"Me utilizaron como un botín de guerra a los tres años"
Alejandrina Barry nació en una cárcel, la dictadura desapareció a sus padres cuando tenía tres años y a ella la usaron como símbolo de su propaganda para justificar el terrorismo de Estado. 50 años después, sigue peleando por justicia, verdad y memoria. "La historia de persecución a mis padres, a mi familia, comenzó antes del golpe de Estado de marzo de 1976. Mi mamá es detenida en el año 74, estando embarazada de mí, y la llevan al Pozo de Banfield, que es un centro clandestino en la zona sur del Gran Buenos Aires, eso demuestra que ya había centros de detención clandestinos previos al golpe y la instalación de la dictadura", cuenta Alejandrina Barry, víctima de esa sangrienta dictadura que desencadenó el golpe del 24 de marzo de 1976, y que ella y muchos en Argentina califican como "cívico militar", porque no solo participaron uniformados golpistas, sino también empresarios, políticos y periodistas que apoyaron la asonada.
A los 13 años supo que sus padres no habían fallecido en un accidente. Y desde entonces empezó a reconstruir su historia y los últimos años de vida de sus padres, que fueron sus primeros años de existencia también. Y lo hizo con retazos de la memoria de otros. Supo, por ejemplo, que ella había nacido en una cárcel, que su madre, Susana Beatriz Mata, era maestra y fundadora del Sindicato Docente de Almirante Brown y que su padre, Alejandro Barry, era estudiante de abogacía cuando los mataron. Ambos eran militantes de la organización peronista Montoneros y la persecución tenaz contra los militantes los obligó a refugiarse en Uruguay, donde finalmente los desaparecieron oficiales de las dos dictaduras.
"No tuvimos acceso a sus cuerpos"
"Mis padres fueron asesinados, es lo que sé, por testigos, pero luego no tuvimos acceso a sus cuerpos. Mataron a mis padres en ese operativo del "Plan Cóndor", en Uruguay, y fueron secuestrados el resto de militantes que se encontraban con ellos y trasladados a la ESMA, el centro clandestino más importante que hubo en este país. Tengo dos tíos que están también desaparecidos", relata.
Supo también por boca de los supervivientes cuáles eran los sueños de sus padres. "Una de las cosas que a mí más me emocionó, luego de conocer los relatos de los amigos de mis padres, de sus compañeros, es que ellos luchaban por cambiar esta sociedad para cada uno de sus hijos. Mis padres luchaban también por mí, por mi futuro", cuenta con voz altiva y agrega: "Qué orgullo, qué importante fue saberlo. yo a partir de conocer la historia de ellos y de esa generación, comencé a militar desde muy joven en los derechos humanos y en la izquierda, yo soy militante del PTS, el Partido de Trabajadores Socialistas".
Alejandrina Barry se volvió querellante en las causas Cóndor y ESMA, reivindicó la lucha colectiva de sus padres y de toda esa generación y afirma que, a casi 50 años del golpe, la pelea por la Memoria, Verdad y Justicia sigue vigente frente a la impunidad de la parte civil. Sostiene que es una pelea del presente porque aún no han logrado enjuiciar a muchos genocidas y tampoco a los civiles que participaron. "Hace unos días empezó el juicio de la masacre de la calle Corro, donde fue asesinada Pity Walsh y otros militantes, 50 años después recién comienzan los juicios. Y también falta que responda toda la pata civil de la dictadura", afirma.
"Los hijos del terror"
Ella fue doblemente víctima de esa dictadura. Mataron a sus padres y además quisieron mancillar su nombre y su memoria. A los tres años y después de haber asesinado a sus padres, la colocaron como centro de una campaña psicológica para justificar el terrorismo de Estado. La dictadura, en complicidad con una editorial, empresarios y periodistas, la puso como portada de las revistas más importantes de la época, como "Gente", "Para tí" y "Somos", con mensajes denigrantes que decían: "Los hijos del terror: Se cree que se llama Alejandra y que tiene 3 años. Su madre dirigente montonera en el Uruguay se suicidó frente a ella cuando iba a ser detenida. Su padre murió en un enfrentamiento. La niña espera que alguien la reclame". Otros titulares decían: "Alejandra está sola". "Esto también es terrorismo". Y en las fotografías se le mostraba a la pequeña Alejandrina en medio de armamento.
"En mi caso, yo fui víctima de una operación de prensa de la ex editorial Atlántida, donde me utilizaban a mí como un botín de guerra en colaboración con los militares para mostrarme a mí en la tapa de las principales revistas de la época, no como víctima de los genocidas, sino como víctima de mis padres, en un operativo como parte del "Plan Cóndor".
Esa causa es un monumento a la impunidad porque no se ha avanzado en nada, ni siquiera en llamar a declarar a los responsables. Y es lo que sucede con toda la pata civil de la dictadura, los medios de comunicación, los empresarios", afirma. Alejandra está convencida de que esa pata civil de la dictadura fue la que tramó el golpe. "La impunidad tiene una vigencia total porque en el golpe militar no fueron los militares sueltos los que decidieron hacerlo, fueron los grandes empresarios, apoyados por Estados Unidos para toda la región, lo que se conoció como el "Plan Cóndor", fueron los grandes empresarios, tanto extranjeros como nacionales, los que idearon, organizaron y planificaron el golpe para derrocar una generación que cuestionaba su poder", afirma.
Los dueños del país
Y Alejandra traslada el escenario de la dictadura a la actualidad y hace una comparación. "Esos mismos civiles, la parte civil de la dictadura, son los mismos dueños del país hoy, que quieren completar la obra que llevó adelante la dictadura", señala. Y menciona, por ejemplo, que la reforma laboral que ahora está implantando Milei era el sueño del golpista Jorge Rafael Videla.
Sobre la negativa de Milei de reconocer el número de víctimas y de condenar el golpe, es categórica: "Es un gobierno abiertamente negacionista, que reivindica el accionar en la última dictadura de los militares genocidas que buscan su impunidad", afirma y agrega que ya están curtidos de ello: "En nuestro país no es la primera vez, durante décadas los supervivientes de la dictadura, los familiares de desaparecidos, las Abuelas de la Plaza de Mayo, tuvimos que luchar contra los pactos de impunidad. En este país hubo leyes como Obediencia Debida, Punto Final, los indultos del propio Menem que impidieron por más de 20 años poder juzgar a los genocidas. Fue gracias a una lucha enorme, colectiva, desde abajo, acompañada por el pueblo argentino, que pudimos lograr anular esas leyes y empezar a enjuiciar a los genocidas, nadie nos regaló nada", dice finalmente esta luchadora sobreviviente de la dictadura que, batallando por la verdad y la memoria, ha logrado que hoy la mayoría de la población argentina repudie que hubo una dictadura, a pesar de sus gobernantes.