El Banco de España reduce el crecimiento al 2,3% y dispara la posibilidad de inflación casi al 6% por la guerra de Irán
La guerra de Irán afectará de lleno a la economía española, aunque el crecimiento aguantará de momento por el impulso de tracción que lleva desde hace 36 meses. Así lo constata el Banco de España en sus proyecciones macroeconómicas, cuyo crecimiento del PIB lo ha situado en el 2,3% para este año, una décima menos de la que tenía previsto sin el efecto de la tensión geopolítica. Esa décima es el resultado neto de sumar dos décimas por la aceleración de la economía en el cuarto trimestre, de restar cuatro décimas del impacto de la guerra en Irán y de sumar otras tres décimas por el plan de respuesta del Gobierno, que si no se hubiera implementado los efectos negativos habrían descalabrado el crecimiento hasta el 2%.
Además, el supervisor bancario alerta de que la inflación se revisa seis décimas al alza para 2027, hasta el 2,5 %, por los "precios de las materias primas energéticas, por el efecto previsto de la eliminación de las ayudas al transporte público a comienzos del año y por el efecto base asociado al incremento de la fiscalidad energética". La inflación subyacente, por su parte, se situaría en la misma tasa que en 2026, en el 2,7%.
Sin embargo, el Banco de España ha proyectado dos escenarios alternativos, uno adverso en el que se contempla un aumento de los precios del crudo y de la electricidad en las próximas semanas pero de forma transitoria, y otro severo que asume un conflicto bélico más intenso y duradero. En el escenario menos duro, el ritmo de avance del PIB en 2026 y 2027 se reduciría hasta el 2,2% y el 1,5%, mientras que la tasa de inflación alcanzaría el 3,9% en 2026 y el 2% en 2027. Pero en la situación más severa, la previsión de crecimiento bajaría al 1,9% en 2026 y al 1,1% en 2027, mientras que la tasa de inflación general se elevaría hasta el 5,9% en 2026 y el 3,2% en 2027.
El informe valora el impacto de las medidas del Plan para hacer frente a la crisis en Oriente Próximo, que tendrán un efecto macroeconómico "positivo a corto plazo", ya que el plan amortiguará "las fluctuaciones de la inflación asociadas al súbito encarecimiento de los precios energéticos". Esto mitigará su impacto sobre la actividad económica. Ese impacto positivo al que aludía el Banco de España se dejará sentir en la inflación, con abaratamiento "inmediato" de la factura energética de hogares y empresas. "Estas medidas reducen los precios finales de la electricidad y otros suministros, moderando la inflación tanto directamente, a través del componente energético, como indirectamente, al aliviar los costes de producción y contener presiones de segunda vuelta".
El Banco de España también destaca el carácter temporal de las medidas, que, de entrada, se extenderán hasta el 30 de junio, con una cláusula de desactivación si la situación mejora. "Garantiza que las rebajas fiscales se circunscriban al período de mayor incidencia del shock energético", especificó el documento. Pese a esta valoración positiva, el Banco de España echa de menos un diseño "focalizado en los hogares más vulnerables". Esta carencia hace que el programa
"adolezca de limitaciones en términos de su eficacia redistributiva". A juicio del Banco de España, habrían sido necesarias propuestas "más focalizadas y selectivas permitirían alcanzar un grado de protección similar, así como reducir distorsiones en las señales de precios relativos y una mayor focalización en los elementos de la población más afectados".
En sus previsiones, el organismo precisó que las medidas del paquete dirigidas a reducir los impuestos energéticos de manera generalizada tendrán un impacto presupuestario estimado de entorno a un 0,15% del PIB. Por su parte, el impacto presupuestario estimado de las subvenciones, ayudas directas y otras medidas de apoyo sería del 0,14% del PIB.
En los próximos trimestres se seguirá creando empleo, aunque a un ritmo más moderado, del 2,2% en 2026 (frente al 2,7% de 2025), mientras que la productividad por ocupado permanecerá débil y la tasa de paro reduciría su ritmo de mejora con respecto a lo observado en los años precedentes, hasta situarse en el 9,9% en este ejercicio. La senda esperada de déficit público se eleva dos décimas en 2026, al 2,3% del PIB, mientras que el nivel de deuda sobre PIB se revisa a la baja debido al mayor crecimiento del PIB nominal, de forma que bajará al 99,2% del PIB en 2026.