Tecnología punta en el spa más «Royal» de Marruecos
En una época en la que imperan los rankings y las comparaciones, el Médi-Spa del Hotel Tamuda Bay, en la ciudad de Tetuán, podría liderar la lista de los centros de cuidados y estética más grandes de toda África. Poco importaría este título si no fuera porque sus instalaciones son de un nivel de belleza y de una clase de lujo sereno que quita el habla al viajero (y valga la redundancia) más viajado.
Enclavado en el norte de Marruecos, la tercera joya hotelera que ha abierto la cadena Royal Mansour en el país vecino es un placer desde que se contempla su imponente lobby enmarcado en pequeñas conchitas marinas. De pronto, a uno le baja el ritmo cardiaco, se respira más lento y la mirada descansa. Y esto no ha hecho más que empezar.
La bienvenida atenta de un personal que supera por mucho en número al máximo de huéspedes se torna en un torrente de atención y cuidados cuando se cruza el umbral del Médi-Spa, de 4.300 metros cuadrados. Esta periodista pudo seguir un programa de longevidad de tres días basado en una mezcla de lo último en ciencia preventiva y métodos ancestrales que incluyeron la cámara de crioterapia (frío extremo), distintos masajes de cara y cuerpo, yoga, una sesión en la sala de sal del Himalaya y consultas con especialistas de primera fila.
Expertos en nutrición, dermatólogos o medicina tradicional china y ayurvédica te acompañan en un camino hacia la regeneración desde un punto de vista integral en el que tan importante es lo que comes como lo que piensas. El concepto del bienestar que aquí se aplica se inspira en la esencia de las «zonas azules», regiones del planeta que destacan por una esperanza y una calidad de vida mucho mayores que la media mundial. El esfuerzo de algunas terapias se ve recompensado un millón de veces por el placer del que se disfruta en la planta baja. El proyecto arquitectónico es descomunal, con celosías y mármoles de ensueño traídos de las mejores canteras del mundo que convierten esta experiencia en algo distinto.
La temperatura del agua es perfecta en las piscinas grandes y en el jacuzzi, igual que son idóneos la luz y el hilo musical de fondo. Todo está pensado y regulado al milímetro para que encaje como un guante en cada momento. Y es que aquí no hay nada que desmerezca el calificativo de elegante. Podría decirse que este es un hotel de texturas: la que pisas en la piscina, el suelo del baño o la arena de la playa, peinada como una novia. También en el tacto del albornoz o en las tonalidades y los acabados de cada pared, de cada suelo, de cada banquito de apoyo, las duchas o el «hammam».
Si el spa es de un gusto extremo, el nivel no decae ni un ápice en el resto del hotel. Está integrado en el paisaje mediterráneo de la bahía de Tamuda de forma que la altura y los materiales terrosos no desentonan en el resto del entorno. A los pies de la piscina infinita, ni las tumbonas de la playa causan disrupción alguna en el horizonte.
Cuando vuelves de darte un baño y ya te han colgado el traje de playa, o han puesto un marcapáginas en el libro que estabas leyendo, o han dejado agua infusionada con menta y limón bajo tu sombrilla piensas que esto, esto sí, es el verdadero lujo tranquilo.
Las bicicletas y boggies repartidos por todo el recinto facilitan que el huésped pueda pasar del spa a la suite (o villa, los más afortunados) y luego a alguno de sus cuatro restaurantes de una manera fluida y hasta alegre. La oferta gastronómica merece otro capítulo, igual que la maravillosa calidez del alojamiento. Pensándolo bien, aquí cada rincón merece una mención especial.
En total hay 55 dependencias disponibles para el visitante, entre suites y villas, de nueve categorías diferentes que van desde 85 metros cuadrados a más de 1.500. Aunque pueda sonar a frase manida, todas tienen encanto y aúnan la comodidad y el estilo con lo último en domótica que tan agradable hace la estancia.
Si, después de todo lo leído, aún quedan ganas de salir de este hotel maravilloso, una visita a la medina de Tetuán para una tarde de compras puede poner la guinda a un pastel que desearías que no se acabara nunca. Y, de alguna forma, no lo hace. Los profesionales del spa harán un seguimiento durante semanas pare constatar que el paso por el Tamuda Bay sigue haciendo efecto el mayor tiempo posible.