Rosalía pone de moda el volcel: qué significa el celibato voluntario del que habla todo el mundo
En plena gira internacional, Rosalía no solo está marcando el ritmo en lo musical. También lo está haciendo en lo discursivo. La artista ha popularizado el término “volcel”, una forma de referirse al celibato voluntario entendido como una decisión personal y temporal.
El concepto ha abierto un debate que va mucho más allá de lo viral. Habla de deseo, de vínculos y también de autocuidado. Para entenderlo, la sexóloga Valérie Tasso (embajadora de la marca sueca de bienestar secual LELO) ofrece una lectura clara: no hay una única interpretación.
¿Autocuidado o reacción a la hipersexualización?
Según explica Tasso, el “volcel” puede entenderse como una estrategia de autorregulación. Es decir, una pausa consciente en la actividad sexual que permite revisar patrones, reconectar con el propio deseo o simplemente descansar de la exigencia constante. En ese sentido, sí puede responder a una necesidad legítima de autocuidado.
Pero hay otro matiz importante. Vivimos en una cultura hipersexualizada, donde el deseo, la disponibilidad y la validación a través de lo sexual están sobrerrepresentados. En este contexto, el celibato voluntario también puede aparecer como una reacción a esa saturación.
La clave, insiste la experta, está en la motivación. Cuando nace desde la elección y la coherencia interna, suele ser saludable. Cuando surge desde el rechazo o el cansancio, conviene analizar qué hay detrás.
Del mandato a la elección personal
Uno de los grandes cambios respecto al celibato tradicional es el punto de partida. Antes, estaba marcado por normas externas, religiosas o sociales. Hoy, en cambio, se articula desde la autonomía individual.
No hay una autoridad que lo imponga. Es una decisión que se justifica en términos de bienestar, gestión emocional o desarrollo personal. Este giro implica también una transformación en cómo entendemos el deseo. Ya no se reprime ni se niega. Se gestiona, se pospone o se canaliza de otras formas.
Y eso cambia por completo el relato. El celibato deja de ser un sacrificio para convertirse en una herramienta.
¿Es compatible con la sexualidad individual?
Una de las grandes dudas en torno al “volcel” tiene que ver con la sexualidad durante ese periodo. ¿Significa ausencia total de actividad? La respuesta es no. Desde un enfoque sexológico, el celibato voluntario no implica necesariamente renunciar al placer individual. La masturbación, con o sin juguetes, puede formar parte de esta etapa sin que exista contradicción.
De hecho, Tasso lo plantea como una oportunidad. Un momento para explorar el propio cuerpo, identificar patrones de respuesta y reconectar con el placer sin mediación externa.
Eso sí, introduce un matiz importante. Todo depende de cómo cada persona defina su propio “ayuno”. Si alguien entiende el celibato como abstinencia total, cualquier práctica puede percibirse como una ruptura. Pero no es un criterio universal.
El riesgo de convertirlo en etiqueta
Como ocurre con muchas tendencias, el “volcel” también tiene su cara menos positiva. Especialmente entre los más jóvenes, donde existe una tendencia a convertir estas ideas en etiquetas rápidas.
Tasso advierte de este riesgo. Las etiquetas pueden ser útiles porque ayudan a nombrar experiencias y generar comunidad, pero también pueden simplificar en exceso una realidad mucho más compleja.
La vida afectiva y sexual es dinámica, ambivalente y, en muchos casos, contradictoria. Reducirla a una categoría fija puede generar una falsa sensación de identidad estable en un terreno que, por naturaleza, está en constante cambio.
Una nueva forma de entender el deseo
En el fondo, el fenómeno del “volcel” refleja un cambio más amplio. Ya no se trata de virtud o sacrificio, sino de elección. Una forma de relacionarse con el deseo desde la conciencia, no desde la imposición.
Y en ese contexto, como señala Valérie Tasso, no hay incompatibilidades. Integrar la dimensión individual del placer puede incluso favorecer una relación más sana y menos dependiente con la sexualidad compartida. Porque, al final, la sexualidad no es un estado fijo. Es una narrativa en construcción.