Un Teatro Capitol abarrotado se rinde ante el documental sobre Chipre que señala a la clase política
Pero el momento clave de la noche llegó antes de que se apagaran las luces. En su discurso inicial, Castillo lanzó un mensaje directo sobre el conflicto chipriota, que calificó como un problema enquistado desde hace más de seis décadas y cuya responsabilidad atribuyó sin rodeos a la clase política: “La isla sigue dividida fundamentalmente por la ineptitud de los políticos de un lado y de otro”.
El director defendió la neutralidad del documental —construido a partir de decenas de testimonios de ambas comunidades— y respondió a las críticas recibidas desde ambos lados del conflicto: “Si unos dicen que estamos a favor de los otros y los otros dicen exactamente lo mismo, probablemente significa que hemos hecho un buen trabajo”.
No evitó tampoco referirse a las presiones sufridas durante la producción: amenazas, intentos de manipulación y bloqueos institucionales que, según explicó, no lograron frenar el proyecto y que además ha provocado que él mismo denunciara ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas al Presidente de Chipre, Nikos Christodoulides y a su embajador en España, Michalis Ioannou, por vulnerar, entre otros, la libertad de prensa.
La proyección, de cerca de 90 minutos, se desarrolló en un silencio absoluto en la sala. El desenlace fue una ovación cerrada, con el teatro completamente en pie, en una reacción poco habitual incluso en estrenos de gran formato, que aplaudieron durante varios minutos.
Tras el pase, el ambiente se trasladó al hall del Capitol, donde decenas de asistentes permanecieron conversando con el propio Castillo y con la periodista Marisa Pulido, participante en el documental, en un intercambio que se prolongó durante largo tiempo.
Las reacciones fueron coincidentes: un trabajo incómodo, directo y con vocación de agitar el debate sobre uno de los conflictos más largos y menos visibles del contexto europeo.