El «No a la guerra» contra Trump inunda las calles de Estados Unidos
La América anti Trump lleva meses anotando en el libro de agravios sus motivos para justificar el derrocamiento de su nuevo rey. Y no le han faltado argumentos.
Primero fue el pecado original de la soberbia, que el inquilino de la Casa Blanca proyecta no solo en cada decisión que toma, sino también en el cuestionamiento permanente de todos sus rivales y del sistema político en sí mismo.
Después vino el carrusel de aranceles (ahora sí, ahora no), que han desconcertado al resto de países pero, sobre todo, han situado a la economía local, la de todos los días, en un estado de sobresalto permanente.
Y, tras ello, la cruzada contra la inmigración desplegada por el servicio de inmigración estadounidense, el temido ICE, que situó a la ciudad de Minesota en una dinámica de movilización constante y al resto del país en un estado de vigilia permanente.
Ahora, prácticamente sin solución de continuidad, ha llegado la madre de todas las pancartas: la del «No a la Guerra de Irán». Espoleados por una operación militar de incierto futuro, millones de estadounidenses de todo el espectro anti Trump se echaron este sábado a las calles bajo el paraguas del movimiento «No Kings», el único que ha sido capaz de aglutinar a una sociedad que tenía anestesiado su pulso callejero desde los gloriosos años del «I have a dream», el «No a la guerra de Vietnam» o el más reciente de «Black Lives Matter».
Las marchas multitudinarias se registraron no solo en las principales ciudades del país, sino también en las capitales de condado con un mínimo de poder de movilización. El plan, de hecho, era convocar en los 50 estados más de 3.300 manifestaciones, aproximadamente tantas como condados hay en Estados Unidos. Incluso, en una pequeña ciudad de Alaska en el Círculo Polar Ártico.
Los primeros cálculos hablaban de centenares de miles de manifestantes. Las marchas más emblemáticas, por supuesto, fueron las deNueva York o el corazón del poder de Washington, pero también se convocaron en las principales ciudades del país de costa a costa.
Lo importante para Trump, no obstante, no es medir los manifestantes «al peso», sino saber cuántos de ellos proceden de las filas republicanas, de las fronteras del MAGA, el Make America Great Again , o incluso de dentro del movimiento que le aupó al poder, y que ya ha empezado a resquebrajarse por lo que considera una traición de los principios con los que Donald Trump se presentó a las elecciones.
Hay dos heridas especialmente sangrantes para estos simpatizantes republicanos: la promesa de que su presidente atendería exclusivamente a los intereses de los estadounidenses y la promesa de que no solo no iniciaría una guerra, sino que dedicaría todas sus dotes de negociador para acabar concuantos conflictos hubiera por el mundo.
De príncipe de la paz a rey de la guerra
Ahora, el príncipe de la paz lleva camino de convertirse en el rey de la guerra. Un motivo más para los que están convencidos de que el movimiento «No Kings» está plenamente justificado.
Las manifestaciones de este sábado no se focalizaron solo en la guerra, sino también en las verdaderas preocupaciones de los estadounidenses, como el alza de los precios o la carestía de la vida.
De hecho, el tracking de popularidad del rpesidente que publica The Economist a partir de los datos de YouGov mostraba este sábado que el problema más importante al que se enfrenta el país es, según los encuestados, la inflación, seguidos por el empleo, la atención sanitaria, la inmigración, los impuestos y los derechos civiles. Los delitos están en el puesto 11. La guerra ni aparece.
La última encuesta, publicada esta semana por Quantus Insight, confirma la tendencia de los sondeos más recientes, que hunden la popularidad del presidente hasta un 35-40% frente a más de un 60% que desaprueba su gestión.
Respecto a la guerra, casi el 59% considera desproporcionada la operación y más de la mitad se opone a una intervención terrestre. Un nítido mensaje para el rey Trump, a quien los súbditos parecen estar lanzándole un mensaje: si va a la guerra, quizás regrese sin corona.