IA y satélites para proteger los bosques: nuevo "escudo" europeo contra el fuego
Tras un 2025 devastador, en el que los incendios forestales calcinaron más de un millón de hectáreas en la Unión Europea -una superficie superior a la de Chipre-, la Comisión Europea ha presentado este miércoles una nueva estrategia integral para enfrentar esta amenaza creciente. El plan propone un enfoque integrado que rompe con la visión tradicional centrada únicamente en la extinción, apostando por un ciclo completo que incluye la prevención, la preparación, la respuesta y la recuperación.
Como señaló Hadja Lahbib, comisaria de Gestión de Crisis, durante la presentación del plan, la Unión busca adoptar un sistema coordinado que no deje ningún cabo suelto. Esta iniciativa surge ante la evidencia de que el cambio climático y el abandono del medio rural están multiplicando los "megaincendios", incidentes de tal intensidad que resultan imposibles de controlar por los medios convencionales. El pasado año se cerró como la peor temporada desde que hay registros, generando una alarma social inédita: según datos oficiales, la mitad de los ciudadanos europeos temen ya el impacto de este fenómeno. En palabras de la comisaria Lahbib, “Europa tiene una elección: esperar lo mejor o prepararse. Nosotros hemos elegido prepararnos”.
La naturaleza como cortafuegos
La inversión en la salud de los ecosistemas y la gestión del territorio se sitúan en el centro de esta nueva política, bajo la lógica de que los entornos resilientes son la mejor protección. Jessika Roswall, comisaria de Medio Ambiente, subrayó la lógica económica de este enfoque señalando que "al invertir en prevención, restaurar la naturaleza y crear paisajes resistentes al fuego, podemos evitar daños económicos por valor de miles de millones de euros". Para Roswall, la estrategia se basa en una idea sencilla: “Más vale prevenir que curar”, partiendo de la base de que “los ecosistemas bien gestionados son más resistentes a los incendios”.
Para lograrlo, la Comisión impulsará medidas como el pastoreo dirigido, la creación de mosaicos paisajísticos y la restauración de humedales que actúen como cortafuegos naturales. No obstante, para que la protección de la biodiversidad no sea un obstáculo, se ha adoptado una guía sobre la Red Natura 2000 que ofrece flexibilidad a los Estados miembros para actuar ágilmente en emergencias donde salvar vidas sea la prioridad. Así, la normativa busca compatibilizar la seguridad ciudadana con la planificación de medidas que mitiguen el riesgo.
Tecnología y respuesta operativa
Además del refuerzo sobre el terreno, Bruselas potenciará sus capacidades tecnológicas y operativas mediante la ampliación de la flota rescEU con 12 nuevos aviones y 5 helicópteros. A este despliegue se suma la creación de un centro de excelencia y respuesta en Chipre, previamente anunciado por la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, que servirá como núcleo logístico y de formación especializada. Esta sede centralizará la formación de personal especializado de los 27 Estados miembros, buscando que la preparación técnica sea igual de robusta en todo el continente.
Como destacó Lahbib, el componente tecnológico es vital gracias a los satélites Copernicus, que permiten mapear incendios en tiempo real. A esta vigilancia espacial se sumarán herramientas de “modelización asistida por IA” para la toma de decisiones críticas, mientras la Unión monitoriza los “riesgos para la salud a largo plazo” derivados de la toxicidad de las sustancias inhaladas por los bomberos.
Cultura de anticipación
Con todo, el factor humano sigue siendo crítico, ya que se estima que hasta el 96% de los incendios en la UE se deben a la actividad humana, sea por negligencia o intencionalidad. Roxana Minzatu, vicepresidenta de Preparación, destacó que "Europa debe estar lista antes de que empiece el primer incendio. Eso significa construir una verdadera cultura de preparación: dotar a las personas de las capacidades adecuadas y ayudar a las comunidades a comprender los riesgos que afrontan". Minzatu añadió que “los humanos también somos parte de la solución”, insistiendo en la necesidad de “pasar de una cultura de reacción a una cultura de anticipación”. Este enfoque involucrará a la juventud mediante programas educativos y la capacitación del personal docente.
Como concluyó Lahbib, "los incendios forestales no conocen fronteras, y nuestra respuesta tampoco debería conocerlas". Esta estrategia busca así consolidar una respuesta solidaria frente a una crisis que vuelve los incendios frecuentes en regiones que antes no se consideraban de riesgo, como el norte de Europa. Finalmente, Roswall insistió en la importancia de una recuperación resiliente, advirtiendo que “reconstruir no debe recrear riesgos, sino reducirlos”, para evitar daños ambientales y pérdidas económicas crecientes en un continente que ya no puede permitirse mirar hacia otro lado.