Más lío en Vox: el que iba a velar por los purgados se va y denuncia comportamientos «cuasi mafiosos»
Fue Torre Pacheco, municipio de la Región de Murcia, un nombre propio del pasado verano en España que reportó grandes beneficios políticos a Vox. Allí tuvo lugar aquella agresión a un anciano por parte de dos inmigrantes que tanto jaleó Santiago Abascal para su particular contienda contra la inmigración ilegal, el principal ingrediente de su reciente ‘auge’.
Meses más tarde, Torre Pacheco vuelve a estar en boga. Porque allí se libra ahora la última batalla interna de Vox, que parece estar sumido en una interminable crisis por la gestión del personal.
Ha dimitido el portavoz del partido en el Ayuntamiento. Una noticia que, a priori, no debería copar mucho espacio en la prensa nacional. No tendría gran trascendencia otro portazo más por parte de un alto cargo en un municipio relevante de la geografía de nuestro país si no fuera el dimitido nada menos que vicepresidente del Comité de Garantías del partido.
Se llama José Antonio Garre y entre sus cometidos estaba el velar por los derechos de los purgados a los que Abascal pretende expulsar del partido por desacato. O por disentir públicamente del rumbo que ha tomado la formación. La mayoría de ellos son los amigos que le ayudaron a fundar Vox. Uno, en particular, el padrino de su hija.
En las últimas semanas, Vox ha iniciado los trámites para echar a Javier Ortega Smith, Iván Espinosa de los Monteros e Ignacio Ansaldo, que todavía conservan los primeros carnés que expidió la formación.
Abascal también ha puesto en el disparadero a otros afiliados que llegaron más tarde, pero ocuparon puestos importantes en el organigrama: Juan García-Gallardo y José Ángel Antelo, los dos fueron vicepresidentes. Uno en Castilla y León, otro en la Región de Murcia. Los dos territorios que se habían convertido en los «fortines» de Vox.
El cese de Antelo, clave
Fuentes conocedoras aseguran a LA RAZÓN que la dimisión de Garre tiene mucho que ver con el caso Antelo, al que Abascal le cortó la cabeza poco después de ofrecerle repetir como candidato en las próximas autonómicas y un puesto en la cúpula como portavoz nacional de Deportes.
Cuando el dimitido portavoz en Torre Pacheco tuvo entre sus manos el expediente de Antelo, decidió abstenerse. «Recibía presiones para limpiarnos», desvela uno de los críticos. Otro, se muestra preocupado porque su marcha entraña un riesgo mayor: «Era el encargado de proteger los derechos de los perseguidos. El último resquicio de alguna seguridad jurídica».
En su despedida este viernes, Garre no dudó en cargar contra la cúpula nacional de Vox: denunció «intentos de amedrentamiento» desde Bambú –sede nacional de la formación– y habló de comportamientos «cuasi mafiosos».
Unas palabras que han encendido aún más las alarmas entre aquellos que han sido apartados del organigrama o ahora mismo están en vías de perder el carnet de afiliados. «Esto es más relevante que dejarlo de concejal. Se va el que se supone juzgaba con independencia a los ‘rebeldes’. El único que podía parar las expulsiones. Uno de los guardianes de la limpieza interna. El vicepresidente del comité de garantías dice que hay presiones mafiosas. Es muy fuerte», alerta uno de ellos.
Como publicó LA RAZÓN, los purgados estaban decididos a dar la batalla legal para conservar su condición de militantes. Entre otras cosas, porque de cara a futuras citas orgánicas, si se consuma la expulsión, no podrán ejercer su derecho al voto. Pero antes, confiaban en agotar todas las vías en el partido.
Hasta ayer, todos ellos tenían un aliado dentro de Vox: Garre, que no dudó en protestar por el trato que se le estaba dispensando a rostros preclaros en la historia del partido como Espinosa de los Monteros. «Auténticas purgas».