contemplaba dos caminos: uno político y otro violento. Este último implicaba el secuestro del entonces comandante en jefe del Ejército, el general René Schneider, una operación que, según los documentos revisados por el periodista, estaba destinada al fracaso.
“El camino violento consistía básicamente en un intento de golpe de Estado que comenzaba con el secuestro de Schneider, que suponía estúpidamente —y no hay un adjetivo más suave para decir esto— que si lo secuestraban, ya que era un hombre apegado a la Constitución, iban a impedir que Allende fuese elegido en el Congreso Pleno”, explicó.
“Wild horse nine”, película de Martin McDonagh.
Fue entonces cuando las instrucciones comenzaron a llegar a Santiago, y con ellas, la reacción inesperada de Heckscher. “Cuando uno ve estos documentos en función de su secuencia, de a poco él va diciendo que esto no va a funcionar y se empieza a oponer a esta idea“, relató Basso.
Y, con el paso de los días, esa oposición se volvió abierta y frontal. “Llega un momento en que Heckscher definitivamente se opone y poco menos que dice que esto es una estupidez. Hay documentos de otros agentes de la CIA y de otros personajes de los sistemas de seguridad estadounidenses que también dicen que esto va a terminar en un baño de sangre. Que esto es una pésima idea, que no tiene por dónde funcionar”, añadió.
La tensión escaló rápidamente y, a comienzos de octubre de 1970, el jefe de la estación en Santiago fue convocado a Washington para dar explicaciones. “Cuando llega a Washington se encuentra en el acceso de la CIA con un amigo, que lo ve y le dice: ‘¿qué andas haciendo acá?, si tú estás destinado en Santiago de Chile’. Y él le responde, a modo de broma: ‘vengo a que me despidan'”, recordó el investigador.
Pero la orden fue otra. “El jefe de la CIA en el hemisferio occidental le dice: necesitamos que no te opongas tanto y que ayudes. Haz lo que te dicen, en definitiva“, detalló. Así fue como Heckscher regresó a Chile, pero su postura no cambió.
Henry Heckscher, agente de la CIA.
“Se baja del avión, va al cuartel de la CIA y cuando llega a Santiago se opone con más fuerza todavía. Empieza a mandar documentos donde expone que esto es toda una estupidez, que esto no tiene ningún sentido, que no va a funcionar”, sostuvo Basso. Hasta que, finalmente, la agencia tomó una decisión drástica.
“Desde Washington optan por sacarlo de esta operación. Y es por eso que las armas que envían para cometer el atentado —este secuestro que termina convertido en homicidio— las reciben los tipos de la inteligencia militar que estaban en el piso de abajo”, explicó.
Días después, el general Schneider fue asesinado en un hecho que terminó generando el efecto contrario al buscado. O sea, consolidar la elección de Salvador Allende como presidente. El desenlace personal de Heckscher fue igual de abrupto: “Unos días después de que Allende es escogido como presidente por ambas Cámaras, el jefe de la CIA en Santiago es llamado a Estados Unidos y allá se le despide“, relató Basso.
Lo que vino después fue una especie de silencio institucional que rodeó su figura. “Se convirtió en una especie de bestia negra”, concluyó el periodista, quien logró averiguar que su destino fue un cuadro de demencia. Historias como la de Heckscher, sostiene el investigador, muestran que detrás de las grandes operaciones de inteligencia existieron también tensiones internas, desacuerdos y decisiones individuales que marcaron el curso de los acontecimientos.