Yuko Mohri, la artista que no es artista, sino reina del efecto dominó
Yuko Mohri no es arquitecta. No es obrera. "Mi trabajo no se centra en la construcción", aclara. Ella es artista o, al menos, está en el circuito internacional de arte contemporáneo. De hecho, para el crítico Ryo Sawayama reducir su figura a la de "artista" es perderse parte de la "peculiaridad de sus actividades", indica. Su interés, señala el experto, "no radica en la producción de obras, objetos, como entidades físicas visualmente completas como formas representativas, sino que, a través de la construcción de diversos mecanismos, se ha esforzado precisamente por visibilizar los fenómenos y las fuerzas que actúan allí".
"El egocentrismo no lleva a ninguna parte"
Ella, asiente. Siempre ha querido "eliminar la intervención humana" de su trabajo y "ceder el control total a elementos inciertos como el sonido, la fuerza magnética, la electricidad, el viento o la temperatura, la humedad, el polvo fino que baila por el suelo, las gotas de agua, los campos magnéticos invisibles, la luz del sol que se mece en la superficie del agua, las voces de los pajaritos...", enumera. Para Mohri, cuanto más débiles e insignificantes sean los elementos, "mejor".
A esta japonesa se le podría considerar una eminencia del efecto dominó a nivel mundial. Pero no de una sucesión de fichas cualesquiera, sino de lo que ella denomina "eventos" que cambian según diversas condiciones, como el entorno: "Utilizo una amplia variedad de materiales, incluyendo objetos cotidianos como utensilios de cocina, altavoces antiguos, instrumentos musicales, animales y plantas" que mezcla con esas "fuerzas invisibles, como el magnetismo y la luz natural", para crear su "magia": unas instalaciones que consisten en un grupo de pequeños objetos cinéticos que son completadas por el espacio expositivo y su entorno más amplio.
De esta forma, la "artista" japonesa, que pasa estos días en Santander, explica la muestra con la que desembarca en España desde el Centro Botín, 'Entrelazamientos'. Su carta de presentación son ocho proyectos de una exposición itinerante de Pirelli HangarBicocca (Milán) a la que ha incorporado varios elementos nuevos, como la grabación de nuevo material sacado de Costa Quebrada, en Santander, y la creación de dibujos durante el montaje de la instalación en el mismo Botín. "Dado que la apariencia de mis instalaciones cambia según el entorno, creo que esta exposición ofrecerá una impresión completamente diferente", explica Mohri, que cree firmemente en la existencia de "una colaboración entre el ser humano y el objeto, y/o el entorno". Cuando trabaja en una obra a partir de un objeto encontrado, a través del tacto o la modificación, confía en que surjan "diversas expresiones o funciones".
Tomar conciencia a través de la obra
La nipona se define como una persona "interesada en elementos y entornos inestables", como la fruta en descomposición, el agua y el sonido, pero la vista desde las ventanas del edificio de Renzo Piano le inspira especialmente: "Es, sin duda, el elemento más significativo de esta exposición. Llevo más de dos semanas creando obras en este espacio y, como es natural, la vista nunca ha sido la misma. Sin embargo, mi función no es plasmar esos cambios. Espero que, a través de la obra, los espectadores tomen conciencia de ellos (...) Santander es una ciudad con acceso directo al mar y a la montaña, lo que permite contemplar una gran variedad de paisajes en un espacio reducido. Además, el clima [el movimiento de las nubes y la temperatura del viento] invita a imaginar el terreno circundante. Incorporar este rico entorno a mi trabajo y crear piezas en él fue una experiencia verdaderamente profunda".
Las obras de Mohri vibran. Son "organismos vivos" -como los denominan los comisarios del recorrido: Fiammetta Griccioli y Vicente Todolí, en Pirelli HangarBicocca, y Bárbara Rodríguez Muñoz, en el Botín-. Solo sus dibujos no lo hacen, dice. Las vibraciones y las ondas son el origen de ese dominó infinito. A partir de "objetos giratorios", apunta, comienzan su pequeñas revoluciones que "no se limitan solo a las obras". El acto de poner un disco o el movimiento de una cuchara al remover el azúcar en un capuchino son el inicio inocente de sus insurrecciones artísticas. De lo más cotidiano a la transformación total, imagina quien sueña con un mundo gobernado por los efectos mariposa en el que "estos movimientos ligeros terminan provocando cambios significativos".
En mitad de todo ese proceso repleto de objetos variopintos, Mohri sabe que "la negociación es siempre necesaria". Ella, como la propia sociedad, no solo lidia con maquinaria como sensores, motores y computadoras, también con animales, plantas y fenómenos naturales en constante cambio. "Por lo tanto, incluso si tengo una visión específica, rara vez se materializa de inmediato. Más bien, debo aprender a aceptar estos cambios. El egocentrismo no lleva a ninguna parte. Se requiere una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo para llevar una obra a buen término. A menudo, el resultado final adopta una forma diferente a la que había imaginado originalmente. Sin embargo, creo que las enseñanzas obtenidas de este proceso constituyen mi práctica. "En nuestra sociedad nos enfrentamos constantemente a problemas que nunca se resolverán de la noche a la mañana. Creo que esta práctica me está enseñando a desenvolverme en un entorno tan complejo".
- Dónde: Centro Botín, Santander. Cuándo: hasta el 6 de septiembre. Cuánto: 9 euros.