De Zaragoza a Nepal: 42 maratones para apoyar la educación y combatir la trata de menores
El zaragozano David Castillejo culmina el 12 de abril su reto solidario de 42 maratones para financiar educación y combatir la trata infantil en Nepal tras más de una década
Seis centros educativos de Zaragoza promueven la solidaridad y la educación para la paz con el alumnado nicaragüense
Hay proyectos que surgen como un reto personal y acaban convirtiéndose en algo colectivo. Esto precisamente ha pasado con la iniciativa impulsada por David Castillejo, que empezó a correr maratones y ha terminado transformándose en un proyecto solidario de largo recorrido que está a punto de cruzar la meta. El próximo 12 de abril, en la maratón de Zaragoza, completará la número 42 de un proyecto con el que ha recaudado fondos para apoyar la educación y la protección de menores en Nepal.
Detrás de este desafío hay una historia que no empieza en una línea de salida, sino en un viaje. Corría el año 2011 cuando Castillejo, junto a sus compañeras Beatriz y Laura, conoció por casualidad a José, responsable de un proyecto solidario en Nepal. “Nos enseñó su trabajo, fue todo muy transparente, y vimos que merecía la pena ayudar”, recuerda.
De esa experiencia nació Subhakamana, una pequeña asociación creada en Zaragoza con el objetivo claro de recaudar fondos para apoyar sobre el terreno a proyectos educativos. Lo que en un principio eran acciones puntuales fue evolucionando con el tiempo hasta encontrar en el deporte un vehículo constante de implicación.
La primera maratón en Nepal no fue solo un desafío físico, sino también una forma de conectar ambas realidades: “Ya desde esa carrera intentamos recaudar algo de dinero”. Con el paso de los años y las carreras acumuladas, la idea fue tomando forma y nació '42 maratones por Nepal'.
El objetivo es completar 42 carreras de 42 kilómetros y vincular cada una de ellas a una donación económica destinada íntegramente a la ONG Educanepal, que trabaja en la zona de Hetauda, al sur del país. “Yo siempre hago un donativo por cada maratón que termino, y luego intento que otras personas, empresas o asociaciones se sumen”, explica.
A diferencia de otros proyectos, aquí no hay intermediarios ni grandes estructuras. Castillejo ha asumido todos los gastos derivados de su participación para garantizar que cada euro recaudado llegue directamente a su destino. “Cuando menos, voy a ser yo quien haga ese donativo”, insiste.
La necesidad de ayudar en Nepal
El compromiso no surge solo de la voluntad de ayudar, sino del conocimiento directo de la realidad sobre la que actúa. A lo largo de estos años ha viajado en varias ocasiones a Nepal, donde ha podido conocer de cerca tanto los proyectos como las condiciones de vida en la zona. Especialmente en áreas próximas a la frontera con India, donde la vulnerabilidad se acentúa.
“Hay niños que terminan trabajando en cantinas o picando piedra, y otros que directamente desaparecen”, relata. La cercanía a la frontera facilita la acción de redes de trata, que captan principalmente a menores y mujeres en situación de riesgo.
Frente a esto, iniciativas como las de Educanepal se centran en la escolarización, la formación de profesorado y la concienciación de las familias como herramientas clave para frenar la explotación.
“Cuando vas allí y ves que las niñas tienen la oportunidad de estudiar, de ir al instituto o incluso a la universidad, te das cuenta de que estás aportando un pequeño cambio”, explica, además de reconocer que “te vuelves con una energía impresionante”.
Pese a todo, en estos más de diez años ha habido obstáculos de todo tipo, como lesiones, problemas físicos, la pandemia o incluso accidentes laborales que obligaron a frenar el ritmo. “He tenido roturas musculares, una fractura… y aun así he ido completando las carreras, aunque haya sido más tarde de lo que pensaba”, cuenta.
No obstante, algo define este proyecto es la constancia. “Es una carrera de fondo, como muchas cosas en la vida. Tienes que ir paso a paso”, resume.
Completar una maratón, insiste, no es algo menor. Aunque la distancia se haya popularizado en los últimos años, sigue siendo un reto físico y mental. “En el kilómetro 15 ya sabes cómo vas a terminar”, explica.
A veces, las sensaciones acompañan, pero otras el cuerpo avisa: “He tenido carreras en las que iba muy bien y, de repente, en el kilómetro 35, he notado que algo no iba bien. En esos casos, lo importante es parar y no arriesgar”.
Esa capacidad de escucha y adaptación ha sido clave para sostener el proyecto durante más de una década. Además, para él, también ha sido fundamental el apoyo de compañeros de entrenamiento, amigos y algunas empresas. “Esto no lo hago solo, aunque sea un proyecto personal”, reconoce.
Más de 2.300 euros recaudados en 1.700 kilómetros
Hoy en día, el balance supera las 41 maratones completadas, más de 1.700 kilómetros recorridos y más de 2.300 euros recaudados. Pero más allá de las cifras, Castillejo insiste en el valor simbólico del proyecto: “Aunque parezca que estás lejos y que no puedes hacer mucho, sí se puede ayudar”.
La última carrera tendrá un significado especial, por lo que Zaragoza no solo será la meta, sino también el punto de origen. “Va a ser muy emocionante terminar en casa, rodeado de la gente que me ha apoyado todos estos años”, anticipa.
No será, sin embargo, un punto final definitivo. “Se acaba este proyecto, pero seguro que vendrán otros”, adelanta, ya que, después de más de una década corriendo por una causa, tiene claro que “el verdadero recorrido no está en los kilómetros acumulados, sino en el impacto que han dejado”.