De Carolina de Mónaco a Carlota Casiraghi o Beatrice Borromeo: la elegancia discreta de los Grimaldi en la recepción del Papa León XIV
La visita del Papa León XIV en Mónaco ha sido uno de los acontecimientos más esperados de este fin de semana. Alrededor de las 11.00 horas la Familia Real ha recibido al Pontífice deslumbrando rostros emocionados, así como estilismos que respetan las normas de protocolo en momentos como el de este sábado.
Charlène de Mónaco ha hecho uso del privilegio de blanco con un vestido de encajes elegantísimo. Otras figuras como Carolina de Mónaco, Carlota Casiraghi o Beatrice Borromeo también se han ajustado a los códigos de vestimenta que indica el estricto protocolo. A diferencia de la esposa de Alberto de Mónaco, la realeza se debe vestir de negro asegurando atuendos con cortes midi, una estética de elegancia discreta, joyas discretas y calzado no demasiado alto.
Carolina de Mónaco: elegancia contenida con vestido estructurado
Carolina de Mónaco se ha ajustado al protocolo en la visita del Papa León XIV con un vestido estructurado de acabado satinado. Se ha tratado de un diseño de escote cruzado con solapas marcadas, botones delanteros y falda voluminosa con un máximo movimiento delicado, sutil y femenino.
Asimismo, también ha llevado la mantilla de encajes al tono junto con un maquillaje natural sin llamar demasiado la atención y un recogido pulido con raya hacia un lado.
Carlota Casiraghi: un dos piezas de tweed de Chanel
Carlota Casiraghi no ha seguido la normativa de vestir con vestidos para apostar por un conjunto de dos piezas de tweed. Respetando la sobriedad del negro, ha llevado una chaqueta de corte recto, escote cerrado y mangas largas que combina con una falda ligeramente holgáda hasta por debajo de las rodillas.
En cuanto a los complementos, sí que ha llevado la mantilla de encajes, un bolso de mano acolchado de Chanel junto con medias tupidas y zapatos de tacón sensato.
Beatrice Borromeo: silueta de los años 50 con sofisticación
Beatrice Borromeo también ha vestido un conjunto de dos piezas de elegancia discreta y contenida. Se ha tratado de la silueta de los años 50 con chaqueta estructurada con solapas marcadas junto con una falda voluminosa con vuelo sutil. También, con mantilla de encajes, medias semitransparentes y zapatos de tacón bastante altos, un calzado que no se adecúa a la totalidad del protocolo.
En definitiva, se tratan de unos estilismos con los que se reflejan un respeto religioso donde se evita el protagonismo frente al Pontífice.