“Mi primer empleo es solo para pagar la gasolina”: 190 kilómetros diarios, dos trabajos y con sus padres a su cargo; la agotadora rutina de una superviviente de la crisis
La escalada de precios derivada del conflicto en Irán está golpeando con especial crudeza a quienes ya partían de una situación económica frágil.
Teresa, una trabajadora madrileña que compagina dos empleos y el cuidado de sus padres, ha relatado en laSexta Xplica una rutina que ejemplifica el desgaste físico y financiero al que se enfrentan muchas familias.
Su día a día consiste en desplazarse entre localidades para cumplir con sus obligaciones laborales y familiares, una carrera de obstáculos en la que el combustible se ha convertido en un lujo casi inasumible.
Teresa desempeña su primer trabajo durante dos horas en un pueblo situado a 18 kilómetros de su domicilio.
A continuación, se traslada a otra localidad a 35 kilómetros para su segundo empleo. Además, debe atender a sus padres mayores que residen en una tercera población a 25 kilómetros. Sumando todos los trayectos, alcanza una media de entre 150 y 190 kilómetros diarios.
“Hay un trabajo, el que hago el primero, que solo es para pagar el incremento de los combustibles”, ha explicado con resignación.
Un coche viejo y una familia que mantener
La precariedad económica le impide renovar su vehículo. Teresa circula con un coche diésel, un tipo de motor que en Madrid soporta restricciones y gravámenes adicionales.
[[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/madrid/zbe-extendera-toda-ciudad-madrid-este-ano_202601016956280422f0db7daf027b77.html|||]] “Como mi vida es precaria no puedo comprar un coche de gasolina, ni siquiera un etiqueta 0 y en Madrid también nos gravan con los coches diésel. Pago casi 20 euros más en llenar el depósito”, ha detallado.
El sobrecoste del carburante se suma a la subida generalizada de la cesta de la compra para una familia de cuatro miembros.
Teresa ha sido tajante al señalar quiénes soportan el peso de la crisis: “Palmamos siempre los mismos, las familias más vulnerables, las personas con trabajos a pocas horas”.
Su testimonio refleja la cara más amarga de un contexto inflacionario que castiga a quienes menos margen de maniobra tienen. Mientras los precios del combustible siguen al alza, ella continúa recorriendo kilómetros para sostener a su familia, con la gasolina como principal devoradora de su salario.