Qué les parecería quedar en un bar para jugar al ajedrez con Bob Dylan; o ir a un estudio de grabación para escuchar en primicia las nuevas canciones de los Beatles con los miembros de la banda; o ir al rodaje de un videoclip de Madonna y poder hablar con ella directamente. Parece evidente que muchos pagarían lo que fuera para poder participar en estos encuentros exclusivos. Quizá los grandes artistas de los 60, 70 y 80 han llegado un poco tarde para esta nueva era de la música, pero para todos los demás éste es el nuevo paradigma con el que han de convivir. La industria cada vez es más consciente del papel fundamental que juegan los fans en el éxito del artista y la clave ahora está en encontrar formas de explotar esta relación y monetizarla. Esta es la premisa que esconde la empresa Soundstorming, una plataforma que une directamente a los artistas con los llamados 'superfans', los grandes dinamizadores del mundo de la música desde la irrupción de internet y las redes sociales, con un mercado potencial de hasta 4.000 millones de dólares. Los superfans son aquellas personas que adoran a sus artistas favoritos, saben todo de ellos de forma enciclopédica, pagan las entradas más caras de sus conciertos y son coleccionistas no sólo de sus discos, sino de todo el 'merchandising' alrededor. Su importancia es capital. Aunque sólo conforman el 15 por ciento de la audiencia de una cantante, engloban hasta el 80 por ciento del total de la facturación . «Durante años, la industria ha optimizado cómo se consume la música, pero ha dejado de lado las relaciones. Con Soundstorming hemos creado una infraestructura para que el tan buscado 'engagement' (compromiso) con el artista tenga un retorno real: los fans ganan acceso a sus ídolos y los artistas generan ingresos al crear valor de verdad en dicha relación», asegura Arnau Bosch, CEO de la empresa y uno de sus cofundadores. Pensemos, por ejemplo, en la artista número uno mundial en la actualidad. No hay duda de quién es, Taylor Swift . La clave de su éxito no es que la escuche todo el mundo, sino que sus superfans la escuchan una y otra y otra vez, sin parar. Eso dispara sus números en Spotify y convierte a sus conciertos en acontecimientos. Porque el público general se ve arrastrado por esta maquinaria superfanática. ¿Qué hizo Taylor Swift que la diferenció del resto? Por ejemplo, tener iniciativas como llevar a un selecto grupo de sus seguidores a su propia casa e invitarlos a merendar. El tan buscado 'engagement' del artista con sus fans se multiplicó por mil. Acciones así son las que posibilita Soundstorming . «La idea del artista como individuo inaccesible en su torre de marfil ha acabado. Las nuevas generaciones han aprendido que antes de artistas, eran fans, y saben que les necesitan para crecer. Quizá los artistas veteranos puedan permitirse el lujo de sacar un disco, desaparecer dos años, y volver a aparecer sin más, pero el ecosistema ha cambiado y entre disco y disco hay muchas maneras de mantener el contacto entre el artista y sus fans y generar valor», señala Homer Bosch, cofundador de Soundstorming y su director de Marketing. La idea es conseguir que la relación artista-superfan sea lo más directa posible. El proceso es sencillo. Te inscribes en la plataforma y entras en un sistema de valor similar al 'gaming', los juegos online donde puedes comprar unas monedas para continuar jugando y conseguir así ventajas. La idea es la misma, comprar dichas monedas del artista que sigues, aquí llamadas 'storms' para conseguir cada vez más 'ventajas' y eventos exclusivos. De esta forma, no es el evento en sí lo que arrastra seguidores, sino que es el artista y su comunicación quién arrastra al superfan y así levantan los eventos e iniciativas y se crea el 'engagement'. Los artistas pueden incluso compartir ideas en desarrollo con sus fans y éstos reaccionar al segundo y dar su opinión. «No somos una plataforma de eventos. Estas son iniciativas de los artistas. Somos una infraestructura que une a los dos y les da valor y busca hacer partícipe a los fans de las acciones creativas de los artistas », aclara Homer Bosch. De momento, ya cuentan con 30.000 usuarios activos mensuales gracias, sobre todo, a un acuerdo con 'Operación Triunfo' y Amazon Prime . El primer encuentro dentro de la plataforma contó con los concursantes Max y Judith y se llegó al 'sold out' en cuestión de segundos. Sus superfans pudieron entrar con ellos en el estudio de grabación de Manu Guix y verles tocar el piano y cantar con ellos. Después tuvieron que dejar sus móviles y entraron en una sala donde realizaron una 'listening party'. Allí escucharon canciones a las que nadie había tenido acceso antes. «La comunidad del artista puede participar en su proceso de creación, votar sus temas favoritos, discutir sus letras, compartir sus ideas y opiniones, y los artistas así tienen un feedback directo con sus fans», aseguran los hermanos Bosch. Lo cierto es que la idea del 'fan' pasivo que sólo recibe lo que le das ha acabado . Los superfans no se conforman con eso, quieren ser una fuerza asertiva en las carreras de sus ídolos, sentir con orgullo sus éxitos como si fueran propios. Construir un puente entre artista y seguidores y crear un sistema para monetizarlo es el siguiente paso para unos artistas que en las últimas décadas perdieron la música en soporte físico como canal de facturación y el 'streaming' sólo remunera realmente a un 1 por ciento de los artistas. «La plataforma no está pensada para servir sólo a los grandes artistas, sino que el vínculo es tan directo que no importa el tamaño de la comunidad. La conexión entre artista y su fan es absoluta, mucho más que a través de sus redes sociales», señala Arnau Bosch. ¿La tiranía de los superfans ha comenzado? Todavía no. En este caso, no se llega al extremo de los fans de franquicias como 'Star Wars', que ponen el grito en el cielo cuando un proyecto no les gusta. El respeto de estos superfans de la música por sus artistas es absoluto. Los idealizan. El problema no es la relación con ellos, sino con el resto de artistas. Por ejemplo, todos los músicos temen a las 'swifties'. Nadie hablará mal de la cantante de Pensilvania en público por temor a las represalias 'online' de estas llamadas swifties. La plataforma arrancó en el pasado Primavera Sound, pero ya está en una segunda ronda de inversión. Sus responsables cuentan con una larga trayectoria en el sector. Arnau Bosch, es exdirector creativo global de Apple y figura clave en el relanzamiento de Apple Music. Por su parte, Homer Bosch es experto en marketing, management de contenidos y construcción de comunidades, llevando campañas para Nike o Monster Energy, por ejemplo. A ellos se les ha unido Javier Piñol, ex Head of Global Markets de Spotify . De momento, quieren concentrarse en la música, pero la plataforma podría servir perfectamente para otros mercados con superfans como el deporte o el cine. «Nada más arrancar, ya nos pidieron si podríamos incorporar otras disciplinas, pero de momento queremos consolidar nuestro producto centrado en la música», reconocen. Como no es difícil de adivinar, Homer y Arnau son hermanos y han convivido con la música desde niños, incluso formando grupos en su juventud. Después de 20 años de carrera, de Andorra a Amsterdam o San Francisco, ahora han regresado a casa con el proyecto definitivo. «Todavía me acuerdo cuando éramos pequeños y mi padre nos despertaba todos los fines de semana con la guitarra, cantando temas de Bob Dylan. A partir de aquí, la música siempre ha estado muy presente en nuestras vidas. Le hemos dedicado gran parte de nuestra trayectoria profesional», reconocen. Ellos también fueron en su día superfans y saben a la perfección el papel central que están empezando a tomar estas figuras en las carreras de todos los artistas.